MIéRCOLES, 03 DE JUN.

Pocho y Celeste, el laburo de hormiga fundido en el fulgor de la luciérnaga

El apellido Lepratti resuena una y otra vez en los corazones de aquellos que, de la dignidad, hicieron su bandera. Un mes, diciembre, transformado en un abrojo para la memoria de los que sueñan con un mundo donde quepan todos los mundos.

“El tiempo nos ha vaciado de fulgor.
Pero la oscuridad sigue poblada de luciérnagas”

 

Nacidos en la provincia hermana de Entre Ríos, esos gringos de mirada firme, tierna y amorosa terminaron moldeando con su corazón orfebre, un camino de lucha, memoria y dignidad en la tierra del rosariazo ¿Quién lo diría? ¿Quién lo hubiera imaginado?

Claudio, el Pocho, abrazado a ese horizonte que siempre tuve al cristo obrero como estandarte, decidiría abandonar su camino como seminarista en 1991 para convertirse en “uno más” en el populoso barrio Ludueña. Activo participante de las organizaciones de base, y adalid invalorable del entrañable Padre Edgardo Montaldo, el Pocho no le aflojaba ni un centímetro a la implacable realidad. La cocina centralizad de la Federación de Cooperadoras Escolares de Rosario, en la cual fue delegado sindical, también fue refugio de su invalorable militancia social.

Claudio Lepratti fue un activo participante de distinto grupos de niños y adolescentes de distintas barriadas, de esas que suelen aparecer en el radar de la política solo cuando se avecinan las elecciones. Pocho era eso, todo corazón, cuerpo, sentimiento y palabras al servicio de los desvalidos, de aquellos a lo que este deshumanizante sistema primero descarta, para después convertirlos en su objetivo represivo. El mismo objetivo que aquel cobarde con uniforme tendría el 19 de diciembre de 2001, porque claro, sigue resultando más fácil apretar un gatillo que revolver una olla popular. El Pocho, el gringo, ese entrerriano incansable y cabeza dura, dejaría su cuerpo físico para multiplicarse en cada arrabal donde el dolor se hace callo y la dignidad no pide permiso.

El 21 de diciembre de 2004 en el Hospital Justo José de Urquiza de Concepción del Uruguay, Orlando Lepratti, el padre de Claudio y Celeste, fallecería a los 61 años. El día anterior había participado en Rosario de los actos pidiendo juicio y castigo a los culpables por los hechos de diciembre de 2001. Diciembre y los Lepratti, las perdidas alojadas en un mes inolvidable para la familia y la sociedad consciente.

Tres años sin Celeste, una luciérnaga que cubrió con su luz el camino de los de abajo

Su última aparición pública fue el 21 de diciembre para reivindicar la lucha social que le costó la vida a su hermano. Y si ¿A dónde iba a estar la Cele si no era en las barricadas de los que luchan? Se nos piantó rápido, prácticamente no hubo tiempo para despedirse, su alma cansada de tantas batallas propias y ajenas, decidió salir a buscar al Pocho para contarle lo mucho que se sigue sufriendo aquí abajo.

Llegó a nuestra ciudad siendo una jovencita en búsqueda de justicia por aquella masacre perpetrada. “La Cele” iniciaría entonces, una estoica militancia social por las infancias y el feminismo, que luego se traduciría en su participación política institucional como concejala.

Cuando llegaban los pobres al Concejo, los demás concejales les decían anda a la oficina de Celeste, ella los recibía mientras que el resto sonría de manera burlona en los pasillos del Palacio. Desde que dejó de ser concejala, nunca más entro un pobre, pusieron todo tipo de trabas al acceso al mismo”, enfatizó el artista, compañero y amigo “Mono” Saavedra.

Otro incansable jinete de las causas colectivas y referente social de la organización barrial “La Hormigonera”, Rodrigo “bichito” Gauna, lanzaría un categórico “la política no cambia a las personas, las muestra tal cual son”. Una definición contundente del trabajo realizado por Celeste en el Concejo, lugar que transitó sin abandonar su rol docente en la escuela nocturna de Ludueña ¿Qué más podemos agregar?

Celeste era esa que se plantaba rígidamente ante los acuerdos políticos, los consensos con olor a traición y los tibios posicionamientos de revolucionarios de café. Celeste era esa que en cada mensajito o llamado su puerta, decía presente para colaborar, la que jamás dejó de transitar las barriadas mas profundas, la que, a su desgastante rol militante, le sumaba el de madre.

Pasaron tres años, parece que fue ayer, porque claro, los que nacieron para sembrar seguirán cosechando eternamente. Su mirada tierna, su abrazo sincero, sus oídos dispuestos y su corazón siempre al frente. La rudeza de sus ideas convertía su fragilidad en un escudo inexpugnable, los imprescindibles nunca se piantan, se toman un descanso para tomar carrera y volver multiplicados en cientos, en miles, en millones. La hormiga y la luciérnaga, como diría el gran Vicente Zito Lema, «Aunque mueran los que aman, el amor no cesa…».

 

 

Últimas Noticias