SáBADO, 18 DE JUL.

Rosario Sin Secretos: el sucesor de Gardel fue un rosarino huérfano

“Le mató el punto” a Ignacio Corsini, Charlo, Alberto Vila, Alberto Gómez y Oscar Alonso, y hasta al mismísimo Agustín Magaldi que llegó a cosechar el segundo lugar con 26.233 votos, gracias a los 39.473 que eligieron al rosarino Héctor Palacios como sucesor de Carlos Gardel.

 

Siempre se habla de la Trova Rosarina como la prueba más evidente de los talentos musicales que nacieron en esta ciudad y debieron emigrar para hacerse famosos. Pero nuestro terruño nos tiene acostumbrados a sorpresas como las del inigualable Héctor o Hectorcito Palacios.

Fue en 1937, el mismo año en el que lo contrató el sello Odeón, para el que registró varios temas, entre ellos el inolvidable “Remembranzas” de Melfi y Batistella, cuando el diario La República organizó un plebiscito para investigar y descubrir a quién consideraba el público tanguero el sucesor de Carlos Gardel. Ganó, como se dice en la jerga burrera, “por varios cuerpos”, este rosarino que perdió a su madre a los 10 años y, desde siempre, fue un entonadísimo cantor popular.

Se llamó Héctor Eloy Eguía Palacios y este cantor, autor y compositor, nació un día como hoy, hace 116 años. Siempre decimos, sólo muere lo que se olvida, por eso desde esta columna lo traemos a la memoria colectiva.

Era un niño pequeñito cuando empezó a cantar, auspiciado por varios músicos de su familia e incluso su padre, Pedro Manuel Eguía, quien alentaba sus aptitudes artísticas especialmente, al punto de entusiasmarlo para que debute a los 11 años en el recreo y varieté Royal Park, ese ámbito de entretenimiento por antonomasia de avenida Alberdi y French que se autodefinía como “un gran parque de diversiones populares”. Allí, todos los hombres debían ir de riguroso saco y corbata y “nada de muchachones o de pobrerío”, como nos recuerda el arquitecto Gustavo Fernetti en el Museo Virtual Itinerante del Barrio de la Refinería.

Allí Hectorcito debutó en la obra de teatro “Cuando un pobre se divierte”, de Alberto Vacarezza, con la compañía del primer actor Eduardo Ricart.

Y también lo hizo en LT3 Radio Sociedad Rural de Cerealistas cantando tan lindo que muchos llegaron a decir que no era un niño, que se trataba ¡de un enano!

Encima para mejor, Hectorcito se acompañaba de su guitarra, y con 11 años compuso, con letra de su papá, el tango “El Negro Flores”, tema con que se presentó en el Royal Park, y ya no paró más de producir: en colaboración con Collia, el vals “¿Qué tienen tus ojos?”; con Máximo Orsi, “Viejo portón”; con Manuel Sabino, “Hacé bullín”; con Iván Diez, “Ya sé que siguen hablando”, con Andrés Rubio “Se fue Gardel”; con Nolo Gildo y S. Begue, “En nombre de Dios”; con Amleto Villa “D’Arienzo, vos sos el Rey”, “Sabés por qué?”, “Sangre del Suburbio” y “A mi madrecita” (esta última con su letra y su música en homenaje a su madre Amalia Palacios que falleció cuando él apenas había cumplido los 10 años y que acompañamos al pie de esta nota.

Era un adolescente de 14 años Palacios cuando ya viajaba como “telonero” de Agustín Magaldi, por los pueblos del interior de Santa Fe, sustentándose con rifas que hacían antes de cada actuación. Algo así como nuestros actuales artistas “a la gorra”. Se los anunciaba como “el tenor melodista Agustín Magaldi” y “el precoz guitarrista y cantor Héctor Eguía Palacios, Hectorcito”.

Pero, como algunos dicen, Dios está en todas partes pero atiende su oficina en Buenos Aires, así que recién en 1930, cuando accedió a las radiodifusoras nacionales, recibió el mayor reconocimiento artístico.

Y así fue desandando un camino entre las más grandes luminarias, cuando las broadcasting compartían la vida en los hogares de cada habitante del país.

Tanto en Buenos Aires como en Montevideo, lo conocieron y disfrutaron a este destacado rosarino en primero Brusa, luego Excelsior; LR7 Radio Buenos Aires, LR5, Fénix, LPG Radio Casa América, LS6 Radio del Pueblo, LS2 Radio Prieto y LS8 Radio Stentor.

Actuaciones en el Teatro París y en 1933, junto a más de 30 primeras figuras de la música y el teatro, incluyendo el Zorzal Criollo, Carlos Gardel, actuó en un festival artístico en el teatro San Martín con una transmisión extraordinaria en cadena por cuatro radios al unísono. Fue a beneficio de Raúl Riganti y Antonio Gaudino, para costear su viaje y estadía para que participen de las 500 Millas de Indianápolis. ¡La solidaridad al palo entre el arte y el deporte!

Una gira por dos meses prevista para comienzos de los años ’50, se extiende por dos años debido al rutilante éxito obtenido gracias a su magnífica voz de tenor con un vibrato natural y único.

Cuando en 1954 se hizo ley la obligatoriedad de incluir artistas de variedades para que actuaran en vivo en las salas cinematográficas de más de 800 butacas, la denominada “número vivo”, encontró a Palacios como un importante defensor de la fuente de trabajo del gremio.

A principios de 1955 RCA Víctor le grabó la milonga “Muchas gracias, mendocino”, en homenaje al primer argentino campeón mundial de boxeo, categoría Mosca, Pascualito Pérez; el tango “Yo protesto”, la canción “Pájaro Chogüí” y una nueva versión de su viejo éxito, “Remembranzas”.

Pronto Argentina le quedó chica y vino la gira por toda América Latina, siendo aplaudido calurosamente en cada una de sus presentaciones, tanto en vivo, como en la televisión.

Pero no termina allí su historia. Consolidado plenamente en la radio, entre otras en las memorables audiciones con locución de Jaime Font Saravia, bajo los auspicios de Waterman Hats, se abre para él el mundo de la cinematografía. “El Casamiento de Chichilo”, en 1938, bajo la dirección de Isidoro Novarro, le permite su debut y luego fue la primera figura en dos filmes de Julio Irigoyen: “El Cantor de Buenos Aires” (que luego sería su definición, a pesar de haber nacido en Rosario) y “El cantar de mis penas”.

Se le sumarían nuevos papeles dentro de la producción de las películas “Un muchacho de Buenos Aires”, “El alma en un tango” y “A la Habana me voy”.

También en México participó de películas, entre las que estaba “Se acabaron las mujeres”, junto a Vicente Padula, con dirección de Ramón Peón. En este filme, Héctor Palacios aparece vistiendo un frac que había pertenecido a Gardel. ¡Pavada de privilegio tuvo el rosarino!
Su última aparición en cine fue en 1957 en “¡Bendita seas!”, dirigido por Luis Mottura.

El rosarino murió en la ciudad de Buenos Aires. Dicen, quienes lo conocieron de cerca, algo que recogieron quienes escribieron sobre él: hasta sus últimos días mantuvo una costumbre que tenía desde pequeño: criaba pájaros, pero sin jaula. Tenía la gran habilidad de educarlos, y a la vez la grandeza de mantenerlos libres.

Tal vez, un espejo de su propia vida de cantor. Aplausos de pie para este rosarino en el aniversario de su nacimiento.

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