MIéRCOLES, 21 DE OCT.

El TDAH en adultos: un trastorno subestimado que impacta en la calidad de vida

El psiquiatra Gerardo Mauro Maraval alerta sobre la necesidad de detectar y tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad en adultos, una condición que va más allá de la niñez y afecta múltiples aspectos de la vida cotidiana.

 

Cuando se menciona el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la imagen más común remite a la infancia. Sin embargo, “esos niños, en algún momento, se convierten en adultos”, advierte el psiquiatra Gerardo Mauro Maraval en diálogo con Conclusión. Desde su consultorio, observa a diario los efectos de este cuadro subdiagnosticado que -según sus palabras- presenta “una clínica muy heterogénea” en personas mayores de edad, lo que dificulta su detección.

Según explica, el TDAH en adultos se manifiesta mayormente como una falla en las funciones ejecutivas: organización, planificación, control del tiempo, memoria de trabajo y regulación emocional. “Todo eso se termina reflejando en impuntualidad, en no terminar tareas, en procrastinar, en impulsividad, incluso en pensamientos en constante movimiento que impiden concentrarse”, enumera Maraval.

A diferencia de la idea errónea que reduce el trastorno a una simple “falta de atención”, el especialista aclara que se trata de una “dificultad para regular la atención, los impulsos y las emociones”. Y en una sociedad hiperestimulada por pantallas, redes sociales y sobrecarga sensorial, el panorama se complejiza aún más.

El impacto en la vida cotidiana es profundo: fracasos académicos, rotación constante en trabajos y relaciones, baja autoestima y dificultades para sostener hábitos. Además, quienes lo padecen pueden experimentar comorbilidades como trastornos del sueño, ansiedad, depresión o incluso crisis de pánico.

“El problema es que muchas de estas características también las puede tener cualquier persona en algún momento. Lo que marca la diferencia es la frecuencia, la intensidad y el impacto que tienen en la vida del individuo”, subraya Maraval. Por eso, insiste en que el diagnóstico debe realizarse con evaluaciones clínicas, escalas específicas y una historia de vida detallada.

La prevalencia del TDAH en adultos ronda entre el 4 y el 5% de la población, una cifra que para el psiquiatra no debe pasarse por alto: “No se trata de sobre-diagnosticar, pero tampoco de sub-diagnosticar. Lo que no se piensa, no se diagnostica”.

El tratamiento, asegura, debe ser integral. Más allá del abordaje farmacológico, es indispensable la psicoeducación y el acompañamiento terapéutico. “Si no se le explica al paciente cómo funciona su cerebro y qué hábitos debe incorporar, la medicación por sí sola no es suficiente. La terapia optimiza el efecto del tratamiento y permite una verdadera mejora en la calidad de vida”, concluye.

Detrás de un diagnóstico de TDAH puede haber años de frustración y sufrimiento silencioso. Por eso, la formación de los profesionales de salud mental y una mirada más amplia por parte de la sociedad resultan claves para tender puentes de comprensión y bienestar.

Compartir nota

Tópicos

Últimas Noticias