«Yo no estuve ahí»: a 15 años de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario
¿Qué implica una ley? ¿Es sólo un papel? ¿Una formalidad? Cuando lo legal es lo cotidiano, el día a día, la construcción y el reconocimiento al tiempo y al cuidado compartido.
- Info general
- Por Ezequiel González
- Jul 15, 2025
Hace 15 años, una madrugada fría del 15 de julio de 2010, Argentina hacía historia. Con la sanción del matrimonio igualitario, se convertía en el primer país de América Latina en reconocer legalmente el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse. Ese día, miles festejaron en las calles una conquista colectiva. Yo, en cambio, no estuve ahí.
En ese momento tenía otra visión del matrimonio. Era más joven, y quizá no terminaba de entender qué tan profundo era lo que se estaba logrando. Hoy, con el diario del lunes, y con un anillo en la mano, lo veo distinto. La vida se encarga de hacerte crecer, de mostrarte que los derechos no son un lujo ni un gesto simbólico: son un resguardo. Una forma de que el amor no quede a la intemperie.
En 2021, en plena pandemia, me casé con Nico. El mundo estaba detenido, el miedo era palpable, y la ceremonia fue íntima por obligación: solo nosotros dos y dos testigos. Nada de salones ni fiestas. Pero hubo algo que jamás voy a olvidar: la jueza, lejos de cualquier formalidad, nos habló con una calidez que nos desarmó. Abrazó nuestros miedos con sus palabras, y los transformó en valentía. En ese instante, entendimos que el país nos estaba mirando a los ojos y nos estaba diciendo: “los reconozco, los respeto, los protejo”.
Eso es el matrimonio igualitario. No tiene que ver con la iglesia, ni con seguir una tradición, sino con que la persona con la que compartís tu vida tenga los mismos derechos que cualquier otra pareja. Que si a uno le pasa algo, el otro no quede desprotegido. Que el amor que se construye en lo cotidiano, en el mate compartido, en las decisiones difíciles, en la risa y en la espera, tenga un respaldo. Que sea ley.
La vida que construimos con Nico es todo lo que tenemos. Más allá de las familias de origen, nosotros somos nuestra propia familia. Ver que podíamos seguir creciendo juntos como pareja, y al mismo tiempo sentir que el país acompañaba esa evolución, fue profundamente sanador.
Por eso, hoy que se cumplen 15 años de aquella ley, siento la necesidad de agradecer. A quienes lucharon cuando yo todavía no entendía. A quienes pusieron el cuerpo y la voz para que hoy podamos casarnos, adoptar, heredar, decidir. Y también siento la necesidad de cuidar lo que se logró. Porque en un contexto donde algunas ideas parecen retroceder, donde ciertos discursos vuelven a cuestionar derechos conquistados, es vital recordar que esto no fue un regalo: fue una conquista. No importa el color político. La igualdad no se negocia.
Si pudiera hablarle a mi yo de hace 15 años, le diría: “Hubieras salido a la calle. Hubieras estado ahí. Porque lo que estaban peleando no era solo el derecho a casarse. Era el derecho a ser reconocidos como ciudadanos plenos, como personas dignas de amar y ser amadas con libertad”.
Y a quienes vienen detrás, a quienes hoy están descubriendo quiénes son y con quién quieren compartir su vida, les diría que no están solos. Que esta ley nos abraza a todos. Y que vale la pena defender cada pedacito de igualdad conquistada, para que el amor nunca más vuelva a ser una trinchera.

