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Amsterdam, la ciudad del Cannabis, la bicicleta y el rico queso holandés

Por: Carlos Duclos

amsterdan

Por Carlos Duclos

Una multitud abigarrada, determinada por la presencia de muchos jóvenes, camina entre el frío de Amsterdan o está de pie, haciendo cola, frente a un fast food esperando su turno para comprar un cono de papas con queso. Y un grueso importante de esa abigarrada multitud, que va de un lugar a otro por el centro de la pintoresca ciudad, está sentada fumando marihuana. Claro, porque la marihuana es la otra reina de Holanda, especialmente de Amsterdan. Aquí la ley de despenalización permite llevar a la persona hasta 5 gramos de cannabis para consumo, y aunque en teoría está prohibido fumar en la vía pública, en los hechos el aroma de la marihuana se percibe por todas partes, en particular en muchas de esas calles angostas y medievales, que son tan comunes en Europa. Contrariamente a lo que sucede en otros países europeos, la policía no se ve en las calles, y a nadie se le ocurriría pensar que habrá un operativo policial para determinar si un joven que fuma con otros marihuana en la mesa de un coffee tiene más de lo permitido.

teLos comercios ofrecen al turista desde un chupetín de cannabis, hasta té, sin descuidar, por supuesto, remeras, medias, llaveros y hasta muffins para comer hechos con la hierba. Si la despenalización de la tenencia y consumo de marihuana fue benéfico o no para Holanda y los holandeses, no se sabe, de lo que no hay dudas es de que para muchos es un negocio cautivante y próspero.

Desde luego, no falta el expendio del tradicional y rico queso holandés. Hay de todos los tipos y para todos los gustos, pero según parece la hierba lo ha postergada en el mercado a un segundo plano. Cosas que pasan.

El centro de Amsterdan, a partir de esa multitud conformada más por turistas del mundo y por jóvenes de países europeos que van a disfrutar de la libertad de andar por la vida aspirando el humo de la hierba, está sucio, muy sucio. Restos de comida, papeles, botellas, latas, colillas de cigarrillos, andan tirados por la vereda ayudando a ser la parte oscura de un paisaje urbano con edificios antiguos y bellísimos, iluminados espléndidamente para las fiestas.

bicicletasDesde luego, si la marihuana es la reina de Amsterdan, la bicicleta es la princesa. Aquí muchos, por no decir casi todos, se desplazan en bicicletas que, estacionadas en alguna plaza o lugar apropiado, dan formas a un enjambre de hierros. Como en otros países europeos, por los carriles destinados a las bicis, circulan también las motos (algo que las autoridades rosarinas no parecen haber comprendido como medida necesaria). En Europa hay una trilogía que tiene prioridad en el tránsito: peatón, ciclista, motociclista.

Por supuesto, el transporte urbano en Amsterdam se conforma con trenes eléctricos o tranvías y buses de alta gama, no hay baches en las calles de la ciudad y una persona puede caminar a cualquier hora del día por la calle hablando a través de su celular de alta gama sin temor a que se lo arrebaten ¡¿A quién se le ocurriría?!

“Aquí los sueldos son altos, el sueldo mínimo promedio e inicial para un joven que no pase los 21 años es de 1.300 euros”, dice a quien esto escribe la moza de un bar, y añade: “Mucho más que en España donde vive mi novio. Claro, la vida también es un poquitín más cara”.

Fuera del radio céntrico todo cambia radicalmente: hay limpieza y orden absoluto. Es que más allá del histórico casco céntrico o “centrum”, no hay multitud de turistas fumando cannabis,  tomando cerveza y confundiendo libertad con actitudes que lo arruinan todo. En fin…

amsterdan1En la legendaria ciudad de los Países Bajos, hay varios restaurantes argentinos y no falta la tira de asado. Es que bajo el paraguas de la querida reina Máxima, aquí ha florecido, muy tibiamente y en cierto modo y grado, el “argentinismo”.

Pero claro, Amsterdam no es solamente sus canales, sus pintorescos puentes, su Catedral hoy destinada a una muestra de Marilyn Monroe, ni su Palacio Real dedicado a otros efectos, ni sus bicicletas ni su cannabis, ni sus quesos, Amsterdam es también Van Goh y el testimonio de la humanidad deshumanizada: La Casa de Ana Frank, La Casa de Atrás, asuntos que dan origen a otra nota.

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