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¿Qué va a hacer Miguel Lifschitz a Estados Unidos?

La comitiva santafesina está compuesta por el gobernador y un elenco de acompañantes seleccionado estratégicamente. Por David Narciso.

 

Por David Narciso

Primero Nueva York, después Washington y de vuelta a casa. Poco más de 72 horas sin descanso y un elenco de acompañantes seleccionado estratégicamente. Todo lo que hay que saber sobre el viaje relámpago del gobernador Miguel Lifschitz a Estados Unidos, el segundo en un mes, se puede sintetizar en tres ejes: inversiones, créditos y reelección.

La comitiva santafesina partió el martes a la noche y regresa el sábado a última hora. La agenda comenzó en Nueva York, horas después del aterrizaje. Se arreglaron reuniones con inversores privados: “Si van a invertir en Argentina, las mejores condiciones están en Santa Fe”. Ése es el mensaje. Apuntarán a inversiones productivas y sondearán el terreno para una segunda colocación de deuda por 500 millones de dólares destinada a obras de infraestructura.

Segundo y tercer día, la comitiva se instalará en Washington. Lifschitz participará de un congreso de líderes hispanoamericanos y luego habrá reuniones en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, con inversores privados y con funcionarios del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (ver más abajo).

El viaje lo organizó la agencia Santa Fe Global, en coordinación con la embajada argentina, los consulados y las siempre presentes consultoras privadas, en la práctica grupos de lobby que se especializan en contactar partes.

Crédito

Horas antes de partir, el gobernador habilitó para tratar en sesiones extraordinarias de la Legislatura una solicitud de endeudamiento por 800 millones de dólares para infraestructura. Ese pedido consta de dos partes. 300 millones para tomar líneas de créditos que los organismos multilaterales destinan a municipios y comunas. Los 500 millones restantes tienen su historia.

En 2016, Lifschitz pidió autorización a la Legislatura para tomar 1.000 millones de dólares en el mercado internacional de capitales. La oposición le habilitó la mitad y, tras negociar obras a realizar en los departamentos, le prometió que si el dinero era bien usado en tiempo y forma, en 2018 aprobaría al resto. El Ministerio de Economía hizo dos emisiones por 250 millones cada una en octubre de 2016 y marzo de 2017, al 6,9 y 7% de interés con plazo a 6 años.

Cualquier toma crédito requiere, además de aval legislativo, autorización nacional, que es el garante final de repago de los compromisos asumidos. Lifschitz estuvo en Nueva York con Macri y otros gobernadores antes de firmar el pacto fiscal. Es posible que entonces se haya llevado un guiño inicial del presidente de que no habrá trabas de la Casa Rosada.

Comitiva

Lifschitz va acompañado por una corte estratégicamente seleccionada: los diputados Julián Galdeano (presidente de la UCR Santa Fe), Federico Angelini (PRO), Luis Rubeo (PJ) y Joaquín Blanco (PS); y los presidentes de las bancadas de senadores del peronismo, Armando Traferri, y del Frente Progresista-UCR Felipe Michlig.

El criterio multipartidario -se explica en la Casa Gris- muestra que lo que Lifschitz va “a vender” a Estados Unidos no es lo que piensa el gobernador sino ideas y oportunidades con respaldo institucional y representatividad política. Cuando allá pregunten por seguridad jurídica, política tributaria y demás condiciones para invertir o prestar, la respuesta de todos tendrá el mismo libreto.

Reforma constitucional

Ese no es el único motivo que delineó el perfil de la comitiva. Una segunda razón es que la componen todos los actores que el gobernador necesita para definir si Santa Fe tendrá o no reforma constitucional en 2018.

La reforma constitucional es el proyecto de fondo de Lifschitz, podría decirse su obsesión. Con distinta intensidad e intereses, los últimos cuatro gobernadores fracasaron en el intento de reformar la Constitución. Para Lifschitz es su proyecto de fondo, casi una obsesión. Tras dos años de buscar por dónde entrarle, parece haber comprendido que si lograra que la Legislatura la convoque, el tema de la reelección es otra película. Una cosa es incluir la reelección y otra es que los constituyentes se la autoricen para él, que juró con una Constitución que no acepta esa posibilidad. El peronismo jamás le daría esa posibilidad a excepción que sea funcional a un esquema de poder que lo incluya, o al menos a una parte.

Hoy por hoy las chances de reforma son bajas, pero Lifschitz nunca terminó de mostrar sus cartas. Si las tiene, quizás las exhiba en Estados Unidos ante los referentes de los partidos que tienen la definición.

Los tiempos son muy cortos. En términos políticos, el plazo para definir la reforma es febrero, porque de habilitarse habría que convocar a elecciones en la primera mitad del año, votar, formar la asamblea constituyente, sesionar y promulgar. Y porque de fracasar el intento la gestión habrá perdido tiempo valioso.

En el oficialismo no todos están convencidos de ir por la reforma. En el socialismo en particular y en el Frente Progresista no van a poner trabas al gobernador. Sin embargo, nadie deja de señalar que es una movida de alto riesgo que podría terminar en un suicidio político.

Ir a elecciones de constituyentes en 2018 es riesgoso en el sentido de que el PRO viene de ganar fuerte en Rosario y la elección de candidatos a diputados nacionales en la provincia. La ola amarilla está muy instalada.

Entre esos riesgos se cuenta que la elección podría terminar siendo el escenario ideal para que Cambiemos instale a José Corral o cualquier candidato a gobernador en 2019; y que si perdiese el oficialismo habrá resignado también el control de la asamblea constituyente y su rumbo.

En la Casa Gris contrarrestan esos argumentos. Aducen que se trata de una elección de carácter provincial, sin incidencia nacional y que “lo natural” es que lista de candidatos a constituyentes la encabece el propio gobernador, que según encuestas propias y privadas concita una aprobación (no es intención de votos) del 55% de los santafesinos.

Cuenta regresiva

Antes de levantar vuelo Lifschitz dejó los deberes hechos. Puso en funciones a los cuatro nuevos ministros y por decreto llamó a extraordinarias con tres temas destacados. Para la vuelta dejó que el Ministerio de Justicia analice las modificaciones que la Legislatura hizo al régimen de sanciones a fiscales y defensores. Los colaboradores del gobernador aseguran que le genera las mismas dudas que estos días se plantearon en la prensa, sobre todo por el contexto de investigación a senadores y funcionarios públicos en que se da, pero que considerará especialmente que tuvo aprobación unánime en ambas cámaras.

Con respecto a la convocatoria a extraordinarias, puso tres temas centrales:  

-Reforma de la ley tributaria: contempla aumentos en el Inmobiliario rural y urbano y modificaciones en el impuesto a los Ingresos Brutos. Con respecto a éste último los cambios no tienen que ver con el pacto fiscal (esos cambios recién impactarán en 2019), sino en adecuarlo al fallo de la Corte Suprema Nacional, que declaró inconstitucional cobrar alícuotas más altas a aquellas empresas que tienen sede en otras provincias, lo que en la jerga tributaria se conoce como el impuesto de extraña jurisdicción o aduanas interiores. El Ministerio de Economía resolvió retocar el impuesto de modo que el Estado provincial no resigne ingresos y que las empresas paguen montos similares a los que pagaban. Cómo no puede discriminar por procedencia, reemplazará ese criterio por el tamaño de facturación. Es verdad que habrá empresas locales importantes que pagarán más con esta modificación, pero eso se compensa con menos impuestos que les cobrarán en otras provincias, por la misma  razón jurídica.

-Ley de educación

-Autorización para tomar deuda

El viaje a Estados Unidos clausura la primera mitad de gobierno y comienza la segunda y última. Según Lifschitz en abril de 2019 la gestión tiene su punto de maduración, ya que comienza el cronograma electoral y es cuando el gobierno tiene que poder mostrarle a la gestión qué hizo y qué no.

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