Rosario Sin Secretos: una Santa valiente y perseverante, “echa” raíz y símbolo en el Rosario
Puntos de coincidencia o de Providencia entre la primera Santa Argentina, Mama Antula, y el origen de nuestro Tricentenario de 336 años.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- May 26, 2025
Poco tiempo pudo disfrutar don Luis Romero de Pineda del generoso regalo de la corona española que había recibido en 1689, puesto que falleció seis años después. Encima su apellido, de antigua raigambre en la ciudad de Santa Fe, se perdió -en descendencia directa- por haber procreado, con Antonia Álvarez de la Vega, dos hijas mujeres.
Cuando el vasco Francisco Godoi llegó con su familia y un grupo de indios calchaquíes para asentar sus reales en este terruño, allá por 1725, año en que se designó a Francisco de Frías como alcalde de la Santa Hermandad, faltaban aún cinco años para que otro vasco, Bruno Mauricio de Zabala Cortázar Churruca y Estarte, gobernador del Río de la Plata, creara el Curato de la Capilla del Rosario del Pago de los Arroyos, embrión y matriz de nuestra ciudad.
Efectivamente. Fue en 1730 cuando este militar español, conocido por haber fundado Montevideo, en el Uruguay, decide la suerte de la creciente feligresía del Rosario y le da un ámbito real donde pudiesen alimentar su fe católica, nombrando como cura párroco a Ambrosio de Alzugaray, un descendiente directo de aquel Romero de Pineda, “ilustre capitán de caballos, noble y casado con una noble, hijo, nieto y bisnieto de los primeros conquistadores y pobladores de las tierras de los Buenos Ayres».
Cualquiera diría “nepotismo al palo”, costumbre bastante común desde hace siglos y difícil, pero no imposible, de modificar. ¡Con la gimnasia democrática y el ejercicio ciudadano, ya llegará el día que se tenga en cuenta la excelencia del trabajo y las verdaderas condiciones de cada quien, para lograr el ascenso social y político!
Y ya que estamos en 1730, viene justo para recordar que ese mismo año nace en Santiago del Estero, más precisamente en Silípica, cuando aún ese territorio era jurisdicción de la provincia de Tucumán, una mujer que “se puso la camiseta”, en realidad, se calzó el hábito de los jesuitas expulsados del Río de la Plata, y empezó a predicar la Palabra, descalza, o con precarias sandalias, a lomo de mula, en la época en la que éramos Virreinato del Perú.
Es preciso trasladarnos en el tiempo y el espacio para dimensionar la situación que vivían en aquella época las mujeres. Tenían dos únicos destinos: o se casaban o se hacían monjas.
Esta valerosa mujer, María Antonia de San José de Paz y Figueroa, procedía de una familia de alcurnia y alto poderío económico. Aun así, igual que Francisco de Asís (que en realidad se llamaba Giovanni pero todo el mundo lo conocía como Francisco porque disfrutaba más de la lengua francesa que de la propia, italiana), poseía un apellido ilustrísimo de una noble familia y a la hora de decidir, no dudó un instante en tomar la posta de la enseñanza evangélica, para seguir predicando la Palabra y los ejercicios espirituales que inspiraba San Ignacio de Loyola.
Empoderada de su tiempo, no se casó ni tomó los hábitos. Se consagró como laica y desandó la santidad acercándose, especialmente, a los más desposeídos y vulnerables, a lo largo de miles de kilómetros recorridos que la llevaron a los Buenos Ayres de la revolución.
Muchos la consideraban loca y hasta le arrojaron piedras por su “osadía”, tanto fue así que debió pedir auxilio y refugio en la iglesia de La Piedad y allí selló su destino hasta llegar a ser nombrada Santa por el Papa Francisco en 2024 y considerada “Madre Espiritual de la Patria”.
¿Cómo no serlo si siempre promovió los principios de igualdad y fraternidad en una tarea social y evangelizadora que no conocía desmayos?
En la época en la que los españoles disponían de un templo en exclusividad, y los indios, mulatos, criollos, negros y mestizos, de otro, ella, Mama Antula como la llamaba cariñosamente el pueblo, siempre bregó por igualarlos en la firme convicción que “todos somos uno e iguales”, y que Dios no hace distingos de status, color de piel o condición. Sus concurridos Retiros Espirituales se desarrollaban en medio de una comunidad virreinal, sectaria a la enésima potencia.
¿A quién se le ocurriría mezclar las clases sociales? A la primera Santa Argentina de la que tanto abrevó su mejor discípulo: el cura cordobés José Gabriel del Rosario Brochero, a quien algunos citan como el primer Santo argentino, olvidándose del porteño lasallano Héctor Valdivielso Sáenz, que murió a los 24 años.
Pero ahora estamos con el “estilo revolucionario” de Mama Antula: Esclavos, religiosos, virreyes, nobles, indios, criollos, gauchos, comerciantes, patricios; mujeres y varones. Todos juntos realizaban los Ejercicios Espirituales en la Santa Casa, a la que iban, entre otros, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Miguel de Azcuénaga…
Una verdadera vanguardista espiritual en los albores de la Patria. Y cómo si esto fuera poco, la Providencia se encargó de poner su firma…
Muerta en 1799, se había perdido todo rastro suyo. Dándonos idea de su humildad, a su pedido fue sepultada en tierra, sin ataúd, cruz ni lápida identificatoria.
Sus restos fueron descubiertos 68 años después, recién en 1867 -el mismo año que en el Rosario se lanzaba el ejemplar Nº 1 Año 1 del diario La Capital, de Eudoro Carrasco y Ovidio Lagos, los tipógrafos compañeros y amigos que se habían iniciado en la imprenta oficial del napolitano Pedro De Angelis, en Buenos Aires.
¿Y cuándo sucedió el descubrimiento de su cuerpo? ¡Un 25 de mayo!
¿Dónde? En el camposanto de la antigua iglesia de La Piedad en la que había sido enterrada.
Hacía varios días que los obreros rastrillaban el lugar sin poder hallarla. Hasta que apareció una niña vestida de blanco, que indicó el lugar exacto. Excavaron y, efectivamente allí estaba. Cuando salieron a buscar a la pequeña para agradecerle, ya no la pudieron encontrar. Misteriosamente, ¡había desaparecido!
¿Casualidad?, ¿milagro?, ¿causalidad? ¡Qui lo sá!
¿Cuáles fueron los detalles que permitieron corroborar que era ella? Tenía entre sus manos, un rosario de madera con una cruz de olivo de Jerusalén, y su cabeza estaba apoyada sobre un tronco de ñandubay, un árbol de nuestra tierra que no se corrompe con el tiempo…
¿Cómo no iba a ser considerada Madre Espiritual de la Patria si nuestros próceres forjaron su temple comprometido y carácter cristiano asistiendo a sus retiros?
Otra de las virtudes que la caracterizaba, y en esto se parece a la mismísima personalidad resiliente de esta ciudad, a pesar de las permanentes adversidades sufridas a lo largo de su vida, jamás perdía la fuerza de la espiritualidad y la alegría. Y la manifestaba de mil formas, entre ellas, solía repartir chocolate caliente.
Igual que se hace cada 25 de mayo en su tierra natal, con mesa y misa compartida, este domingo pasado, durante las horas de la tarde, en la Plaza 25 de Mayo, a los pies de Manuel Belgrano y José de San Martín, con la imagen de la Patria de un lado y el mástil con la Bandera argentina del otro, grandes y chicos vivieron emotivos momentos de espiritualidad.
Se confeccionó un gran rosario blanco y celeste y todos los presentes, tras consumir el sabroso y oportuno chocolate, escribieron peticiones e intenciones para ser presentadas en la misa como ofrenda de fe.
El encuentro para honrar a la Patria y la memoria de Mama Antula, organizado por la Comisión Rosario por la Paz, bajo una misma Bandera, fue acompañado por el Distrito Centro, en el corazón del casco histórico, en coincidencia con otras dos importantes efemérides locales.
Una, la que recuerda a 1843 con la inauguración, bendición y consagración al culto del segundo templo realizado por Timoteo Guillón, que tan bellamente eternizó en el arte otra vanguardista mujer, Leonie Mathis, y otra, el centenario de la inauguración y bendición del Camarín de la Virgen del Santísimo Rosario, que atesora y custodia la misma imagen que vio Belgrano con sus propios ojos.
La identificación como pueblo argentino tiene dos fuertes anclajes femeninos. Uno espiritual, en la figura de la Virgen de Luján, Patrona de la Argentina, y el otro real, con Mama Antula.
Una aparecida en 1630 y la otra nacida en 1730, igual que el Curato de la Capilla del Rosario del Pago de los Arroyos. Y así como la Virgen de Luján “decidió” quedarse en tierra bonaerense, en la zona de Zelaya, la del Rosario también “eligió” su destino y fundó la ciudad, pues alrededor de la humilde primera capilla de adobe y paja, se fue gestando el villorio.
Pionera de la Pastoral Social, siempre se ocupó de la dignidad de los excluidos del sistema, adelantándose a la encíclica Rerum Novarum (“acerca de las nuevas cosas”), del Papa León XIII, que dio comienzo a la mismísima doctrina social de la iglesia, documento que deploraba la opresión y la virtual esclavitud de los pobres a manos de “un puñado de gente muy rica”, preconizando salarios justos y el derecho a organizarse en sindicatos.
Para eternizar su recuerdo, y “hacer Patria”, con fuertes raíces en la historia, tras una gestión con resultado favorable ante la Secretaría de Ambiente y Espacio Público Municipal, a través de la Dirección de Paisajismo y de la de Parques y Paseos, un ñandubay fue plantado en tierra de una plaza rosarina, para no olvidar las raíces, cultivar la fe y trascender en frutos de paz y esperanza, en el marco del Año Santo y Tricentenario de la Ciudad.





