A 50 años del horror: la memoria como bandera frente a las deudas de la democracia
Conclusión hace un repaso del medio siglo desde que las Fuerzas Armadas derrocaron el gobierno de María Estela Martínez de Perón con complicidad civil, eclesiástica y empresarial, la dictadura más sangrienta y los siete años más oscuros que vivió Argentina en el siglo XX. La recuperación de la democracia, los juicios y la democracia que supimos construir.
- Conclusion TV
- Por Pablo Kassabian - Nicolás Heredia - Lisandro Leoni
- Mar 24, 2026
El 24 de marzo de 1976, a las 3:21 de la mañana, la marcha militar «Avenida de las Camelias» irrumpió en las transmisiones de Radio Nacional y el Canal 7 para anunciar el inicio del «Proceso de Reorganización Nacional». Lo que siguió fue el derrocamiento de María Estela Martínez de Perón y el comienzo de «los años más sangrientos, más tristes, más oscuros que vivió la República Argentina».
«Se pone en conocimiento de la población que las operaciones de control militar en todo el territorio nacional se desarrollan conforme a los planes previstos. Comunicado Nº 1 de la Junta Militar: se comunica a la población que, a partir de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta Militar. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanen de la autoridad militar, de seguridad o policial, así como extremar el cuidado para evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operaciones».
Con este comunicado, firmado por Jorge Rafael Videla, teniente general, comandante general del Ejército; Emilio Eduardo Massera, almirante, comandante general de la Armada; y Orlando Ramón Agosti, brigadier general, comandante general de la Fuerza Aérea, comenzó el Gobierno de facto mas sangriento de las historia argentina.
A 50 años de aquel quiebre institucional, Conclusión da cuenta que el golpe cívico militar no solo buscaba el control político, sino una reestructuración profunda de la sociedad. El objetivo era instaurar un modelo basado en la primacía del capital financiero. Este plan económico buscaba quebrar la organización de los trabajadores que custodiaban las conquistas sociales obtenidas desde principios del siglo XX.
Marianela Scocco, historiadora e investigadora del Conicet, explicó a Conclusión que fue «un golpe que significó la instauración de un gobierno militar de características inéditas, porque este gobierno se proponía reestructurar política, social y económicamente la Argentina». «De hecho, de ahí su nombre: Proceso de Reorganización Nacional, pues buscaba reorganizar toda la sociedad en los términos que la habíamos conocido. Principalmente con respecto a lo económico, logró instaurar un modelo basado en la primacía del capital financiero y empezó un proceso de desindustrialización que continúa hasta el día de hoy».
La represión en la región tuvo centros neurálgicos de horror. Los sobrevivientes recuerdan el paso por el Servicio de Informaciones (ubicado en San Lorenzo y Dorrego), donde operaba una «patota de bestias» bajo el mando de figuras como Agustín Feced y personajes macabros como «el ciego» Lo Fiego que también se hacía llamar «doctor Menguele».
«Yo tenía 19 años cuando se produce el golpe y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), que era parte del proyecto político de Montoneros. Éramos jóvenes, la mayoría de los militantes de la UES tenían un promedio de 16 años. La represión fue indiscriminada; la mayoría fuimos secuestrados en la calle o en nuestras casas. Yo fui llevado al Servicio de Informaciones», contó a Conclusión, Jorge Palombo, sobreviente del terrorismo de Estado.
De la transición a las deudas pendientes
Tras la derrota en Malvinas y la llegada de la democracia con Raúl Alfonsín, se inició un camino de justicia único en el mundo con el Juicio a las Juntas. Sin embargo, el proceso estuvo marcado por tensiones como la «teoría de los dos demonios» y las leyes de impunidad. «En el año 83, al poco tiempo, se producen los Juicios a las Comandantes. Siempre me hizo ruido la famosa «teoría de los dos demonios» que nos ponía en el mismo lugar que a Videla o Massera; fue un error político grave de la dirigencia de entonces. Fue una democracia que nació muy condicionada por el momento» añadió Palombo.
«También hay que aprender que cuando se cometen crímenes económicos utilizando los resortes del Estado para perjudicar al pueblo, esos también son crímenes que afectan a la ciudadanía. Esos «ladrones de guante blanco» que nos atan a deudas imposibles de dimensionar también deben ser juzgados», sostuvo Tomas Labrador, integante de Hijos Rosario.
Para el Fiscal federal, Adolfo Villate, sostuvo que «hay quienes dicen que juzgar genocidios en una sociedad lleva 20 o 30 años; son delitos de poder donde ese poder sigue vigente. El juicio a las juntas fue el puntapié inicial y lo que vino después reafirmó que ese fue el paso correcto».
La lucha como único camino
Frente a un presente de pérdida de derechos, el mensaje de los organismos de derechos humanos es de resistencia optimista. Se rescata el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo, quienes comenzaron siendo apenas doce mujeres en un contexto de terror absoluto.
«Queremos dejar un mensaje de optimismo. Aunque hoy parece un momento de derrota por la pérdida de derechos del pueblo y la clase trabajadora, la forma de salir es luchando, siguiendo el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo. Cuando ellas empezaron eran solo 12 en la plaza y no podían ni reunirse; de ahí surgió la idea de la ronda para circular y caminar» puntualizó Marianela Scocco.
Palombó asegura que la gran deuda de la democracia es «el descreimineto al que llegamos hoy día en algunos sectores populares. Nosotros luchabamos por una sociedad justa, una sociedad con justicia social y eso es lo que queriamos».
«Lo que falló no es la democracia a secas, sino aquellos gobiernos compuestos por las grandes oligarquías», reflexiona el informe, instando a construir una democracia más participativa y con justicia social. A medio siglo del golpe, la exigencia sigue siendo la misma: «Señores jueces: Nunca más».

