El Arroyo Ludueña volvió a escribir una nueva página de una larga historia contaminante
"A esta problemática la venimos denunciando hace largos años, se trata de un caño pluvial que lejos está de cumplir con su función. La realidad es contundente, se celebraron 300 años de una ciudad que aborrece la naturaleza”, sostuvieron vecinos del barrio Stella Maris.
- Ciudad
- Por Alejandro Maidana
- Dic 6, 2025
Indisimulable, esa es la palabra que puede resumir el impacto ambiental que viene padeciendo el arroyo Ludueña junto a la biodiversidad que lo rodea. Una agresión constante, un desprecio sumamente explícito sobre la vida de un lecho de agua que supo cobijar a distintas generaciones que disfrutaban de sus bondades. La naturalización de su proceso contaminante sigue encontrando una férrea resistencia por parte de aquellos que no se resignan.
Los cursos de agua y sus deleznables impactos, balnearios y pesqueros convertidos en una dantesca cloaca que oficia de receptáculo de la impiadosa manera de desarrollarnos como sociedad. Ríos, arroyos y lagunas jaqueados por un desinterés manifiesto, en donde convergen, el individualismo de una sociedad decadente, alimentado indudablemente por la política y la justicia, dos poderes que han allanado el lento camino hacia el cadalso.
En el territorio de la cuenca hay 169.593 habitantes. La localidad menos poblada es Ricardone con 2.832, y la de mayor población, San Lorenzo, con 41.161 (IPEC, 2013). Si se contabiliza la ciudad de Rosario deben sumarse 1.028.658 habitantes. Claramente el crecimiento exponencial de barrios a la vera del Arroyo, sumado a la no inversión en obra pública que impida la agresión al ecosistema pluvial, sigue atentando contra la vida de un curso de agua que supo ser el alivio de bañistas en la temporada veraniega.
Si bien siguen existiendo paliativos en torno a la limpieza de las barrancas y superficiales campañas de concientización, la problemática del Arroyo Ludueña es mucho más compleja y amerita un proyecto de obra pública medular: el afluente padece la construcción de terraplenes y obras de intervención en la desembocadura por ciertas guarderías náuticas que han repercutido en el achicamiento de la desembocadura y en la formación de un «tapón hidráulico».
Para explicitarlo, se trata del amontonamiento de residuos que bajan por el arroyo, sumado a la acumulación camalotales y basura que se meten del Río Paraná hacia el arroyo y luego no pueden volver a salir. Esto impide la navegabilidad y amarre de las embarcaciones de los pescadores en la desembocadura, perjudicando su trabajo y conexión con la ciudad.
En los últimos días vecinos del barrio Stella Maris pudieron realizar contundentes capturas fotográficas que visibilizaban como un caño pluvial, que solo debería trasladar agua de lluvia, se encargaba de verter un liquido extraño que nada tenía que ver con aquello que llega desde las alturas gracias a un proceso natural.
“A esta problemática la venimos denunciando hace largos años, se trata de un caño que viene contaminando desde siempre y ningún funcionario público se hace cargo. Este caño se puede observar desde el Puente Negro, como permanece algo escondido, tiene vía libre para verter cualquier cosa. Para los interesados, les comentamos que el mismo se encuentra entre la huerta de la municipalidad y la Villa”, sostuvieron los vecinos.
En torno a las respuestas que han recibido por parte de aquellos encargados de brindar un horizonte distinto para la vida del Arroyo Ludueña, los vecinos sostuvieron que “nos atienden y prometen ocuparse, pero al insistirles sobre la necesidad de respuestas inmediatas, muchos toman la decisión de no escucharnos más. La lucha es contra la desidia de Aguas Santafesinas S.A (ASSA), que realiza trabajos parciales, parches y muchas obras de su jurisdicción desembocan en las aguas del arroyo contaminándolas, y, por otro lado, contra el abandono del ejecutivo municipal y la falta de acción concreta del Concejo. La realidad es contundente, se celebraron 300 años de una ciudad que aborrece la naturaleza”.




