Dolina y los 40 años de ‘La venganza será terrible’: «Ha coloreado mi vida y, de no haber ocurrido, no sería la persona que soy»
El escritor y conductor radial vuelve a la ciudad con su clásico programa, que cumple, este año, 40 años desde su primera emisión. Fiel a su estilo, compartió ideas y reflexiones en esta entrevista con Conclusión.
- Espectáculos
- Por Mario Luzuriaga
- Jun 6, 2025
Adjetivar a Alejandro Dolina no es una tarea fácil, pero sí se puede decir que es uno de los hombres más importantes de la radiofonía argentina y también de las letras. Se pueden hallar muchos calificativos, pero el que mejor le queda, es que es un ser humano común y corriente, que utiliza el medio y la escritura para transmitir lo que siente.
Hace 40 años inició su ciclo radial, primero como “Demasiado tarde para lágrimas” junto a Adolfo Castello, para luego llegar a “La Venganza será terrible”, el espacio que lo llevó de gira por todo el mundo; y rodeado de los más grandes profesionales que lo han acompañado a lo largo de los años, como Gabriel Rolón, Guillermo Stronatti, el recordado Jorge Dorio, Elizabeth Vernacci, «Coco» Silly, Gabriel Schultz y ahora, como ya hace tiempo, Patricio Barton y Gillespi.
Este viernes regresa a la ciudad para grabar su clásico programa desde el Teatro Broadway, pero antes de ello, repasó su carrera en entrevista con Conclusión.
– ¿Cómo lleva estos 40 años de “La Venganza será terrible”?
– Lo llevo como los 40 años de una vida también, con cierta tristeza porque el paso del tiempo es triste, y con algunas alegrías. No difieren mucho los 40 años de radio, y los 40 años son un pedazo grande de mi vida. De manera que ha sido algo que ha coloreado mi vida, le ha puesto un color que lo ha teñido; que me ha obligado a ciertas costumbres, a ciertos hábitos, a ciertos estudios; o sea, ha sido muy importante. De no haber ocurrido esto, evidentemente no sería la persona que soy, sería peor todavía imagínese (risas).
– En estos 40 años pasaron un montón de compañeros. ¿Qué recuerdos tiene de ellos?
– No han sido tantos, lo cual me alegra porque imagínese, si hubiera habido muchos, de algún modo, significaría una cierta dificultad en la permanencia. No ha habido tantos, si los contamos a los que han tenido una permanencia firme; quiero decir, no a los que vinieron dos o tres días, pero a los que han estado, no llegamos a los diez.
– Ha pasado por casi todas las emisoras de radio
– Eso sí, porque, imagínese, es mucho más frágil el sistema de emisoras de en la Argentina, en donde aparece un dueño que tiene una radio, mañana tiene una gomería y pasado tiene una consultora; que la fidelidad de los amigos que fueron compañeros míos, ¿no?
– ¿Cómo fue su paso por el streaming?
– Es lo mismo, no cambia, estábamos sentados en una mesa y hacíamos cosas. No sé dónde está el cambio, que ponen una cámara, bueno. Parece televisión de bajo presupuesto, digamos.
– Se debe sorprender que generaciones de oyentes lleven a sus hijos y a sus nietos para que lo vean y escuchen.
– Eso pasa, no se si lo veo con alegría o lo veo con tristeza como decíamos al principio, significa que uno está más viejo, que uno ha crecido; pero también que hay como una continuidad en el afecto. Gente que antes se divertía, ahora me quiere, no se si es un buen cambio (risas).
– Si bien ahora la tendencia es que los jóvenes están todo el tiempo pendientes de la tecnología, en su programa se permite tener ese espacio para la reflexión y el pensamiento. ¿No cree que su programa es un refugio ante tanto avance de redes sociales e inteligencias artificiales?
– Ojalá que sea cierto lo que usted dice, eso es lo que intentamos nosotros ¿no?, relacionarnos con el pensamiento en su estado más profundo; con nuestras armas que no son del todo eficaces, con nuestros recursos intelectuales, que tampoco son tan buenos, pero intentándolo en un mundo en el que, habitualmente, nadie lo intenta ni siquiera.
– Escasean los espacios para el pensamiento.
– Hay pocos… imagínese que nosotros hacemos lo que podemos, yo soy consciente de mis propias lagunas y falencias. Yo soy un aficionado, no soy un filósofo profesional, ni tengo títulos; soy un diletante, un eterno aficionado, pero con esos menguados recursos trato de ver lo que dicen otros que saben más que yo, y de traerlos a la radio. Esa es la propuesta y después, mientras tanto, por ahí nos divertimos un poco con un ejercicio de amor, perdón de humor, mire qué fallido…
– Y de amor también…
– Y de amor también, más bien atorrante, les cabe a los dos (risas).
– ¿Le produce algún escozor cuando le ponen un calificativo para describirlo?
– Es un poco inevitable porque en este mundo se necesitan descripciones inmediatas. Yo creo que cuando uno acepta esa definición, más que esa descripción, achica los horizontes. Si a usted un amigo le dice usted es locutor, y usted va a sentir que falta algo para completarlo. Si yo no soy locutor; primero ni en mi tarea radial lo soy, porque yo estoy manejando un programa, entrevisto, yo no hago la mera locución. Segundo, además cuando salgo de acá soy una persona, tengo mis pensamientos, mi actividad; entonces cuando a uno le dicen que es billarista, están describiendo una porción muy chiquita de lo que uno es. A mí me pasa eso “y si usted como hombre de radio…”, y qué se yo si soy hombre de radio, no lo sé. Hay muchas cosas que no tienen que ver con la radio o, incluso estando en la radio, hay cosas teatrales, musicales y literales, que en la definición radial no cuadran. Así que, cuando me describen, generalmente dejan afuera algo de lo que yo vengo a hacer, lo cual en cierto modo me conviene, porque hay cosas de mí que es preferible no incluirlas en la descripción (risas).
– El programa le dio muchas satisfacciones y una de ellas fue su paso en la televisión.
– Algunas que otras me ha dado, especialmente lo que hicimos para canal Encuentro, “Recordando el show de Alejandro Molina”, ahí teníamos un poco más de recursos; entonces pudimos hacer algunas cosas que no estaban del todo mal. Pero sí también hay mucha frustración en algunos de los lugares, donde nos ha tocado trabajar. No estábamos bien nosotros, ni tampoco hemos tenido mucha ayuda.
– ¿Y si le pregunto si el cine le dio satisfacciones?
– No tampoco (risas).
– Igual en cine tuvo la oportunidad de llevarse un buen recuerdo con Diego Maradona.
– Si claro, porque ahí pasamos unas largas jornadas juntos y nació un afecto, no digo una amistad porque sería demasiado pedir. Pero teníamos, yo desde luego, tenía un gran afecto por él; y él hacia mí. Siempre fue muy generoso y cariñoso conmigo.
– Y usted también fue Dios…
– Sí, en esa película –“Las puertitas del Sr.López”- hubo una escena donde estaba disfrazado de Dios, en su peor versión, de un viejo malhumorado.

