Relato de un «refugiado»: “La calle es siempre lo mismo, no hay cosas nuevas, es destrucción para uno”
Yamil ingresó hace un año a un refugio municipal para personas en situación de calle. Seis años sin techo, adicciones, un “maltrato” que lo dejó en el hospital. Ahora armó una banda musical, cuyo nombre es la derivación de una regla interna de la institución: “Perdió Cama".
- Ciudad
- Por Luciano Couso
- Ene 24, 2026
Hace un año y una semana Yamil ingresaba por primera vez el Refugio Grandoli, uno de los cuatro espacios que el municipio ofrece a personas en situación de calle con el objetivo de dejarla para rearmar una trayectoria de vida menos odiosa consigo mismo. Cuando vio los camastros dispuestos uno al lado del otro -como en cuartel- “mucho no me gustó”, pero igual se quedó. Unos años antes, había llegado a Rosario desde “un pueblo”, formó una pareja, convivió cinco años, pero el vínculo se rompió. “En vez de volverme a mi pueblo, decidí quedarme en la calle y vivir, qué sé yo, una experiencia”, dice a Conclusión. Ahora, con el diario del lunes de su propia biografía, puede determinar que no fue la mejor decisión. “La calle es siempre lo mismo, no hay cosas nuevas, es destrucción para uno”, cuenta cuando el sol aún no aprieta tanto, en la mañana del miércoles 21 de enero, desde la institución ubicada en zona sur que le brindó cobijo y le permite intentar darle otro horizonte a su existencia. Ahí armó una banda musical, “Perdió Cama”, que tiene su historia. «Me siento mucho mejor, cambié mucho. Tuve mis recaídas leves, pero empecé a ver la vida de otra manera«.
Entre ochocientos y mil
Los refugios municipales, que ahora se llaman “de verano”, pero con el frío se denominan “de invierno”, son espacios destinados brindar mejores condiciones de permanencia a personas en situación de calle: un ducha, sanitarios, una comida y una desayuno.
En Rosario, según estimó ante Conclusión el subsecretario de Abordaje Territorial local, Gabriel Pereyra, son entre 800 y mil personas las que deambulan sin techo o se afincan en espacios públicos o privados. El número es variable, se trata de algo dinámico.
Los motivos por los que una persona decide -o no le queda otra que- residir en la calle son múltiples: deudas, consumos problemáticos, rupturas familiares, crisis subjetivas, entre tantas más. Los de Yamil están relacionado con una ruptura de pareja y la determinación de no volver a su pago chico, y encarar en cambio la vida “callejera” en la ciudad grande.
“Yo estoy acá en el Refugio Grandoli desde el 14 de enero de 2025 que ingresé. Vine con una lesión de la calle. Estuve seis años en la calle. Tengo mi casa en un pueblo. Estuve juntado acá cinco años. Después rompí el vínculo con la pareja y decidí, en vez de volverme a mi pueblo, quedarme en la calle y vivir, qué sé yo, una experiencia. Supuestamente iba a ser de poquito tiempo, pero se me hicieron seis años”, cuenta.
Al Refugio Grandoli lo llevó una lesión en el brazo producto de “un maltrato callejero» por el que terminó internado. Para Yamil ese fue un momento de quiebre. “Eso fue como un parate y decir, qué sé yo, ‘no quiero más esto’. Necesitaba otra atención, no podía estar con una cirugía tirado en la calle. Así que, por contactos de unos compañeros, me hicieron llegar acá, al Refugio Grandoli”. Eso ocurrió el 14 de enero de 2025, hace un año.
Pasar de vivir en calle a estar institucionalizado no es un paso simple. Yamil ya había probado ese sabor cuando por la pandemia de coronavirus se decretó la cuarentena, formalmente conocido como aislamiento social obligatorio, en marzo de 2020. “Había estado en pandemia, que fue cuando comencé a estar en la calle, en La Rural. Estuve ahí unos días y nos agarró justamente la cuarentena. Así que teníamos que estar 12 o 14 días encerrados con 120 monos que dije ‘me quiero matar’”.
Dios y el Diablo
Pero ese encierro no fue extenso. “Gracias a Dios, a los 14 días me dio todo negativo y dije, ‘nunca más en un refugio‘. Porque imaginate que, en ese momento, en mi cabeza tenía esta idea de que, ‘ahora en 15 días le va a dar positivo a otro y vamos a tener 15 días más’…Y al ser tanta gente, pensaba ‘acá no salimos más’. Y, bueno, pudimos salir y ahí comencé a vivir en situación de calle».
En cuanto a todo lo vivido, Yamil remarcó: “Cada uno tiene su experiencia, no todos tenemos la misma experiencia en la calle, pero quien vive en la calle es quien pertenece y vive, por decir, para el diablo”.
En ese sentido, el joven señaló que algo de comida se «rescata» en la calle y el dinero que se consigue, generalmente, es todo para estupefacientes. «Porque si tenemos problemática de adicciones, es para trabajar todo el tiempo para eso. Todo lo que uno genera es para consumirse en vida”, cuenta.
“Y nada, el mensaje es que es siempre lo mismo, no hay cosas nuevas, es destrucción para uno”, completa sobre la vida callejera, que no es fácil dejar. Tras un año en el refugio, Yamil encontró allí atención médica, talleres de panificación y huerta, amigos, comida, techo y la posibilidad de “rescatarse” de sus seis años en la calle, donde reina “el diablo”.
Perdió Cama
El presente es otro. Yamil se fue adaptando y terminó armando un grupo musicla.“Había una guitarra en el Hostal (una de las instituciones que funciona en el predio de zona sur, con usuarios las 24 horas). Yo no sé tocar, pero toco dos o tres temas y junto con un músico del Hostal, un profe de adultos mayores, decidimos ver si podíamos hacer algo. Me dijo que estaba buena la idea, qué sé yo…”
Incentivado por el docente, Yamil cuenta que, aunque al principio eran poquitos chicos con la idea de la banda, poco tiempo después se fueron sumando otros. “Llegamos a ser seis», contó el joven aunque, ahora, son tres integrantes.
En cuanto al origen del nombre contó: «Viste cómo estamos acá… vamos perdiendo la cama. Si por ahí la gente falta dos días, pierde la cama. Esa es la norma, el que no acude al servicio pierde la posibilidad de mantener la plaza.Y el nombre de la banda terminó siendo ‘Perdió Cama’. Arrancamos así como con un hobby y terminamos que nos llamaban de todos lados”.
Yamil también contó que la banda tiene dos instrumentos, un cajón peruano y una guitarra criolla. «Es todo lo que tenemos, con eso hacemos lo que podemos. Sontodos covers: Los Piojos, El Indio,Callejeros, de todo un poco. También hay algo de folclorem que hace Diego, otro de los chicos que hoy no está. Teníamos otro compañero que hacía rap, pero perdió la cama y creo que no vuelve más».
El proyecto musical, el vínculo con otras personas que pasaron por historias distintas, la rutina que supone pasar por refugio y aceptar sus reglas operaron cambios en el joven «Me siento mucho mejor, cambié mucho. Tuve mis recaídas leves, pero empecé a ver la vida de otra manera«, dice Yamil sobre las cosas que se modificaron en un año.
«Hoy en día estoy trabajando -agrega-, no todos los días, pero estoy mejor, me siento mejor yo. Estube mucho tiempo tirado a la calle y este tiempo que fue un año en el refugio, que es un montón, pero a la vez es muy poco a lo que estuve perdiendo el tiempo. Y ahora lo estoy ganando».


