DOMINGO, 19 DE JUL.

Murió el periodista y escritor Néstor Sappietro

Tenía 63 años y fue una voz singular de la cultura rosarina. Periodista, docente y creador audiovisual, dejó una obra atravesada por la sensibilidad social y el compromiso con lo cotidiano.

 

El periodista, escritor y docente Néstor Sappietro murió este miércoles a los 63 años. Reconocido como una figura muy querida de la cultura rosarina, construyó una trayectoria marcada por la narración de historias mínimas y profundas que encontraron en la radio, la escritura, la docencia y la creación audiovisual un territorio propio y coherente.

A lo largo de su carrera, Sappietro se destacó por una forma inconfundible de contar. Así lo definió su amigo y compañero de proyectos, Carlos del Frade, quien señaló que tenía una mirada “sensible, honesta, sin concesiones, capaz de convertir lo cotidiano en una causa digna de ser defendida”. Esa impronta atravesó tanto su producción periodística como su obra literaria.

En ese sentido, a mitad de este año, en julio, había presentado el segundo volumen de Causas aparentemente perdidas, un libro de relatos urbanos que buscaba reflejar la dignidad, el desencanto y las ilusiones del hombre común. Además, según consignó Del Frade en su texto de despedida, Sappietro fue reconocido a lo largo de su trayectoria con cuatro premios Martín Fierro.

Por otra parte, impulsó el grupo de realización audiovisual Octaedro, desde donde se pensó y produjo cine y video con fuerte identidad local. Asimismo, tuvo un rol clave como asesor legislativo en el proceso que culminó con la expropiación del edificio de la escuela Guido y Spano, una causa emblemática para la educación pública rosarina, en la que puso cuerpo, compromiso y sensibilidad política.

Sin embargo, fue en las aulas de las escuelas secundarias donde encontró su verdadero lugar en el mundo, destacan quienes lo conocieron. Allí volcó su pasión por la palabra, su mirada crítica y un profundo respeto por los jóvenes.

Escritor, cineasta y docente, Néstor Sappietro encarnó una forma de entender la cultura como herramienta de transformación y no como mercancía. Tenía dos hijos, Lautaro y Julián, a quienes consideraba su mayor orgullo. Su muerte deja un vacío profundo en el periodismo, la educación y la vida cultural de Rosario.

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