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Edison, el genio de la lámpara

Por Rubén Alejandro Fraga

Por Rubén Alejandro Fraga

“El genio es un uno por ciento de inspiración y un 99 por ciento de transpiración”. La cita es del estadounidense Thomas Alva Edison, uno de los inventores más célebres de la historia, de cuyo nacimiento se cumplen este domingo 171 años.

A lo largo de toda su trayectoria logró más de 1.300 patentes, y su desarrollo de la práctica lamparita eléctrica, un sistema generador de electricidad, un aparato para grabar sonidos y un proyector de películas, tuvo profundos efectos en la configuración de la sociedad moderna.

Thomas Alva Edison nació en el seno de una familia pobre de Milan, Ohio, el jueves 11 de febrero de 1847, y fue el menor de siete hijos. Su espíritu curioso e investigador se reveló desde la infancia, a través de las múltiples preguntas que dirigía a sus padres, maestros y amigos.

La vocación de Edison por los experimentos se manifestó a los seis años de manera muy original: observó cómo una gansa empollaba, e intentando hacer lo mismo, fue sorprendido en el gallinero de su casa sentado sobre un montón de huevos.

Parcialmente sordo, no se sabe a ciencia cierta si fue a consecuencia de la escarlatina padecida en la infancia –él decía que fue a causa de que un empleado del ferrocarril lo tomó por las orejas al tratar de subir a un vagón de tren–, Edison tuvo sólo tres meses de educación formal en Port Huron, Michigan, porque su madre lo sacó de la escuela y se encargó de su enseñanza. Pese a ello, Thomas tenía una gran afición por la lectura y enseguida comenzó a realizar diferentes experimentos basándose en lo que leía en los libros de ciencias.

Comenzó a trabajar a los 14 años vendiendo diarios y caramelos en los trenes de la línea Detroit-Port Huron. Poco después compró una pequeña imprenta –que montó en un vagón de equipajes del tren que nunca se utilizaba y que él usó también como laboratorio–, para confeccionar y vender su propio semanario, el Grand Trunk Herald, logrando una tirada de 800 ejemplares.

Autodidacta, mientras se ganaba la vida con estas ocupaciones, estudió mecánica, física y química gracias a los libros que compraba con sus pequeños ahorros. Sin embargo, su labor periodística fue muy breve porque a raíz de un accidente causado por una botella con materia fosfórica, se incendió el vagón y Edison fue arrojado junto con la máquina de imprimir, los tipos y elementos químicos.

Quedo exento del servicio militar a causa de su sordera y, tras salvar de morir a un niño en las vías del tren, el agradecido padre de la criatura le enseñó telegrafía. Así, durante la Guerra Civil de Estados Unidos anduvo errante de ciudad en ciudad como telegrafista.

Mientras trabajaba como operador de telégrafos, realizó su primer invento destacado, un repetidor telegráfico que permitía transmitir mensajes automáticamente a una segunda línea sin que estuviera presente el operador.

Posteriormente concibió un sistema telegráfico automático que hacía posible una mayor rapidez y calidad de transmisión. Pero el máximo logro de Edison en la telegrafía fue el invento de unas máquinas que permitían la transmisión simultánea de diversos mensajes por una línea, lo que aumentó enormemente la utilidad de las líneas telegráficas existentes.

El transmisor telefónico de carbono ideado por Edison fue muy importante para el desarrollo del teléfono, que había sido inventado recientemente por el físico estadounidense Alexander Graham Bell. Edison se trasladó a Boston, donde patentó su primer invento en 1868, para el registro mecánico de votos, con la idea de agilizar los trámites legislativos. Pero no tuvo mucho éxito. En 1869, consiguió un muy buen empleo en Nueva York, tras arreglar una grave avería en un indicador telegráfico que señalaba los precios del oro en la Bolsa. También trabajó en la compañía telegráfica Western Union, aunque poco después se independizó.

En 1875 inventó un aparato para sacar copias impresas de las cartas, llamado mimeógrafo. Y en 1877 llevó a cabo uno de sus más importantes inventos, el fonógrafo, mediante el cual se podía grabar el sonido en un cilindro de papel de estaño. De más está decir lo que significó dicho invento, aunque él se equivocó feo al señalar: “Mi invento del fonógrafo no tiene ningún valor comercial”.

Dos años más tarde exhibió públicamente su bombilla o foco eléctrico incandescente, su logro más importante. Aunque comúnmente se le atribuye a Edison la invención de la lámpara eléctrica incandescente, hoy se sabe que el relojero alemán Heinrich Göbel fabricó lámparas funcionales tres décadas antes. No obstante, este invento fue perfeccionado de manera decisiva por Edison, quien tras muchos intentos y pérdidas superiores a los 50.000 dólares, consiguió finalmente un filamento que alcanzara la incandescencia sin fundirse.

Ese filamento no era de metal, sino de bambú carbonizado. Así el 21 de octubre de 1879, Edison consiguió que su primera bombilla eléctrica, luciera durante 48 horas ininterrumpidas. Según se comenta, el motivo por el que Edison buscó una forma de iluminación continua fue su temor a la oscuridad.

Lo cierto es que ese invento tuvo un éxito extraordinario y, rápidamente, Edison se ocupó del perfeccionamiento de las lamparitas y de las dinamos para generar la corriente eléctrica necesaria.

En 1880 se asoció con el multimillonario John Pierpont Morgan para fundar la compañía General Electric. En 1882 desarrolló e instaló la primera gran central eléctrica del mundo en Nueva York. Sin embargo, más tarde, su uso de la corriente continua se vio desplazado ante el sistema de corriente alterna desarrollado por los inventores estadounidenses Nikola Tesla y George Westinghouse.

En 1876 Edison inventó un sistema de alarma casero contra robo o incendio y de llamada inmediata de auxilio. Ese año se radicó en Menlo Park, Orange, Nueva Jersey, donde construyó un gran laboratorio de experimentación e investigación –que fue convertido en museo en 1955– y desde allí su flujo continuo de inventos lo hizo famoso en todo el mundo.

En el ámbito científico, descubrió el efecto Edison, patentado en 1883, que consistía en el paso de electricidad desde un filamento a una placa metálica dentro de un globo de lámpara incandescente. Aunque, ni él, ni los científicos de su época le dieron importancia, estableció los fundamentos de la válvula de la radio y de la electrónica –el denominado efecto Edison–.

Los aportes de Edison al mundo del cine también fueron muy importantes. En 1888 inventó el kinetoscopio, la primera máquina que producía películas mediante una rápida sucesión de imágenes individuales. Al año siguiente comercializó la película en celuloide de formato 35 milímetros, pero no la pudo patentar porque un tiempo antes George Eastman ya lo había hecho, aunque sí pudo patentar las perforaciones laterales que tiene ese tipo de película. En 1894 los kinetoscopios de Edison llegaron por primera vez a Europa, más concretamente a Francia. Dos años después, en 1896 presentó el vitascopio en Nueva York con la pretensión de reemplazar a los kinetoscopios y acercarse al cinematógrafo inventado en Francia por los hermanos Louis y Auguste Lumière.

Por último, en 1897 Edison comenzó la llamada “guerra de patentes” con los hermanos Lumière respecto al invento de la primera máquina de cine. Trabajador incansable, Edison murió en West Orange, Nueva Jersey, el 18 de octubre de 1931, a la edad de 84 años. En homenaje póstumo fueron apagadas las luces de varias ciudades durante un minuto.

El verdadero padre de la lamparita

El invento de la lámpara incandescente es atribuido habitualmente a Thomas Alva Edison, quien contribuyó a su desarrollo produciendo, el 21 de octubre de 1879, una bombilla práctica y viable, que lució durante 48 horas ininterrumpidas.

Sin embargo, hoy se sabe que Heinrich Göbel, relojero alemán, fabricó lámparas funcionales tres décadas antes. En 1854 Göbel construyó lo que muchos consideran la primera bombilla, introduciendo un filamento de bambú carbonatado dentro de una botella vacía para evitar la oxidación.

Continuó con el desarrollo durante los cinco años siguientes, logrando que funcionara hasta 400 horas. Si bien Göbel no solicitó una patente para su lámpara inmediatamente, lo que permitió a Edison conseguir la suya, en 1893 –el mismo año de su fallecimiento– su invento fue admitido como anterior al de Edison. Además, antes de la lamparita de Edison varios diseños habían sido ya desarrollados en condiciones de laboratorio por otros inventores, entre ellos, Joseph Swan, Henry Woodward, Mathew Evans, James Bowman Lindsay, William Sawyer, y Humphrey Davey.

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