Rosario Sin Secretos: una fiesta para celebrar ¡en rojo y negro!
Los colores futbolísticos de la ciudad tienen una primacía que nos identifica: rojo y negro, y azul y amarillo. Sin dudas que Newell's y Central forman parte de la pasión deportiva rosarina y queremos honrarla con el recuerdo. En este caso, el primer “leproso” que tuvo la ciudad.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Abr 24, 2025
Adoramos ir a los orígenes. Por eso recordamos que un día como hoy, 172 años atrás, llegaba al mundo el germen de uno de los dos clubes deportivos más emblemáticos de la ciudad: Isaac Newell, fruto de la unión entre Joseph Savage Newell y Mary Ann Goodger.
Apenas 16 años tenía el grumete que llegó desde la pequeña Strood, en el distrito de Taylor’s Lane, condado de Kent, Inglaterra, con una nota de recomendación de su padre en la mano, a golpear la puerta de la mansión de mister William Wheelwright para solicitar trabajo.
¿Dónde era esto? En el mismo lugar en el que funcionó por años el Colegio Nacional Nº 2 y hoy ocupa la Escuela Provincial de Enseñanza Media Nº 431 “José de San Martín”, Entre Ríos 145. (Foto de portada). Y también el EEMPA Nº 1255 “Presidente Frondizi”. Claro que ahora con las mejoras edilicias que introdujo en su momento el ingeniero Manuel Sallovitz, uno de los fundadores del Centro de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores Titulares, como se llamó originalmente el Centro de Ingenieros de Rosario, en 1918. Aquí, una foto del archivo de la Escuela Superior de Museología.

Con la hospitalidad del norteamericano y un idioma en común, consigue un puesto de aprendiz de telegrafista en las oficinas del flamante Ferrocarril Central Argentino y se inscribe como alumno del Colegio Nocturno dirigido por el reverendo metodista Thomas Wood, que funcionaba al lado de la Iglesia Metodista.
Culminado su aprendizaje trabaja en el Ferrocarril, luego en la inspección general del Telégrafo Trasandino, en Villa María, provincia de Córdoba, para finalmente ser nombrado jefe de Telégrafos en San Luis.
Al tiempo que muere su protector, regresa al Rosario y en el Colegio del reverendo Wood, conoce a la alemana Anna Margarita Jockinsen, de quien se enamora y con quien se casa cuando le faltaban un poco más de cuatro meses para cumplir sus 24 años. Ella tenía 18 años.
Hace un par de años, las mujeres ñulistas reunidas en la Peña Anna Margarita, lograron que se aprobara la ordenanza Nº 10.406 presentada por Nadia Amalevi, María Luz Ferradas, Ariel Cozzoni, Verónica Irizar, Susana Rueda y María Eugenia Schmuck, que permitió inaugurar una nueva postal turística en la rotonda de Oroño (otrora bulevar Santafesino) y su intersección con calle Intendente Morcillo, con su imagen delineada y el lema “con la educación como bandera y la pasión como legado”.
En un par de años, tanto Isaac como Ana Margarita se reciben de profesores de inglés, pasando él a hacerse cargo hasta fines de 1883 del Colegio Anglicano, anexo a la iglesia San Bartolomé de Paraguay y Urquiza (la esquina donde la mafia secuestró al hijo del dueño de la Yerbatera, el suizo Julio Ulises Martin, y que dio origen a que su madre Ángela Enriqueta Joostens, prometiera -y cumpliera- la donación de una maternidad, la que hoy lleva su nombre).

Decidido a fundar su propio Colegio, vuelve a la residencia que lo hospedó a su ingreso a nuestro país y alquila el lugar para su posterior compra, con el primer crédito acordado por el Banco de la Provincia.
Allí imparte, con un grupo de docentes, entre ellas las señoritas Clemencia y Emilia Saint Girons, la escuela elemental para varones, e instala un secundario en lo que ha dado en llamar Colegio Comercial Anglo Argentino, en el que incluía la higiene personal, la religión, las tertulias y la vida al aire libre.
No en vano había traído consigo desde Inglaterra, la primera pelota de cuero y el primer reglamento oficial de fútbol (redactado por la International Board de Londres en 1882).
Así, los domingos, se los podía ver a “los Muchachos de Newell” que luego pasaron a ser los Newell’s Old Boys, “Los Viejos Muchachos de Newell”, cruzar la ciudad en tranvía a caballo hasta Arroyito para medirse con los jóvenes trabajadores del Ferrocarril Central Argentino, quienes también iban al Colegio para practicar el “foot ball” en los amplios terrenos disponibles en Entre Ríos al 100, que también funcionó como el primer internado laico que tuvo la ciudad.
Los estudiantes llevaban su escudo distintivo en las solapas de sus trajes, dividido en cuatro: arriba, a la izquierda, sobre negro, las alas de Mercurio que simbolizan el Comercio, y a la derecha, sobre rojo, la Lámpara de la Sabiduría del Estudio; abajo, a la izquierda, la bandera inglesa, y a la derecha, la argentina.
Los colores del escudo luego se perpetuaron en la camiseta del equipo del Parque de la Independencia, a pedido del propio Isaac, para honrar ¡justamente! los orígenes: el rojo de la bandera de Inglaterra y el negro de la bandera de la patria del amor de su vida, Ana Margarita, con quien tuvo a Claudio Lorenzo.
Luego vendrían Norah Lucy (1881), Lilian Adela (1882), Mildred Ellen (1884), Lionel Walter (1886) y Margarte María Louisa (1894), todos nuevos rosarinos.
A los 46 años queda viudo. Sumido en una profunda tristeza (sólo sobrevivirá ocho años más), sintiéndose morir, pide un último deseo: escuchar la música del violín del maestro de música del colegio, Ernesto Benítez.
Al fallecer Isaac, el Colegio queda en manos de su hijo primogénito Claudio, quien lo dirige y también preside el Club.
Graduado de abogado a los 27 años, Claudio Newell se convierte en intendente de Rosario durante tres meses, actuando como secretario su colega Rafael Bielsa, el abuelo de Rafael, Marcelo y María Eugenia, y luego es diputado nacional por Santa Fe, desde 1924 hasta 1928.
Este último año deja la dirección del Colegio y vende el edificio a la Nación para que se instale el Nacional Nº 2, establecimiento que, previo a algunas reformas, comienza allí su vida institucional el 7 de julio de 1939 hasta 1993 cuando la Ley Federal de Educación lo transfiere a la provincia de Santa Fe y pasa a denominarse Escuela de Enseñanza Media Nº 431.
Por fortuna, en el traslado, no perdió el honroso nombre que le fuera otorgado: “General José Francisco de San Martín”.
El mismo pro hombre que dijera acerca de la Educación: “Sin educación, no hay sociedad; los hombres que carecen de ella pueden muy bien vivir reunidos, pero sin conocer la extensión de los deberes y derechos que los ligan, en cuya reciprocidad consiste su bienestar. La perfección de aquella obra es lenta por su naturaleza: ella depende del tiempo, de la perseverancia, del sistema de gobierno, y de otras circunstancias físicas y morales que es preciso se cambien, para que la educación de un pueblo sirva de apoyo a las instituciones que se le den”.


