“Ser luthier es tener una adicción por la música”

Conclusión visitó el taller de luthería McHiuker, un mundo lleno de sensibilidad, conocimientos ancestrales y trabajo artesanal.

Por Fede Morel

Algunas personas utilizan su capacidad para crear herramientas para otros o para uno mismo. De esa forma, construir una idea y realizarla hasta que se materializa. Algunas de estas creaciones, alegran la vida y dan momentos únicos e irrepetibles.

Conclusión visitó el taller de luthería McHiuker, ubicado en calle Sarmiento 548 en el Complejo de salas La Cueva, donde existe un mundo lleno de sensibilidad y trabajo artesanal. Allí se desempeña su dueño y maestro luthier, Alejandro McHiuker, acompañado de su ayudante luthier Santiago Fabre.

La lutheria es una profesión o una ciencia amplia que abarca múltiples disciplinas relacionadas con la música: su historia, métodos de construcción, mejora y desarrollo de nuevos instrumentos, innovaciones de mecanismos y accesorios que optimicen su rendimiento y resultado sonoro, estudio de materiales para su construcción, entre otras.

Al ser consultado Alejandro sobre qué significa para él ser luthier, nos dijo que “es un oficio como cualquier otro, con la diferencia de que uno tiene una especie de cariño y adicción sobre lo que es la música y trata de ponerle lo mejor y el alma a lo que hace”.

“Ser luthier es ser un apasionado del instrumento, y a diferencia de un mecánico que repara un auto y este comienza a funcionar normalmente, el instrumento tiene una especie de deseo de parte del músico que conlleva un tratamiento especial. A diferencia de un auto, el instrumento tiene un sonido particular y especial que cada músico quiere”, aseguró McHiuker. Esta definición no es poca cosa, ya que la realización de un instrumento a pedido conlleva un extenso esfuerzo y una enorme dedicación para lograr el “producto deseado”.

Alejandro, además de crear los instrumentos, tambien es saxofonista desde muy temprana edad. Actualmente, trabaja en la reconocida banda rosarina Mamita Peyote. Su pasión por la música fue lo que lo llevó a interesarse en la reparación de su herramienta, el saxofón, debido a que no había muchas personas que se dedicaran a arreglar o calibrar este instrumento en la ciudad. En un viaje que realizó al viejo continente, más precisamente a España, conoció a un luthier que le transmitió nuevos conocimientos sobre cómo manipular el saxo y la manera óptima de arreglarlo. A su regreso al país, decidió establecer su taller propio y, con la ayuda continua de su padre, comenzar a dedicarse a la profesión que ama.

Consultado sobre qué instrumento fue el que más le costó realizar, el maestro luthier aseguró que “lo que más lleva trabajo es el instrumento que es propio”, ya que “tratas de hacer algo nuevo e innovar”.

“Fue una fusión, ya que yo vengo de los vientos, del saxo, laburar con bronces, fue hacer una guitarra con las caracteristicas de un instrumento de viento, de bronce, soldada, grabada, con partes de madera, que suene como una guitarra y con un sonido caracteristico. De hecho, hicimos dos guitarras para Ricardo Mollo, bastante innovadoras y no se tercerizo nada, todo lo hicimos acá en el taller”, contó McHiuker.

Una de las cuestiones que surgió durante la entrevista era si este arte que data de la Edad Media en la Vieja Europa estaba desvaneciéndose o perdiendo su continuidad: “De ninguna manera está sucediendo esto, en nuestra ciudad hay muchisimos luthier, muy buenos y muy dedicados, muchisimos que estan arrancando y la idea es meterle hasta que te sale la idea que comenzó en tu cabeza”.

En el taller McHiuker se dictan clases de este maravilloso y sensible arte que conecta el lenguaje musical con la herramienta para desarrollarlo. Cualquier consulta o interés sobre el curso, se puede encontrar información en su pagina de Facebook McHiuker Escuela de Luthería.