VIERNES, 17 DE JUL.

Putin amenaza con enviar a la guerra a los universitarios con bajas calificaciones

Organizaciones de Derechos Humanos denuncian que estudiantes con malas calificaciones podrían ser enviados a la guerra como operadores de drones. Universidades ya participan del proceso.

En el contexto de la guerra entre Rusia y Ucrania, el presidente Vladimir Putin fue acusado de impulsar una controvertida estrategia de reclutamiento que apunta a estudiantes universitarios con bajo rendimiento académico. Según denuncian organizaciones de derechos humanos y medios independientes en el exilio, quienes desaprueben exámenes o mantengan calificaciones bajas podrían ser presionados para incorporarse al Ejército como operadores de drones.

Diversas ONG y periodistas opositores advierten que esta política representa un endurecimiento de las tácticas de captación implementadas por el Kremlin desde el inicio del conflicto. En efecto, la guerra iniciada el 24 de febrero de 2022 ya lleva cuatro años, y las autoridades rusas parecen intensificar sus esfuerzos para sostener el frente militar.

En este sentido, la activista Tamilla Imanova, del Centro Memorial para la Defensa de los Derechos Humanos, aseguró que el gobierno recurre a múltiples mecanismos de presión para sumar efectivos. Entre ellos, las amenazas previas contra ciudadanos rusos nacionalizados, quienes podrían perder su estatus si no se alistan.

Por otra parte, la periodista Daria Guskova, del medio opositor Mediazona, afirmó que los universitarios se convirtieron en el nuevo objetivo. Según sus estimaciones, las autoridades planean reclutar cerca de 78.800 personas para unidades de drones, de las cuales 58.000 serían estudiantes, donde se evidencia la prioridad estratégica que el gobierno otorga a este tipo de tecnología en el conflicto.

Asimismo, instituciones educativas de peso ya se habrían sumado a la iniciativa. Tal es el caso de la Universidad Estatal de Moscú, considerada la más prestigiosa del país, donde se habrían ofrecido contratos con el Ministerio de Defensa bajo la promesa de permitir a los jóvenes retomar sus estudios tras un año de servicio.

Sin embargo, lejos de generar consenso, la medida provoca preocupación entre las familias. Por ejemplo, Anastasia, madre de un estudiante admitido en esa universidad, expresó su incertidumbre ante el futuro de su hijo, al tiempo que lamentó que incluso instituciones de élite no queden al margen del clima de militarización.

A su vez, se estima que propuestas similares se extendieron a unas 200 universidades en todo el país, lo que da cuenta de la magnitud del operativo. En paralelo, también trascendieron episodios polémicos, como el protagonizado por Maria Kirsanova, rectora de una facultad en la Universidad de Lunin, quien increpó públicamente a estudiantes por negarse a alistarse, cuestionando su valentía.

Mientras el conflicto bélico continúa sin una resolución cercana, las denuncias sobre el reclutamiento de estudiantes abren un nuevo foco de tensión, tanto en el ámbito educativo como en el de los Derechos Humanos, y reflejan hasta qué punto la guerra impacta en la vida cotidiana de la sociedad rusa.

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