VIERNES, 05 DE JUN.

El adiós al ídolo popular: Rosario homenajeó al «Indio» Solari con una misa ricotera en el Monumento

Miles de fanáticos se llegaron hasta el sitio distintivo de la ciudad para brindarle un último recordatorio a un ícono del rock nacional, quien falleció este viernes a los 77 años. Banderas, remeras, pancarta, tatuajes e insignias de todo tipo sirvieron para desatar un auténtico show inolvidable.

 

El «Indio» Solari se despidió del plano terrenal, pero nunca lo hará de los corazones de gran parte de los argentinos. Marcó una época para muchas generaciones, trascendiendo estrictamente el plano musical. Sus obras de arte sirvieron como refugio varias veces para el apesadumbrado pueblo celeste y blanco, que encontró en sus letras un símbolo de resistencia, rebeldía y lucha contra un poder siempre ajeno a las causas populares.

En ese sentido, el mismo día en que se conoció la noticia de su deceso, miles de fanáticos en todo el país le rindieron un merecido homenaje, al compás de una última misa ricotera, uniendo al espíritu social bajo un solo movimiento, rememorando al hombre que le hizo desplegar innumerables e inolvidables pogos, principal distintivo de sus shows. Rosario no quiso ser menos y desató su propia fiesta a orillas del Paraná, en un escenario emblemático Monumento a la Bandera.

Allí, varios ricoteros y sus familias, con banderas, remeras, tatuajes, pancartas e insignias abrazaron en un solo gesto al «Indio», en una comunión local que hacía tiempo no se veía en la ciudad. Adultos y chicos confluyeron en una ceremonia especial, cargada de emociones, donde cada expresión resultó válida a la hora de condecorar a un símbolo del rock, pero también de la política, la cultura y hasta el deporte nacional, porque Solari logró conectar a estratos sociales diversos.

«Es lo más grande que tuvimos, el mejor referente, mágico, maestro, leyenda, crack, rey, resistencia, felicidad, infancia, adolescencia, adultez, ídolo, prócer, pueblo, magia, amor puro, familia, Dios, ícono, leyenda, amistad, unión, héroe» fue la síntesis de los rosarinos para describir a uno de los artistas más convocantes en la historia argentina, que desde este viernes será eterno, pasando a formar parte de una tribuna galáctica reservada solo unos pocos.

El músico y compositor tenía 77 años y murió en su casa de Parque Leloir, tras casi diez años de sufrir Mal de Parkinson, lo que lo mantuvo distanciado de los escenarios desde el año 2017. Alejado, pero nunca retirado, ya que siguió componiendo, grabando y participando de diversas formas en la escena social, cultural y también política, hasta sus últimos días.

Solari fue reconocido como una de las figuras más influyentes y enigmáticas de la historia del rock argentino. Alcanzó una dimensión mítica como líder y principal compositor de la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Con una de las discografías más influyentes en su género, la agrupación se hizo de álbumes emblemáticos como «Gulp!», «Oktubre», «Lobo suelto, cordero atado» y «Luzbelito».

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Aunque su perfil más reconocido se enfoca en el ámbito musical, desde joven desarrolló intereses vinculados al arte, la literatura y la contracultura. Éstos conocimientos se vieron reflejados en letras cargadas de metáforas y referencias literarias que se trasformaron en objeto de análisis y devoción para miles de seguidores.

Con el paso de los años, los recitales de «Los Redonditos de Ricota» comenzaron a ser conocidos popularmente como «misas ricoteras», una denominación surgida por la devoción de sus seguidores y por la capacidad de convocatoria que alcanzó la banda en distintos puntos del país.

 

 

LA CONEXIÓN DE SOLARI CON ROSARIO

A fines de 1993 Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que para todos ya eran «los Redondos», publicó su único disco doble: «Lobo suelto/cordero atado». La presentación oficial se realizó en el estadio de Huracán, en Parque de los Patricios, el 19 de noviembre. Menos de un mes después la banda llegó a Rosario, en el que fue su último recital en la ciudad.

Fue la noche del 10 de diciembre de 1993. El lugar escogido para tocar -entonces todavía no se refería a los recitales como «misas ricoteras» ni eran masivos- fue el predio de la ex Sociedad Rural, en el Parque de la Independencia. Particularmente, el lugar en el que durante las exposiciones de la tradicional se exhiben las vacas. Un óvalo de piso de tierra y arena con una tribuna ubicada a uno de los laterales de donde se colocó el escenario.

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Antes de comenzar la tercera canción de aquél show, Carlos Solari, el Indio, habló al público: «Bueno una vez más estamos aquí en Rosario», inició su breve monólogo. «Que justamente con La Plata -continuó-, de donde nosotros provenimos, es una de las dos ciudades olvidadas por la historia del rock hecha desde la Capital».

La Capital, entonces, era el nombre con el que se conocía a la luego Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba). Antes de que sonaran los primeros acordes de «El arte del buen comer», otro tema del nuevo disco doble, Solari cerró con un agradecimiento al público local: «Siempre nos han tratado bien, les agradecemos una vez más. Gracias». Y sonó la guitarra de Skay Bellinson.

 

 

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