¿Quién se va a hacer cargo del peor Newell’s de la historia?
Sin reacción de los jugadores, ni del cuerpo técnico, ni de los dirigentes, ni tampoco de los hinchas. La ‘Lepra’ jugó su peor partido del año, sufrió un baile total frente a Lanús y exhibió toda su fragilidad en una noche de terror, que profundiza cualquier preocupación ya existente. Boero y Sensini acumulan (en tiempo récord) más derrotas de fin de ciclo que goles a favor. ¿Hasta cuándo se sostienen?
- Deportes
- Por Santiago A. Fraga
- Mar 17, 2026
¿Volverá Ignacio Boero a dar una conferencia de prensa diciendo que todavía es muy pronto para hacer un balance del mercado de pases? ¿Saldrá Roberto Sensini a analizar nuevamente que el equipo está mejorando? Si quizás aún había alguna persona en el mundo o un extraterrestre que no había visto un solo partido de Newell’s en todo el año y todavía guardaba una posibilidad de decir que la gestión deportiva para este año fue buena, el papelón histórico de este martes frente a Lanús debería de haber terminado de despejar cualquier duda frente al desastre que hicieron.
Un equipo que no compite, con jugadores sin técnica y sin sangre, que se derrumba al primer gol del rival (o antes) y al que le cuesta horrores coordinar dos pases seguidos, con cuerpos técnicos que no le encuentran la vuelta a un equipo imposible de armar, con dirigentes incompetentes y sin autocrítica y con hinchas que parecen ya haberse acostumbrado a la desgracia constante.
Si el equipo había mejorado aunque sea en alguna mínima cuestión desde la llegada de Frank Kudelka, todo ese progreso hoy se transformó en una completa y absoluta involución. Y si bien al técnico se le pueden cuestionar varias de sus decisiones para este partido (como sostener la horrenda zaga Goitea-Salcedo, volver a incluir a Luciano, el triple cinco y sobre todo sacar a Núñez de los titulares), lo cierto es que lejísimo está de ser el máximo responsable en la lista de quienes llevaron a Newell’s a este presente de tener, sin dudas, el peor equipo de su historia.
Boero y Sensini acumulan (en tiempo récord) en su gestión más derrotas “de fin de ciclo” que goles a favor, y sin embargo lejos está de aparecer una autocrítica (sí, en cambio, surgen las mentiras como las que tienen que ver con su relación con Juan Concina), y aun más lejos aparece la posibilidad de que haya una reacción. Si Ignacio Astore ya había dejado tierra arrasada, arruinando planteles y vida política y social, lo de esta comisión directiva fue simplemente pisar el acelerador rumbo al precipicio.
Nunca estuvo tan firme la posibilidad de descenso para Newell’s, y nunca hizo tantos méritos para merecerla como lo que está haciendo en los últimos años, y especialmente en el último semestre.
Esta noche, la ‘Lepra’ exhibió todas sus fragilidades y falencias desde el inicio mismo del encuentro, siendo incapaz de marcar presencia en el mediocampo, sin coordinar más de tres pases seguidos en ningún momento y con sus defensores fallando en las marcas y el posicionamiento en cada jugada.
Enfrente, un club que hace las cosas seriamente como Lanús se hizo un festín a partir de la movilidad de sus futbolistas, combinando la experiencia de Eduardo Salvio y Walter Bou con la explosividad de Dylan Aquino para convertir cinco goles (y mereciendo hacer más, sacando el pie del acelerador en la segunda mitad del complemento).
Walter Núñez, a pesar de jugar solo 30 minutos, fue nuevamente el único jugador en salvarse del aplazo en un equipo insalvable, fruto de un plantel que se reforzó con futbolistas mediocres, que está descompensado (sin un solo lateral izquierdo digno, sin cinco, sin alternativas) y arruinado físicamente (ninguno aguanta más de 50 minutos en cancha).
Desde que cambió la dirigencia y comenzó la temporada 2026, Newell’s acumula 3 puntos sobre 30 en juego, no ganó ni uno de los 10 partidos que jugó en el año (perdió 10 de los últimos 14), es el equipo más goleado del torneo (22 tantos), se ubica último en la tabla de su zona y último en la Tabla Anual, que sentencia un descenso a la segunda categoría del fútbol argentino. Con el aliciente de que todo esto ocurre en un torneo de 30 equipos, de los cuales la mitad -al menos- ya de por sí no tienen nivel de Primera División y con un formato que regala oportunidades sin hacer demasiados merecimientos.
¿Llegará la reacción en algún momento o el sombrío final ya está aceptado así sin más? ¿Qué se termina primero, la paciencia o la inacción?

