Rosario Sin Secretos: la Tierra, la educación y la fe, ¡eppur si muove!
A días de dejar de ser constitucional y oficialmente católica la provincia de la Santa Fe, y en la ciudad de la Virgen del Santísimo Rosario, los fieles se siguen movilizando en procesiones para manifestar su fe. A este paso, no es de extrañar que en cualquier momento los constituyentes quieran intentar cambiarle el nombre a la provincia. Cambia, todo cambia, pero… ¿tanto?
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Ago 26, 2025
Mientras en la legislatura se escribe el texto de la nueva Constitución Santafesina, luego de consultar en un muestreo la opinión de alrededor de 100 personas en una provincia con casi 2.000.000 de católicos, y se elimina el artículo 3º que establece el catolicismo como religión oficial, en nuestra ciudad se siguen observando manifestaciones de profunda fe.
Así, todos los alumnos del Colegio Cristo Rey marcharon en peregrinación a la Catedral recordando al fundador de la orden que dio vida e impulso al establecimiento educativo 428 años atrás.
Por esos misterios que tiene la Providencia, José de Calansanz nació en 1557, el 11 de septiembre, Día del Maestro en este país, y lo hizo en la misma provincia española que nuestro primer historiógrafo, el aragonés Pedro Tuella, quien también -¿casualidad o causalidad?- fue uno de los ilustrados maestros del Curato establecido hace 295 años en la Capilla Nuestra Señora del Rosario del Pago de los Arroyos.
En el solar de calle Laprida al 1300, en el que alguna vez estuvo la casa en la que vivió la familia Grandoli, uno de cuyos integrantes, Cleto Mariano, fue el joven abanderado de 17 años que se alistó y perdió la vida en la demencial -¡todas lo son!- guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, se encuentra el Colegio Cristo Rey, institución que pertenece a la orden de los Padres Escolapios (Escuelas Pías), fundada por José de Calasanz, el santo de quien se cumplió el 377º aniversario de su muerte, ocurrida a los 90 años.
Por ese motivo, toda su comunidad, laica y eclesiástica, marchó en numerosa y sentida procesión hacia la Catedral Metropolitana en acción de gracias a la Madre de Jesús, María, aquí bajo la advocación del Santísimo Rosario, que dio origen al nombre de nuestra ciudad.
Alumnos, docentes, directivos, familiares, clérigos, catequistas, recorrieron calle Buenos Aires, el antiguo Camino Real que atravesó Manuel Belgrano con sus soldados, milicianos y carretas, aquel caluroso 7 de febrero de 1812 cuando llegó a estos pagos para convertirnos en Cuna de la Bandera y de la Escarapela nacional.
Cierta vez, estando en el salón “Copérnico”, nos enteramos por profesionales del área del Complejo con forma de cometa que integran el Planetario Municipal “Luis Cándido Carballo”, el Museo Experimental de Ciencias y el Observatorio Astronómico “Profesor Victorio Capolongo”, que en las noches que acompañaron al 27 de febrero de 1812 hubo “luna roja”.
Profundamente mariano, ¿Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano lo habrá creído una señal Divina, proveniente del Cielo, que le hiciera escribir al Triunvirato: “Siendo preciso enarbolar Bandera, y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste, conforme a los colores de la Escarapela nacional”? ¡Sólo Dios lo sabe!
Este tema nos viene a la memoria porque no podemos dejar de recordar, ante la celebración del Colegio Cristo Rey, al entrañable astrónomo padre Rogelio Pizzi, el mismo al que saludó especialmente -en su paso por Rosario- el mismísimo Neil Armstrong, uno de los tres astronautas norteamericanos que llegó a la Luna aquel 20 de julio de 1969, jornada que dio origen al festejo del Día Internacional del Amigo, a instancias del rotario, odontólogo y escritor argentino Enrique Febbraro, vecino de Lomas de Zamora.
Fue el padre Rogelio Luis Pizzi, profesor de matemáticas, física y cosmografía, quien en el Observatorio del Colegio Cristo Rey, fotografió la caída de algunos de los fragmentos de la desintegración de la Estación Espacial Salyut 7 -uno de los pedazos cayó en el patio de una casa en Capitán Bermúdez-, también un 7 de febrero, pero en 1991, que le valió un importante reconocimiento del embajador ruso en la Argentina.
Demostrando, ciertamente que, por un lado, la razón y la ciencia, y por el otro, la fe y la religión, no son incompatibles. Podría decirse que toda creación es Divina.
La historia nos cuenta que durante cientos de años la ciencia y la fe estuvieron enfrentadas. Hoy se asevera que Galileo Galilei jamás podría haber defendido ante la inquisición la postura de Copérnico con esa frase que se convirtió en leyenda, sin que ello le hubiera costado la vida, y hasta se conjetura que fue una auténtica fake news, como se llama ahora a las noticias falsas.
Algo así -y esto se le ocurrió a un chaval que lo publicó en internet- “sería como meterse en una jaula con leones hambrientos dentro y sermonearlos con la conveniencia de la dieta vegetariana”. Imposible no sonreír ante semejante ocurrencia.

Quien cree, crea y también cría. Criatura, creación, nacimiento… La iluminación, tanto del cerebro como del espíritu, permite el crecimiento, el desarrollo, la evolución. Da luz, ilustra la mente y alimenta el corazón del ser humano en toda su completitud.
Así lo debe haber pensado José de Calasanz-que también era amigo de Galileo Galilei y compartía su cosmovisión- cuando allá por 1597, estando en Roma, ya consagrado sacerdote, vio y se compadeció de la acuciante situación de pobreza y orfandad de miles de niños como consecuencia de las devastadoras inundaciones del río Tíber que dejaron cerca de 2.000 muertos y cientos de familias sin techo ni comida en esos tiempos.
A pesar de la férrea oposición que tuvo -en aquella época sólo recibían educación los hijos de las familias más encumbradas de la sociedad- Calasanz fundó la primera escuela popular gratuita del mundo, en la sacristía de la parroquia Santa Dorotea, en el Trastévere, aquel encantador barrio romano ubicado, como su nombre indica, “más allá del Tíber”, el mismo río que nos recuerda a la loba que amamantó a Rómulo y a Remo, dando así origen a la Ciudad Eterna.

Aquí, en la esquina sudeste de Santa Fe y Corrientes, frente a la planta alta en la que inició sus transmisiones la radio LT2 cuando aún era Splendid, la leyenda fue eternizada por los mismos arquitectos que nos legaron la Bola de Nieve y el Hotel Savoy, Alejandro y Pedro Máspoli, sobre la propiedad del señor Enrico Palenzona que en sociedad con Baima, instalara el Hotel Roma. Allí mismo estuvieron también, antes de convertirse en la galería que es en la actualidad, la sede del Jockey Club, antes de mudarse a ese espectacular edificio construido en Córdoba y Maipú sobre el solar en el que estaba la casa de la familia Zeballos, y la confitería bailable Tívoli.
Sin dudas la esquina constituye una joya arquitectónica digna de los mejores catálogos turísticos del mundo. Sólo basta con mirar hacia arriba y descubrirla, sin descuidar, por supuesto, el intenso paso peatonal y vehicular que atraviesa la city bancaria.
Con acompasado ritmo y guiados por el padre Andrés Krivanosoff, la procesión multitudinaria esta vez fue por fuera, humeando incienso y bendiciendo a su paso, y pasó frente al Sindicato de Vendedores de Diarios y Revistas, el Centro de Capacitación “Augusto Vandor”, de la Unión Obrera Metalúrgica; la Biblioteca y Escuela del Consejo de Mujeres “María Bicecci”; la Cultural Inglesa, la Escuela Nº 55 Domingo Faustino Sarmiento.
También lo hizo frente al recuperado Club Italiano, ARLPI, el Centro Gallego, el Geriátrico “San José”, del Círculo Obrero de Rosario; el Colegio Farmacéutico, la Asociación Mutual de Protección Familiar y la de del Personal de Comunicaciones, el bellísimo edificio construido por el arquitecto Ángel Guido, sede del Club Gimnasia y Esgrima; el todavía en larga etapa de restauración Café La Buena Medida donde se inauguró la esquina “Oscar Moro”; el solar en el que estaba la casa del coronel Manuel Alejandro Pueyrredón, donde vivió su sobrino José Hernández, el autor del Martín Fierro, mientras trabajó en La Capital con su amigo Ovidio Lagos.
Luego de pasar frente al Sindicato de Empleados de Correos y Telecomunicaciones y el Correo Central, la procesión cruzó calle Córdoba, siempre con la asistencia de los agentes motorizados de Tránsito, hasta donde se encuentra por calle Buenos Aires, desde la creación del Curato, en 1730, el templo consagrado a la Santa Patrona y Fundadora del Rosario.
Claro que nada tiene que ver esta edificación con aquella de adobe y paja que visitó Belgrano, aun cuando la imagen de la Virgen que está en el Camarín, en el subsuelo de la hoy Catedral, Basílica y Santuario Nuestra Señora del Santísimo Rosario, sea la misma que el creador de la Bandera viera con sus propios ojos y a ella consagrara sus triunfos en defensa de la Patria.
El padre Andrés ofició la santa misa, profusamente animada con música de órgano y emotivos cantos litúrgicos de cristalinas voces ante un colmadísimo auditorio, especialmente integrado por alumnos y docentes del establecimiento educativo que funciona desde 1931 en nuestra ciudad, bajo el lema “Piedad y Letras”.

Sin dudas que la cita bíblica “Dejad que los niños vengan a mí” se cumplió durante la jornada, amplia y cabalmente. Al igual que “la ley primera: los hermanos sean unidos”, del propulsor de la primera biblioteca pública creada en el Rosario y la taxativa consigna del Alcalde “de la Santa Hermandad” propuesto en 1725, que no es otra cosa que la puesta en valor del precepto católico “Amaos los unos a los otros”. Que así sea.

