JUEVES, 04 DE JUN.

La Calesita de la Plaza López, 70 años girando y contando historias

El pasado 19 de agosto, la calesita más antigua de Rosario, la de la Plaza López en la República de la Sexta, cumplió siete décadas de vida. Los calesiteros que en su momento supieron brindar cobijo a los niños que transitaban el espacio, Juan Mitsis y Jorgelina Bravo, permanecen vivos en el legado de su hija Helena.

 

Girando y girando, enhebrando sueños y dibujando historias, tratando de arrebatarle la sortija a esa muñeca endiablada que busca gambetear las ganas de una vueltita más. Girando y girando, deteniendo el tiempo sobre la montura de un caballo, el volante de auto o las alas de un avión. Contemplando un sinfín de pequeños rostros, esos que pueden reflejar a través de sus ojitos vidriosos, la inocencia de una vida que busca inmortalizarse a través de la magia de la calesita.

La historia de este divertimento, tiene tantos años como anécdotas. Nació en Turquía en 1648, allí un viajero pudo contemplar una calesita por primera vez. El invento llegó a Europa en 1673, y se propagó por Inglaterra con el nombre de Vueltas Alegres, luego continuó por Francia, donde lo usaba la aristocracia, y España, donde se la conoció como Carrusel. Desde allí llegó la primera a la Argentina en el año 1860.

Corría el año 1936 cuando en Rosario se abrió una fábrica en calle Alvear -entre San Juan y San Luis- la firma era Sequalino Hermanos. Se trataba de tres descendientes de piamonteses que fabricaban calesitas para todo el país. Las primeras tenían caballos, leones, chanchos y bancos de madera tallados a mano, como así también avioncitos y autos de lata.

Giraban gracias a la fuerza de un caballo y no eran de uso exclusivo de los niños. Luego vendrían las de motor a nafta y eléctricas. Sin duda alguna se trató de pioneros que importaron desde la vieja Europa un juego que sigue atravesando a fuerza sonrisas, felicidad y sueños, distintas generaciones que continúan rindiéndose a los pies de los mágicos carruseles.

El pasado 19 de agosto, la calesita más antigua de Rosario, la de la Plaza López en la República de la Sexta, cumplió jóvenes 70 años. Los calesiteros que en su momento supieron brindar cobijo a los niños que transitaban el espacio, Jorgelina Bravo y Juan Mitsis, permanecen vivos en el legado de su hija Helena, quién día tras día se encarga de remover la pesada lona que cobija la calesita, para encender un juego que parece materializarse desde otro plano y moverse con pasos de ballet.

 

Sin descanso, así transita su vida Helena, ya que en los días de semana la calesita recibe la visita de las y los niños de las escuelas de la zona, y los findes de semana y feriados, de todos aquellos que se acercan a disfrutar uno de los espacios verdes más emblemáticos de la ciudad. Cabe destacar que la calesita originalmente perteneció al padre de Juan, al abuelo de Helena, Don Stellano, quien abandonó su Grecia natal en 1925 para venir a Argentina.

Esta calesita es una reliquia, ya que Stellano se la había comprado a un español que residía en Buenos Aires para colocarla en Boulevard Oroño y Salta, donde luego se construiría el Cine Real. Con el paso del tiempo se trasladó a la Plaza López, aunque en la actualidad queda muy poco de la originalidad de aquella calesita, ya que en décadas pasada fue incendiada intencionalmente.

Jorgelina Bravo y Juan Mitsis en las distintas notas realizadas a lo largo de su estadía al frente de este maravilloso e histórico juego, recordaban con muchísimo afecto y añoranza su llegada a estos arrabales del mundo. Rememoraban que trabajaban en la tierra junto a su familia en los campos y viñas que están afuera de Atenas.Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial nos escapamos a la Argentina y elegimos Rosario porque aquí vivían un tío mío y el padre de Juan. Después nos casamos y así comenzamos juntos este trabajo en la calesita”, supo decir Jorgelina.

La calesita siempre tuvo música, pero la misma provenía de un organito que luego sería reemplazado por un tocadiscos. Como dato saliente, es preciso destacar que en nuestro país existió la única fábrica de calesitas, la de la mencionada con anterioridad familia Sequalino. Esta empresa familiar funcionó casi cincuenta años, llegando a producir más de mil calesitas que viajaron a muchos lugares del país y fuera de él, como por ejemplo Brasil, Paraguay y Bolivia.

El carrusel de los Mitsis y la plaza, en su totalidad, sobrevivieron a los siniestros planes pergeñados por el intendente de la dictadura, el capitán de navío Augusto Félix Cristiani, quien en 1979 intentó transformar el predio en una plaza seca. La resistencia militante de los vecinos evitó la maniobra, decenas de mujeres atadas a los árboles y vigilias infantiles en bicicleta disuadieron al militar. Las meretrices de Laprida y Pellegrini hicieron lo suyo en esta lucha: por un mes no comercializaron sus cuerpos en protesta por el plan oficial de extender el cemento sobre el verde.

Una respuesta maravillosa que fue creciendo al calor de una digna defensa que utilizó como ariete esa mezcla notable de anarquistas, amas de casa, jugadores de casín y prostitutas de barrio. Sentido de pertenencia, amor por un espacio multicultural que ofició siempre de salvoconducto para el estrés cotidiano, y la calesita de los Mitsis, esa que sigue de pie y erguida después de siete décadas de vida y un sinfín de anécdotas, de las buenas, y esas que son preferibles dejar bien guardadas en el arcón de los incómodos recuerdos.

Allí viene Helena, cruza lentamente un tramo de la Plaza López para abrir la puerta del espacio, toma la escalera y la acerca a esa estructura que aún descansa, de esta manera días tras días, lleva adelante este ritual de retirar la lona que cubre la calesita para dejarla al descubierto. Es en ese preciso momento donde los elefantes, caballos, chanchitos, perros, una cogotuda jirafa, un pintoresco cisne, autitos de chapa y hasta una nave espacial, parecen cobrar vida agradeciéndole a esas manos que prontamente los hará girar. La calesita de la Plaza López, la de la República de la Sexta, la del griego, esa que hoy descansa en el estoico e inquebrantable legado que sostiene la querida Helena.

Últimas Noticias