Peces contaminados: un riesgo invisible que también llega a la mesa
“No hay aún análisis publicados del Carcarañá. Pero esperar a tenerlos no es una estrategia preventiva. Es una estrategia tardía”, indicó Rafael Lajmanovich Investigador Principal CONICET y de la Universidad Nacional del Litoral.
- Ecología
- Por Alejandro Maidana
- Feb 28, 2026
En Argentina, desde la aparición de los cultivos genéticamente modificados (CGM) en la década de 1990 (particularmente la soja RR), el uso del herbicida glifosato creció exponencialmente aumentando el riesgo ambiental para la vida silvestre y para los seres humanos debido a las exposiciones crónicas.
En este contexto, los CGM dependen principalmente de este agroquímico, sus formulados y de otros herbicidas. Por otra parte, las cuencas fluviales más importantes de América del Sur adyacentes a áreas agrícolas, en especial el rio Paraná, acumulan altas concentraciones de pesticidas en los sedimentos y el agua. Estos químicos provenientes de las actividades agropecuarias también se bioacumulan en organismos acuáticos como los peces.
La persistencia de residuos de plaguicidas en los cuerpos de agua tiene una gran relación con las propiedades fisicoquímicas, pero también de las condiciones climáticas y los niveles hidrológicos. Asimismo, se ha demostrado el aumento de las concentraciones de estos compuestos en aguas y sedimentos en el tramo inferior de los ríos y que los escurrimientos de agroquímicos, desde las áreas agrícolas, aumentan durante la estación seca.
El estudio realizado por llevado Adelante por Ana Paula Cuzziol Boccioni, Paola Mariela Peltzer, Rafael Carlos Lajmanovich, María Rosa Repetti y Andrés Maximiliano Attademo, arrojó que elestudio revela que las altas concentraciones de plaguicidas (insecticidas, herbicidas y fungicida) encontradas en el músculo de sábalos del Río Salado representan un riesgo alimentario significativo para la salud humana, particularmente para las comunidades ribereñas vulnerables que dependen de estos peces como fuente principal de alimento.
El Carcarañá y un poderoso llamado de atención
La reciente mortandad de peces en el río Carcarañá no solo constituye una señal de alarma ambiental. También plantea una pregunta que impacta directamente en la salud pública: ¿es seguro consumir peces provenientes de un río que acaba de sufrir un episodio de contaminación aguda?
Actualmente, no existen estudios publicados específicos que hayan evaluado la presencia de plaguicidas en tejidos de peces del río Carcarañá. Sin embargo, desde el punto de vista científico, es posible realizar inferencias basadas en las características del sistema que lo rodea.
«El río Carcarañá atraviesa una de las regiones agrícolas más intensivas de la Argentina, dominada por cultivos extensivos de soja, maíz y trigo, con uso sostenido de herbicidas, insecticidas y fertilizantes. Este contexto productivo es estructuralmente similar al de la cuenca del río Salado, en Santa Fe, donde se detectaron residuos de múltiples plaguicidas en el músculo y viseras de peces destinados al consumo humano, incluyendo compuestos clasificados como posibles o probables carcinógenos», indicó el investigador del Conicet Rafael Lajmanovich.
Estos hallazgos no fueron aislados. El análisis del índice de riesgo alimentario mostró que el consumo de estos peces representaba un riesgo potencial, particularmente en poblaciones ribereñas que dependen de este recurso como fuente diaria de alimento. —en particular pescadores artesanales y comunidades ribereñas que consumen pescado con mayor frecuencia— presentan un riesgo significativamente más elevado de exposición a estos contaminantes, superando los umbrales considerados seguros para la salud humana.
«La similitud en el modelo productivo, el uso del suelo y las fuentes de presión ambiental permite afirmar que el río Carcarañá está expuesto a los mismos tipos de contaminantes. En consecuencia, es científicamente razonable considerar que sus peces también pueden estar expuestos de forma crónica a plaguicidas y otros contaminantes derivados de la actividad agroindustrial», sostuvo.
La mortandad reciente no crea este problema, lo revela
«Cuando ocurre un evento de este tipo, los peces muertos representan la manifestación visible de una alteración ambiental. Pero los peces que sobreviven también pueden haber incorporado contaminantes en sus tejidos mediante procesos de bioacumulación. Esto implica que el riesgo potencial no desaparece cuando cesa la mortandad», enfatizó Lajmanovich.
Puede persistir en forma invisible
Es importante entender que la apariencia externa del pez no permite determinar si es seguro para el consumo. Un pez puede parecer normal y contener residuos químicos. La cocción no elimina plaguicidas ni metales pesados.
«Por esta razón, desde una perspectiva preventiva, es prudente evitar el consumo de peces provenientes de sectores del río afectados por eventos recientes de mortandad, al menos hasta que se realicen análisis específicos que permitan evaluar su seguridad. Este no es un planteo especulativo, sino una conclusión basada en décadas de investigación en sistemas fluviales de la región», dijo.
Los ríos no generan contaminantes, los integran
Los peces, como parte de ese sistema, pueden convertirse en indicadores —y también en vectores— de exposición ambiental. «La protección de la salud humana comienza por reconocer esta conexión. Porque cuando un río se contamina, el problema no termina en el agua. Puede continuar en la cadena alimentaria», concluyó Rafael Lajmanovich.

