MIéRCOLES, 03 DE JUN.

En Rosario hay unas mil personas en situación de calle: ¿cómo funcionan los refugios de verano que ofrecen cama, comida y baño?

Ante el aumento en la cantidad de personas que no tienen vivienda, la Municipalidad decidió mantener abiertos cuatro refugios, por los que circulan entre 350 y 400 ciudadanos por noche. En algunos de estos espacios se brindan talleres y acompañamiento terapéutico para lograr que los asistentes se reencuentren con su familia y con su vida habitual.

Las altas temperaturas, la ferocidad del sol y las tormentas de verano son factores hostiles para las casi mil personas que están en situación de calle en Rosario. Por ello –y tal como ocurre desde hace dos años–, la Municipalidad decidió mantener abiertos cuatro refugios, para que esta población cuente con un lugar donde pasar la noche, higienizarse e ingerir alimentos nutritivos.

En el marco del operativo “Verano Solidario”, hay entre 350 y 400 personas que en los meses de calor recurren a los albergues municipales, los cuales registran una alta ocupación. Se trata del Refugio Grandoli (Esmeralda al 3549), el Refugio Felipe Moré (Felipe Moré al 929),el Refugio Sudoeste (Uriburu al 3865) y Cáritas Rosario (Balcarce al 1077). Los tres primeros alojan a varones mayores de 18 años, mientras que el último recibe a mujeres a partir de la misma edad.

El subsecretario de Abordaje Territorial de Rosario, Gabriel Pereyra, habló con Conclusión desde el Refugio Grandoli y destacó: “De acuerdo a algunas proyecciones que veníamos haciendo, definimos tener los refugios abiertos por otro año más. La ocupación está casi en su totalidad, pero garantizamos lugares para quienes quieran venir y hacer uso de esta herramienta de alojamiento”.

El funcionario precisó que actualmente hay entre 350 y 400 personas alojadas en los cuatro refugios, aunque es un número que varía: “Un alto porcentaje de usuarios sostienen la estadía diaria, pero otros vienen por un tiempo, quizás consiguen un trabajo y van liberando plazas que son ocupadas por otras personas, por eso tenemos una rotación”.

En verano los refugios brindan las mismas prestaciones que en invierno: alojamiento nocturno, una cena nutritiva, y la posibilidad de que los asistentes se higienicen y se den un baño refrescante para afrontar las altas temperaturas. “Queremos que encuentren un espacio tranquilo para hacer una vida en comunidad, que dialoguen, jueguen a las cartas o a otras experiencias lúdicos o agarren un libro”, destacó.

Sobre las rutinas dentro de los refugios, Pereyra apuntó: “Apenas llegan, meriendan. Después se higienizan, cenan y se acuestan adormir. Al otro día, el que quiere se puede quedar en los espacios de centro de día, que funcionan de 8 a 11. Aquí se brinda un acompañamiento terapéutico, con talleres de formación. También se ofrece la posibilidad de dialogar con los operadores en privado, para contarles lo que les pasa y, si lo amerita, recibir apoyo profesional”.

Panadería y huerta: la importancia de un oficio

En el Refugio Grandoli se ofrecen algunos talleres a través de los cuales las personas elaboran o cultivan sus propios alimentos: un maestro panadero les enseñó a hacer pizzas o productos de repostería –que algunas veces son consumidos durante la cena–; y también hay una huerta en la que se siembran diferentes verduras.

Además del refugio, en este predio también funciona un hogar para adultos mayores y un hostal con permanencia durante las 24 horas. En este espacio, y bajo la tutela de un maestro de expresión musical, se formó una banda llamada “Perdió la cama”. “También estamos por crear talleres de puntos digitales, creo que este año la vamos a poder poner en marcha, para que las personas tengan herramientas en la era digital”, adelantó Pereyra.

“Tenemos infinidad de historias, hay gente que ha tenido formación académica, pero lamentablemente cayó en una dinámica que los llevó a estar en situación de calle. Los refugios son espacios transitorios para que estas personas vuelvan a comenzar y se reencuentren con su familia y con su vida habitual”, completó el funcionario.

El desafío de dejar la calle

Se estima que en Rosario hay entre 800 y 1.000 personas en situación de calle, de las cuales aproximadamente 400 asisten a los refugios de verano. No obstante, el subsecretario de Abordaje Territorial aclaró: “A veces nos llega el reporte de una presunta persona en situación de calle, pero cuando el operador estatal llega al lugar muchas veces no encuentra a nadie, entonces consulta en el barrio y le dicen que suele estar hasta determinada hora, se va y vuelve a la mañana. Se trata de ciudadanos que no están en situación de calle, pero pasan un largo tiempo del día en la vía pública buscando algún sustento económico. Por eso la sensación o el imaginario es que hay más personas en esta situación”.

En relación a los motivos que llevan a que una persona viva en la calle, Pereyra analizó: “Las historias son múltiples. Hay gente que ha caído en el consumo y eso produce, con el tiempo, un deterioro en la salud mental. Hay personas que han perdido su trabajo, otras que han pedido préstamos o han perdido su casa. También hay vecinos de otros sectores de la ciudad que tienen su casa, pero durante el día hacen algún tipo de changa o trabajo informal y, por cuestiones de cercanía, pernoctan en el refugio”.

Y cerró: “Hay gente que resquebrajó su vínculo familiar y necesita un tiempo para recuperarse, porque tiene vergüenza de que la familia lo vea así, o se ha peleado por esa situación con sus seres queridos y necesita ese tiempo”.

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