Rosario sin secretos: la conciencia del río “llega a buen puerto” en 1810
El tema de la soberanía nacional tiene, sin dudas, en las aguas navegables, una relevancia vital y absoluta. Por eso, la Prefectura Naval Argentina nació con la Revolución de Mayo, en 1810, y la delegación Rosario, apenas unos días después de la creación de nuestra Bandera argentina.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Jul 1, 2025
El 1º de julio de 1812, exactamente 213 años atrás, un decreto del Triunvirato ordenaba escribir “la historia filosófica de nuestra feliz revolución, para perpetuar la memoria de los héroes y las virtudes de los hijos de América del Sud, y a la época gloriosa de nuestra independencia civil».
Ciento noventa años después, en 2002, el Congreso Nacional estableció que fuera el Día del Historiador. El refrán popular nos dice que “de poeta y de loco, todos tenemos un poco” y algo de eso hay, pero también Félix Luna desde su revista nos aseguraba que “todo es historia”.
Y sí, entre académicos y espíritus curiosos vamos redactando y tejiendo una red que sostiene nuestro pasado con “verba” sobre cada “res”. El refrán en latín “Res non verba” no significa “las vacas no hablan”, como con buen sentido del humor nos recuerda el doctor Miguel Milano, sino algo que hoy debiéramos exigir a quienes gobiernan nuestros destinos desde los cargos públicos: Hechos, no palabras!
Así que a lo hecho, “pecho y pluma”, y nos zambullimos en la historia del día:
Fue Mariano Moreno, el entonces secretario de Gobierno y Guerra de la Primera Junta quien firmó, el 30 de junio de 1810 –un día después que Martín Jacobo José Thompson celebrara el quinto aniversario de su boda con María Josefa Petrona de Todos los Santos Sánchez y Trillo- la designación como responsable de la Capitanía General de Puertos del Río de la Plata, al alférez al que dieron de baja de la Armada Naval Española, por su adhesión a la causa revolucionaria independentista hispano americana.
Esto fue el origen de lo que es hoy la Prefectura Naval Argentina que cada 30 de junio recuerda y honra el acontecimiento.
Claro, nacido en 1777, Thompson estudió en el Real Colegio de San Carlos de Buenos Aires, el mismo al que asistieron, entre otros prohombres, Manuel Belgrano y Vicente A. Echevarría.
En 1796 ingresó a la Academia Naval de El Ferrol, España, egresando como guardiamarina en 1800, para luego regresar a su terruño natal. Aquí se reencuentra con su prima de 14 años, 9 menos que él, de quien se enamora y es correspondido.
La situación se convirtió en un escándalo del que se hizo eco todo Buenos Ayres. Los padres de la damita de la alta sociedad social porteña decidieron encerrarla en un Convento -más o menos como se hacía en una época por estos lares, en la Casa del Buen Pastor, adonde se recluía a las mujeres “descarriadas”, a las huérfanas o a las abandonadas-, con la esperanza de que olvidara ese “entusiasmo juvenil y pasajero”.
Mientras tanto a él lo derivaron a la milicia, pero pese a la taxativa prohibición -la intención de sus progenitores era casarla con un hombre muy poderoso mucho mayor que ella, como era costumbre cuando las familias arreglaban las uniones matrimoniales sin importarles lo que sintiera su hija- demostraron que el amor es más fuerte.
Así fue que el 29 de junio de 1805, tras pedir ayuda y autorización al virrey Sobremonte a través de un “juicio de disenso”, se unieron en matrimonio y tuvieron cinco hijos.
Quien llegó hasta nuestros días conocida como Mariquita Sánchez de Thompson, y a quien algunos señalan sólo como la buena anfitriona de la tertulia en la que se cantó por primera vez el Himno Nacional, fue una patriota apasionada, con gran personalidad y una mujer absolutamente consustanciada y comprometida con el nacimiento de nuestra libertad e independencia. Basta leer sus profusas crónicas y epístolas para advertir su altísimo liderazgo en la hora naciente de la Patria.
Por su parte, Thompson había tenido una activa y decisiva participación en la defensa, resistencia y recuperación del territorio durante las invasiones inglesas de 1806, por lo que su designación en 1810 como “Primer Capitán Patrio” era previsible y llegó rápidamente “a buen puerto” en la emancipación americana.
La Capitanía General de Puertos del Río de la Plata, en 1882, se convirtió en Prefectura Marítima, y en 1969, recibió su actual denominación.
Mientras tanto, esta institución señera y emblemática que nació con la Patria para custodiar nuestras aguas y defender la soberanía nacional, tuvo su correlato local en nuestro territorio.

Para eso tenemos que retroceder hasta 1796 cuando Emeterio Celedonio Escalada Palacios, el español nacido en Rincón del Soto, Logronio, se casó en Santo Domingo Soriano, de la Banda Oriental, con María Teodora de Galea y Pedroso, con quien tuvo diez hijos, y donde fue nombrado Capitán de Voluntarios de Caballería de la Corona, hasta que en 1811 decide unirse a los insurrectos y se suma, en Buenos Aires, al regimiento Nº 5 que comandaría Belgrano.
El pasaje vial bajo nivel, conocido como túnel, que une el centro de Rosario con la zona norte, lleva el nombre de quien fue el hombre de confianza del general José Francisco de San Martín, y el que lo precedió tres días antes, junto a sus milicianos, en una estratégica avanzada en el Combate de San Lorenzo del 3 de febrero de 1813.
Escalada llegó a la Capilla de Nuestra Señora del Santísimo Rosario del Pago de los Arroyos junto a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano aquel 7 de febrero de 1812 para convertirnos en Cuna de la Bandera. Sólo pasaron tres días de su llegada a la aldea, atravesando la cañada del arroyo del Saladillo, cuando recibió por parte del coronel, la responsabilidad de hacerse cargo de la Capitanía del Puerto, hoy delegación de la Prefectura Naval Argentina y sede de la Prefectura Zona Bajo Paraná.
Otros tres días transcurrieron de creada, enarbolada, bendecida y jurada la celeste y blanca que nos identifica en el mundo, cuando Celedonio Escalada quedó a cargo de aquella Capitanía del Puerto y Comandancia del Resguardo, ubicada en la Bajada Grande, hoy nuestra emblemática y bella Bajada Sargento Cabral.

Prefectura Naval Argentina depende del Ministerio de Seguridad de la Nación y, por ser la autoridad de aplicación del Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar y del Código Internacional de Protección de Buques e Instalaciones Portuarias, se le han asignado distintas funciones, entre las que se destacan: Seguridad del comercio ante el movimiento de buques, personas y cargas que se registran en los puertos y aguas de jurisdicción nacional. Seguridad de la vida humana, con un sistema de intercomunicación con guardacostas, helicópteros, aviones y nadadores de rescate. Seguridad de la navegación y prevención de la contaminación del medio marino. Protección marítima, portuaria y ambiental, con funciones de alta complejidad técnica, jurídica y operativa. Seguridad del deporte náutico en aguas marítimas, fluviales y lacustres nacionales. Seguridad pública en conjunto con otras fuerzas, especialmente en causas del narcotráfico, pesca ilegal y delitos complejos, controlando el orden público.
Otra es la realidad de 215 años atrás cuando se creó. La esencia, es la misma. Defender la soberanía y proteger la vida. Que así sea.


