MIéRCOLES, 03 DE JUN.

Jerarquía, aplomo y paciencia

El Canalla trabajó el partido en el Parque, espero su turno, pegó en los momentos justos y después manejó el trámite con experiencia. Corrigió un flojo primer tiempo con mayor presencia en la segunda mitad, y cuando se dio cuenta que tenía que dar el golpe sobre la mesa, lo aprovechó al máximo. Nuevo triunfo sobre su máximo rival, con una diferencia que empieza a ser histórica.

 

Rosario Central se regaló otra alegría clásica, una más en el partido de la ciudad, algo que ya se tornó costumbre. La jornada dominguera calurosa de domingo en el Marcelo Bielsa no dio lugar a sorpresas y primó la lógica. Se impuso la jerarquía. Cuando se cuenta con jugadores de amplia trayectoria es más fácil sacar adelante situaciones complejas, resolver trámites disputados y, con un toque de magia, llevar adelante el desenlace al terreno más favorable.

Al Canalla no le fue sencillo resolver exitosamente su excursión al Parque Independencia. En la primera etapa se encontró con un Newell’s voluntarioso, luchador y motivado por la llegada de su nuevo entrenador. Los 45 iniciales se jugaron más como quiso el equipo de Frank Darío Kudelka que el de Jorge Almirón. La Lepra presionó alto, recuperó varios balones en la mitad de cancha y agarró muchas veces mal parado al conjunto auriazul.

De hecho, las dos únicas llegadas a los arcos en el primer tiempo fueron para el local, primero con un Juan Ignacio Ramírez al que lo trabó justo Emmanuel Coronel cuando iba a definir sin arquero y luego con un intento desde afuera de Walter Nuñez que pegó en el palo y en la espalda de Jeremías Ledesma. Central no hizo pie, perdió el duelo en el medio y arriba dependió de un Ángel Di Maria visiblemente diezmado, que apenas pudo conectarse con Alejo Véliz y sus socios de ataque.

Más allá de disponer de la posesión, el equipo de Almirón tuvo dificultades para elaborar situaciones de gol, yéndose al descanso sin llegadas al arco de Williams Barlasina. Además del mencionado Di Maria, Julián Fernández estuvo bien marcado por Armando Méndez, y solo el esfuerzo de Enzo Giménez para ganar córners llegó a ser lo más ‘preocupante’ para el rival. Faltó mucho más aporte del chileno Vicente Pizarro, de discreta tarea, mientras que tampoco pudieron desdoblarse con claridad Coronel y Agustín Sández. Franco Ibarra, como siempre, el más firme y regular en la zona medular. Había mucho para revisar y corregir en el descanso.

En el complemento, Central fue otro. Sabía de sus capacidades pero le faltaba determinación para convencerse de que, con un poco de ímpetu, juntando pases en los metros finales y jugando con decisión, podía resolver la historia a su favor. Así lo hizo. Tras una combinación colectiva, Gastón Ávila le bajó la pelota de cabeza a ‘Fideo’ dentro del área, y el campeón del mundo, en absoluta soledad, sentenció a Barlasina con un zurdazo de sobre pique, definición conocida que le permitió varios goles en la Selección Argentina, esta vez en casa y en el partido más deseado.

Ahora si, ya en ventaja, se vio lo mejor del Canalla, que se afianzó y manejó el partido a voluntad con aplomo, sapiencia e inteligencia. Ibarra fue un relojito, distribuyendo con criterio, Giménez siguió siendo incansable en el ida y vuelta, los laterales se soltaron más, y el ingreso de Jaminton Campaz aportó aún más peligro por el sector izquierdo, con el desequilibrio habitual. Pero claro, a pesar de la superioridad en cada sector, la diferencia era exigua, había que bajarle la persiana al encuentro.

Newell’s se quedó sin energías y ni siquiera preocupó a Ledesma en la segunda mitad, empujando solo con centros desesperados. Central sacó máximo provecho de otra llegada y, de una vez por todas, liquidó el pleito. En un córner, Sández peinó el balón y apareció Enzo Copetti, que había ingresado por un extenuado Alejo Véliz, en el área chica para empujar la pelota y ponerle cifras mayores a la victoria auriazul, que a esa altura resultó indiscutida.

Con el trámite resuelto, Central hizo circular la pelota con comodidad, esperando el pitazo final de Yael Falcón Pérez, de buen arbitraje. Se fundió íntegramente en un gran abrazo en el círculo del campo y dio lugar a un festejo mesurado por el contexto. Tres puntos merecidos por lo hecho en el segundo tiempo, pudiendo resolver con experiencia un encuentro en el cual le costó acomodarse, pero cuando lo hizo, a partir de los goles, marcó las diferencias notorias entre ambos planteles, redondeando otro triunfo ante su máximo adversario, con un Ángel Di Maria que agiganta su leyenda, respaldado por un equipo que lo entiende y trata de acompañarlo de la mejor manera.

 

 

 

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