Rosario Sin Secretos: las moras de Tuella nos hubieran hecho producir toneladas de seda
Vamos por la cuarta entrega de la “Relación Histórica del Pueblo y Jurisdicción del Rosario de los Arroyos”, escrita por Pedro Tuella en 1801 y publicada en 1802 en el primer periódico porteño creado a instancias de Manuel Belgrano: El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- May 12, 2025
Aunque nacido en Naval, Huesca, España, a este aragonés, Pedro Tuella, bien lo debemos considerar propio y patrimonio histórico autóctono.
No sólo por haber sido el único suscriptor del periódico dirigido por Francisco Cabello y Mesa y el primer historiógrafo de nuestro terruño, sino por haber tenido, junto a su esposa, Ana Nicolasa Costey, la feliz idea de adoptar a la pequeña huérfana de dos años, hija de sus amigos y coterráneos, Catalina Echevarría, la dama a quien Belgrano eligió como responsable de la hechura de la Bandera argentina nacida en nuestra Cuna.
Ya nos hemos ocupado de su personalidad en otros Rosario Sin Secreto, y deseamos seguir transmitiendo sus palabras en dos últimas entregas, para placer de quienes queremos nuestro terruño. No se ama lo que no se conoce, ¿verdad?
Es apasionante descubrir, entre muchas “novedades” de más de 220 años atrás, que podríamos haber sido casi un occidente “oriental” con la producción de seda. ¿Habríamos podido exportar kimonos o camisas de esa fina tela (que importábamos de las grandes tiendas italianas y francesas), desde Rosario? ¡Qui lo sá!
Mejor, vamos al texto:
“Al pie de la barranca hay varias praderas que nunca las cubre el agua de las crecientes. En ellas siempre hay verdor, porque siempre tienen humedad, y los vapores del río las defienden de las heladas.
“Lo mismo sucede en los campos que hay en las islas, que quedan libres de las crecientes, y si en estas tierras se sembrase cáñamo y lino, me parece que no se habría de malograr el trabajo.
“Más digo, me parece que si en ellas se plantasen morales para alimento de los gusanos que crían la seda, habrían de prevalecer mejor que en parte alguna de esta provincia: la razón es, porque el temperamento de estas praderas y campos de las islas, es templado, y se asemeja más que a otro al de Valencia y Murcia.
“En las veinte leguas cuadradas que hasta el presente están pobladas de estancias en esta jurisdicción, como queda dicho, se hallan un río y siete arroyos que todos entran al Paraná en dirección de Sud oeste a Norte.
“La distancia de los unos a los otros es esta: desde el río que es el Cará cará añá (Nota de Redacción: Carancho diablo, traducción indígena de Carcarañá), y siguiendo la corriente del Paraná, a las cuatro leguas se halla el arroyo llamado San Lorenzo, y aquí está el colegio de los padres misioneros; después, a tres leguas se sigue el arroyo de Salinas (N.R. hoy el Ludueña), que tiene buen puerto para las embarcaciones del Paraná; síguese el Saladillo a distancia de dos leguas en cuya inmediación está la capilla del Rosario; pasado el Saladillo, a una legua el arroyo de Frías (N.R. zona de Pueblo Esther donde el año pasado se encontraron restos paleontológicos); dos leguas más allá el Arroyo Seco, pasado este, a las cuatro leguas, el arroyo Pavón, y otras cuatro desde Pavón al Arroyo del Medio que divide la jurisdicción de Santa Fe con la de Buenos Aires.
“Estos arroyos, a quienes inapropiadamente se ha dado el nombre de arroyos, no son otra cosa que unos barrancones que han formado el desagüe de los campos cuando llueve, de manera que entre tantos arroyos se mueren de sed estos campos; pues no hay más aguas en ellos donde poder abrevar los ganados que la que se recoge en algunas lagunas, o más bien, charcos, que dejando de llover un mes se secan lagunas y arroyos.
“En casi todos los veranos se padece seca en este país, y por esto los labradores chacareros que son los que siembran maíz, zapallos, melones y sandías, se temen sembrar por Octubre, que es el tiempo más oportuno para estas siembras, por no exponerlas antes que los frutos sazonen, a la seca de Enero, que la tienen por infalible todos los años.
“Pero la mayor calamidad está en las derrotas que padecen las haciendas del campo, sedientas en busca de agua.
“Al Paraná es donde se abocan, y también centenares del avestruces y venados que vienen ciegos de sed de adentro de las pampas. En siendo grandes estas secas, hay mucha mortandad de ganados por las flacuras que padecen, que como están sujetas a rodeo, no se les da licencia de ir en busca de agua sino a extrema necesidad.
“Cuando han vuelto a coger agua los campos, como los ganados se han revuelto de un rodeo con los otros, no atinan con sus querencias; y aquí es cuando los estancieros tienen un trabajo inmenso en recogerlos, en que siempre tienen pérdidas porque los ladrones cuatreros se aprovechan de estas ocasiones para hacer sus tiros”.
(Continuará)



