Rosario sin secretos: hay un Moro en la costa, ¡y toca mejor que nunca!
Siempre decimos que sólo muere lo que se olvida. Por eso vamos a recordar, en el día de su nacimiento, a un rosarino que a muchos argentinos les cambió la vida y el gusto musical.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Ene 24, 2025
Vamos a usar sus iniciales para concentrarnos: O.M.
Cerramos los ojos y agudizamos el oído… Sí, ya sé. No diga más nada. Nos parece adivinar una sardónica sonrisa y la pregunta: ¿si cierro los ojos, cómo sigo leyendo?
Está bien, abramos los ojos, pero no nos desconcentremos: OM… Esa sílaba nos ayudará a entrar en uno de los mantras más sagrados.
Ese sonido, encontrado 3.500 años atrás en el texto más antiguo de la India, considerado como la primera vibración proveniente de la deidad suprema, nos originará una realidad espiritual trascendente para poder situarnos 76 años atrás y así poder estar en el momento del nacimiento del baterista por antonomasia que supo transportar en la cadencia musical que se enredó en las raíces del alma de muchos jóvenes de entonces, y creció con ellos.
¿A quién nos estamos refiriendo? A Oscar Moro, el mejor baterista de la Argentina, según las revistas especializadas en el tema. ¡Rosarino, por añadidura!
Los Gatos, Pastoral, Serú Girán, Color Humano, La Máquina de Hacer Pájaros, Riff, Billy Bond y la Pesada del Rock And Roll. ¿Les suenan? Si tiene más de 50 seguro que sí, y mucho. Si no, debiera empezar a sonarle, porque estamos hablando del nacimiento de la Trova Rosarina cuando empezó a “calar” profundo en el gusto musical y a escribirse las primeras páginas en los pentagramas del Rock Nacional en Argentina.
Oscar Moro, el mismo adolescente que a comienzos de los ’60 usaba ollas para hacer percusión cuando toda la música vibraba en su alma, y llegó a ser, por antonomasia, el nombre que nuclea a los bateristas. Tanto es así que cada 11 de julio, fecha en que acaeció su temprana muerte en 2006, se conmemora el Día del Baterista en Argentina.
¡Qué extraña y consuetudinaria costumbre ésta, la nuestra, de recordar a los grandes cuando ya no están! Los psicólogos dirían que es propio de una personalidad necrofílica. ¿No sería hora de empezar a estudiar por qué? ¿Y empezar a celebrar, por ejemplo, el 27 de febrero como Día de la Bandera que es cuando nació acá, en el Rosario, y no cuando murió su creador? ¿Y el Día del Baterista en este país, los 24 de enero, si el deseo es recordar a un grande como Oscar Moro?
Pero volvamos al músico de alto vuelo que hoy recordamos. ¿Por qué decimos “de alto vuelo”? Para recordar su primera banda cuando apenas tenía 13 años: Los Halcones, con Kay Galifi como guitarrista, Di Doménico al piano y Alberto Walter Martínez en el bajo. Eligieron como nombre para el grupo el de un ave con un hermoso significado: protección y guía espiritual.
¿Qué habrá sentido cuando el “Hombre de los Mil Pulóveres”, Johnny Tedesco, los convocó para que lo acompañaran? ¿O luego, con su compañero de la escuela, Félix Francisco Nebbia, más conocido como Lito, y con Ciro Fogliata y Alfredo Toth se sumaran para probar suerte y pasaran sus horas entre la pensión y el club under La Cueva, en Buenos Aires, hasta convertirse en Los Gatos.
Sin dudas que la batería iba marcando surcos indelebles en ese camino que lo consagró hasta hacerlo único y reconocido por sus propios pares como el mejor.
En el 2016 y el 2023 los bateros se reunieron en una inolvidable zapada que esperamos se repita, libre y gratuitamente, este año del Tricentenario, en algún lugar emblemático de nuestra amada ciudad.
Está científicamente comprobando que escuchar música, cantar, bailar, sonreír y hacer todo aquello que se traduzca en gozo para el alma, ayuda a liberar endorfinas, circunstancia que refuerza el sistema inmunológico y aleja microbios, gérmenes, bacterias y virus que puedan minar nuestra salud.
Así que, para tener un feliz y saludable fin de semana, a disfrutar de los sentidos y escuchar la música que más nos guste. Hoy le compartimos algo de producción genuinamente rosarina.



