Rosario Sin Secretos: en el nombre del Padre, del Hijo y de la amada Ciudad
¿Cuándo estrenamos oficialmente el nombre de Rosario? Cuenta la historia que fue en una fecha del mes de febrero, mucho antes que se celebrara -el día anterior-, el histórico Día de la Escarapela. O de cómo pasamos a recibir el nombre de Rosario en un primer manuscrito realizado por un obispo en visita pastoral.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Feb 24, 2026
Desde sus más remotos orígenes, esta ciudad que habitamos y nos habita, ha estado vinculada al ámbito espiritual y religioso al punto de recibir su nombre de capilla del Santísimo Rosario del Pago de los Arroyos; designarse para ella en 1725 a Francisco de Frías como primera autoridad denominada “Alcalde de la Santa Hermandad”, que no era ni más ni menos que honrar uno de los principales mandamientos de la fe cristiana como es el de “amarse los unos a los otros”, e incluso ser salvada milagrosamente gracias al amparo de la Virgen María durante epidemias, bombardeos, incendios y malones de indios salvajes de los que hay abundante bibliografía para los espíritus curiosos que deseen investigar en nuestra historia.
Pero, ¿cuándo aparece por primera vez el nombre de Rosario en un documento oficial?
Ya éramos Curato del Pago de los Arroyos desde 1730 gracias a la petición al Cabildo Eclesiástico del gobernador Bruno Mauricio de Zabala, al que injustamente quitaron de la nomenclatura en un pasaje que llevaba su nombre a la altura de Mitre (aunque nos gustaba más el antiguo nombre que esta tenía, Progreso), al 300.
Fue exactamente un día como hoy, el 24 de febrero de 1742, cuando en visita pastoral, el octavo obispo de Buenos Ayres, fray José Antonio de Peralta Barnuevo (o Barrionuevo en algunas biografías) y Rocha Benavídes, nacido en 1669 y fallecido cuatro años después de haber andado por estos lares, fecha un acta en “Rosario de los Arroyos”. Aparece éste, entonces, como el primer documento oficial en el que la ciudad de Rosario fue nombrada como tal.
El virreinato del Perú, o virreinato de Nueva Castilla, oficialmente Reino del Perú, fue creado en 1542 por la Corona Española, con capital en Lima, durante su dominio como imperio español y abarcaba casi toda la América del Sur.
Allí fue donde nació este obispo -hermano de Pedro, uno de los hombres considerado más sabio y brillante en el ejercicio del derecho, en el Perú-, que anduvo por Rosario, 284 años atrás, y nos bautizó, oficialmente y por escrito, con el nombre de Rosario.
Fue precisamente el Papa Clemente XII quien lo eligió como obispo de la sede de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre, hoy Buenos Aires, otra ciudad que no le va en zaga respecto al origen fervorosamente católico.
Antes, Peralta Barnuevo había actuado en los Curatos de Baradero, San Antonio de Areco y Luján, hasta que en 1741 llegó a su sede en el Convento de los Dominicos.
Esta Orden religiosa, sumamente vinculada con el paso del tiempo -70 años después que se conociera el nombre oficial de Rosario por primera vez-, con Manuel Belgrano, el gran pro hombre que nos hizo Cuna de la Bandera el 27 de Febrero de 1812, y Cuna de la Escarapela cuatro días antes, ya que los rosarinos estrenamos por primera vez ese símbolo que identificaba a los ejércitos y milicianos que luchaban por nuestra libertad e independencia (no es casualidad que las baterías levantadas en las altas barrancas de las ceibas llevaran esos nombres), el 23 de Febrero de 1812.
Hablábamos de la vinculación de la Orden y del creador de la Bandera, decididamente muy mariano y poseedor de un fervoroso espíritu católico, ya que fue terciario dominico, vale decir, miembro laico de la Orden de Predicadores, con profunda devoción por Santo Domingo, al punto de ordenar en su testamento ser sepultado con el hábito de la orden religiosa.
En el Diario de Marcha, escrito de su puño y letra, también da cuenta de su fervor religioso por cuanto cada jornada mencionaba el santoral del día que se celebraba y sus propios soldados rezaban cada noche el Santo Rosario antes de retirarse a sus catres y a sus carpas levantadas en la zona del hoy parque Urquiza, alguna vez denominado Parque de los Derechos de la Ancianidad.
Y muchas veces los músicos de la banda acompañaban con sus sones las estrofas de aquella primera canción patriótica de la que tan bien reseñó en sendas conferencias y un logrado trabajo en internet, altamente recomendable, el médico y artista plástico, doctor Jorge Alberto Marcipar.
Por eso resulta cuanto menos extraño que haya historiadores que aseguren, sin hesitar, que en Rosario la Bandera no fue bendecida ni jurada, negando la extraordinaria participación del párroco Julián Navarro, con intensa y comprometida actividad independentista, no sólo durante la revolución de Mayo, la creación de nuestro máximo símbolo de soberanía, el combate de San Lorenzo junto a los granaderos de José de San Martín -de quien este 25 de febrero se cumple un nuevo aniversario de su nacimiento-, sino también en la campaña al Paraguay de Belgrano, la naval de Juan Bautista Azopardo y acompañando como capellán el cruce de la Cordillera de los Andes en la gloriosa campaña libertadora del Padre de la Patria.
Un pormenorizado informe del doctor Jorge Tomasini Freyre, presidente del Instituto Belgraniano de Rosario, da cuenta del origen de esa versión en un minucioso trabajo de investigación que daremos a conocer a la brevedad.
Porque febrero es, sin duda, ¡un mes para hacer Bandera!

