Revelan una agenda de control climático y acusan a la CIA de “envenenar el cielo”
Se trata de documentos desclasificados hace 60 años, estos archivos sostienen que la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos lanzó toxinas para intervenir la atmósfera y manipular el clima.
- Ecología
- Por Alejandro Maidana
- Abr 11, 2026
Inquieta de sobremanera lo que se manifiesta de manera opulenta desde las alturas, incluso en forma de mensajes. A menudo observamos aviones que surcan el cielo dejando estelas que cubren casi por completo el firmamento. Muchas son las experiencias y argumentos que aportan seriedad al debate. ¿El clima está alborotado? ¿O es el ser humano quien lo ha alterado y hoy intenta modificarlo de manera hostil e irresponsable?
La geoingeniería climática busca generar situaciones propicias que solo benefician a capitales privados. Esta controvertida práctica se viene desarrollando en silencio desde la segunda guerra mundial, destacando que todas estas aplicaciones se llevan adelante de manera clandestina y secreta. Destacando que desde la ONU estas prácticas fueron denunciadas por traición planetaria.
Cuando hablamos de geoingeniería climática, hacemos referencia a una serie de tecnologías propuestas para intervenir deliberadamente y alterar los sistemas de la Tierra a gran escala (es decir, planetaria). Existen dos direcciones principales para tales intervenciones: una es una serie de tecnologías cuyo propósito es reducir la cantidad de luz solar que ingresa a la atmósfera de la Tierra, para enfriar artificialmente el clima. Estos enfoques llamados “manejo de la radiación solar” (MRS) podrían consistir, desde la inyección de aerosoles en la estratósfera para imitar el efecto de una erupción volcánica o el blanqueamiento de nubes o de la superficie de los océanos para hacerlas más reflejantes.
La segunda categoría de intervenciones en los sistemas terrestres se agrupa bajo la denominación: “remoción de dióxido de carbono” (RDC) o “remoción de gases de efecto invernadero” (RGEI), cuya finalidad es absorber dióxido de carbono de la atmósfera en gran escala y enterrarlo en el subsuelo, en los océanos o en grandes plantaciones de monocultivos de árboles.
En general, la geoingeniería puede comprender intervenciones sobre la tierra, los océanos o la atmósfera e implica grandes riesgos e impactos adversos para las comunidades humanas, los ecosistemas y los procesos naturales, así como para la paz y la seguridad mundiales. Destacando que uno de los tantos artículos realizados para Conclusión, escudriñamos sobre lo que se denomina “Geoguerra”, la posible manipulación de los fenómenos meteorológicos para uso militar.
La CIA, los archivos secretos y el “envenenamiento de los cielos”
Días atrás, prensa internacional puso en agenda la manipulación del clima y la geoingeniería. Información que bien conocemos y venimos divulgando y que ha sido negada y ridiculizada, apareció en el periódico digital Daily Mail, quien sorprendentemente publicó una nota atemporal, que integra testimonios y documentos importantes, titulado «La CIA es acusada de «envenenar el cielo» con toxinas mientras archivos revelan una agenda secreta de control climático.
“Es tan grande la cantidad de pruebas que con el paso del tiempo han salido a la luz, sumado a que en distintas ciudades de Estados Unidos se siguen presentando proyectos para ponerle fin la geoingeniería y a la manipulación climática, siendo aprobados algunos de ellos como es el caso de Tennessee, Florida y Louisiana, que han desnudado estas prácticas que permanecieron ocultas durante años”, sostuvo Cecilia Sustersic integrante de CLAMA en dialogo con Conclusión.
Documentos de la CIA desclasificados revelan programas de la década de 1960 destinados a intervenir el tiempo mediante lanzamiento de sustancias a la atmósfera, según archivos de 1965 ahora en manos públicas. La pieza da cuenta de pruebas, planes y cartas presidenciales que describen intentos de control del clima con fines estratégicos.
Para citar algunos de los proyectos, aparece el denominado Stormfury, que buscó atacar los huracanes sembrándolos con ioduro de plata. Otro es Popeye, que su función fue prolongar monzones (vientos) en Vietnam para poder complejizar las rutas enemigas. Es menester mencionar la carta de Una carta del Lyndon B. Johnson respaldando la iniciativa con la frase: «He who controls the weather will control the world.»
“Como muestra el artículo del Daily Mail, Kennedy Jr. forma parte del Ministerio de Salud de los Estados Unidos, y en una jornada por los 100 días de gobierno, ante una pregunta sobre la proliferación de los chemtrails, reconoció que, si bien se trataba de un programa desarrollado por DARPA, es un tema que debía solucionarse, destacando que a esto lo sostuvo públicamente. En el Reino Unido el proyecto se denomina nada más y nada menos que SATAN (Transporte y Nucleación de Aerosoles Estratosféricos) siglas que son cuanto menos provocativas, y manifiestan una clara demostración de blanqueo de la manipulación climática”, indicó Sustersic.
Los archivos muestran además que la financiación federal proyectada se disparó en 1967, y que los ensayos incluyeron vuelos con aviones y cohetes para dispersar agentes en capas altas del aire. Investigaciones oficiales hablaban de mitigación de tormentas y lluvia en zonas de sequía, aunque los críticos sospechan fines bélicos y geoestratégicos.
En redes sociales reaparecieron acusaciones que mezclan documentos y teorías: uno de los mensajes dice textualmente «¡La CIA lleva envenenando el cielo y controlando el clima desde 1965!». Los especialistas responden que esas estelas suelen ser contrails, cristales de hielo formados por el vapor de los motores a gran altura, no sustancias tóxicas.
Personas como Robert F. Kennedy Jr. y el investigador Dane Wigington sostienen que hay pruebas: análisis de lluvia y muestras de suelo, fotos de aviones y testimonios. RFK Jr llegó a afirmar «Esos materiales se añaden al combustible para aviones» y los denunciantes citan metales como aluminio, bario, estroncio y hasta mercurio.
Los registros también mencionan uso de ioduro de plomo en Vietnam para aumentar precipitaciones sobre el Ho Chi Minh Trail, con la intención de provocar deslizamientos. El ioduro de plomo contiene plomo, un tóxico que produce cefaleas, fatiga, daño neurológico y problemas renales; las autoridades sanitarias insisten en que no existe un nivel seguro de exposición.
Desde que los papeles fueron liberados en 2003, fragmentos volvieron a circular y avivaron debates sobre transparencia y riesgos ambientales. Mientras el Gobierno sostiene usos civiles y humanitarios, activistas piden más acceso al archivo y control del clima como asunto público. El llamado es a revisar documentación y auditar programas con rigor independiente.
Para concluir, Cecilia Sustersic, quién integra CLAMA (Cielos Limpios en América Monitor Ambiental) expresó que “gracias al incansable trabajo que llevamos adelante las distintas organizaciones que denunciamos la manipulación atmosférica, se obliga a la desclasificación de archivos por parte de los países involucrados. Claramente desde la oficialidad se desclasifica a cuentagotas con la finalidad de ir naturalizando y normalizando la situación, ya que de otra manera deberían reconocer lo que se viene realizando a escondidas durante décadas. Deberían retractarse de haber utilizado el mote de conspiranoicos para con quienes denunciamos estoicamente la geoingeniería climática”.



