Manuel Belgrano: «La valentía de asumir responsabilidades, para las cuales no estaba preparado, siguiendo un ideal»
En entrevista con Conclusión, la historiadora e investigadora Elsa Caula revela algunos detalles y aspectos poco conocidos de la vida del creador de la bandera.
- Info general
- Por Florencia Vizzi
- Jun 20, 2026
La figura de Manuel Belgrano, su vida y su gesta, no dejan de sorprender, intrigar y cautivar. A pesar de sus más de 200 años y de ser un personaje recurrente para historiadores, estudiosos, escritores o especialistas, y de todo lo ya dicho sobre él, aún hay cientos de interrogantes y especulaciones sobre sus hazañas y razones.
¿Quién fue su padre? ¿Como era su familia y cuanto influyó en la vida que luego llevó? ¿Qué lo motivó a seguir el camino que eligió y cómo lo enfrentó? ¿Cuál es su legado más valorable? La historiadora e investigadora del Instituto de Estudios Críticos en Humanidades, Elsa Caula, en entrevista con Conclusión, repasó algunos detalles de la vida del creador de la bandera, su familia, sus primeros tiempos y su carácter.
Un adolescente en Salamanca
«Manuel Belgrano puede viajar a Europa porque la posición económica que había conseguido su padre, Doménico Belgrano Peri, se lo permitió. Posición que pudo alcanzar no sólo a través de su oficio como comerciante, sino también a partir de una alianza que pudo conseguir al casar a una de sus hijas con otro poderoso comerciante”.
La historiadora explicó que Belgrano Pieri, originario de Oneglia, de la costa Ligru, que a medidados del siglo XVIII emigró a Cádiz, el centro neurálgico del comercio colonial vinculado con América y que la política de los reyes Borbones impulsaban. Primero estuvo en Cádiz, dos años y luego viaja a Buenos Aires para dedicarse al comercio. Empieza a crecer cuando contrae matrimonio la hija de una familia poderosa, María Josefa. Y comienza a expandirse dada la coyuntura que la política económica borbónica abre en el Río de la Plata.
Es una familia numerosa, son 16 hijos, hombres y mujeres. El casamiento de una de esas hijas con un poderoso comerciante del Río de la Plata es lo que termina de consolidar la posición de la familia de Belgrano y lo que posiblita que sus hijos varones puedan estudiar.
En ese sentido, la investigadora también remarca que se trata de una familia que habilitaba a sus miembros a determinadas elecciones. «Hay que señalar, por ejemplo, que Manuel Belgrano había estudiado en el Colegio de San Carlos, una escuela que se había abierto en la década de 1880, en la ciudad de Buenos Aires, que proporcionaba una formación crítica a la escolástica tradicional».
En ese contexto, es que viaja a España, originalmente viaja para resolver una cuestión comercial de su padre. Pero termina derivando esa tarea en su hermano y, tras obtener el permiso de sus padres, se dirige a la Universidad de Salamanca.
Efervescencia revolucionaria
Manuel Belgrano llega a Europa en 1786, en plena gesta de la Revolución Francesa, y absorbe toda ese efervescencia de las nuevas ideas. “Tertulias, academias, discusiones… la propia universidad tiene cátedras específicas. Uno de sus principales mentores fue Ramón Salas y Cortés, un reconocido profesor de economía política en la Universidad de Salamanca, que le da acceso a Montesquieu, Rousseau, Voltaire, y sobre todo, a los economista como Antonio Genovesi y Francois Quesnay, entre otros».
Algo en lo que pone énfasis Caula es que, contra lo que en general se piensa, la propia corona española estaba interesada en esos autores y en esas ideas. “Toda esa formación que tiene Belgrano es lo que le permite al rey Carlos IV nombrarlo como secretario del Consulado de Comercio que se había creado en Buenos Aires».
A los 24 años, con esa experiencia y ese bagaje intelectual, Manuel Belgrano vuelve a Buenos Aires con este cargo para poner en marcha el crecimiento económico del Río de la Plata.
«Los pilares fundamentales de todo esto son el desarrollo de la agricultura, la producción y las manufacturas, para articular con el comercio y responder a la demanda de productos a escala de Imperio», apunta la investigadora especializada en el tema. «Cuando digo escala de imperio me refiero a que esta zona proveía de determinados productos a estas redes mercantiles. Esa especialización productiva es lo que desde el consulado de comercio se buscaba poner en marcha».
Parte de esa política es la creación de los periódicos, para tener llegada a la gente común y difundir todas estas ideas al resto de la sociedad. En ese contexto, se crea el Correo de Comercio, del que Belgrano es redactor y que se focaliza sobre estas cuestiones fundamentales.
De igual manera, hay que marcar que, para todoslos funcionarios de la monarquía era fundamental abrirse a todo esto nuevo que se discutía en Europa y va llegando a los centros neurálgicos del imperio en América. La preocupación central era en ese momento como formar a la sociedad en las nuevas costumbres y la nueva moral.
La preocupación de Manuel Belgrano sobre la educación y la creación de escuelas está no sólo orientada a los varones de las familias pudientes, sino a las mujeres. Una de las preguntas centrales que se hace en sus escritos del Correo de Comercio es como formar una sociedad con buenas costumbres sino hay educación para las mujeres. Es vital la importancia que tiene para poner en marcha esos cambios que vino a hacer como funcionario de la Corona.
En ese momento hay toda una intelectualidad que comparten un conjunto de lecturas y de ideas, que les permite conformar el nuevo gobierno, un grupo colegiado que contiene a los que después fueron entronizados como héroes.
Luego comienza asumir tareas militares, un rol que asume con compromiso, y se pone a estudiar para hacerlo, y realiza varias campañas militares y misiones diplomáticas en Europa en función del proceso revolucionario.
La escarapela, la bandera: ¿desobediencia o declaración política?
¿Era Manuel Belgrano un desobediente, y en esa desobediencia, se puede enmarcar la creación de la bandera? Elsa Caula señala que, más que hablar de desobediencia, hay que contextualizar su decisión en el momento político, la experiencia que fue haciendo y lo que fue encontrando en la marcha. «Rumbo al Alto Perú, pasando por Rosario, se encuentra con la realidad de que Montevideo desobedece a las autoridades de Buenos Aires y hasta 1814, los españoles eran todavía muy fuertes. Y en ese momento, asediadado por los españoles, se da cuenta de que se está enfrentando a tropas que vestían el mismo uniforme y tenían la misma bandera, entonces ahí aparece la necesidad de tener un distintivo».
Primero imagina la escarapela, para tener un distintivo, y avanza con eso, que es algo a lo que estaba autorizado. «Y a continuación, se entusiasma y entonces sigue con la bandera»
«Es importante destacar que el Gobierno revolucionario no era un cuerpo político homogéneo y había tensiones», enfatiza la historiadora. «No es lo mismo el Primer Triunvirato que el Segundo. La Revolución por momentos pierde el rumbo, entre 1811 y 1812, y después vuelve a retomarlo. Y en esa clave hay que leer estas iniciativas, como la creación de la bandera. La bandera es asumida por el Gobierno Revolucionario recién en 1816, y tiene más que ver con la guerra que con crear una nueva nación».
Del hombre al prócer
Podría decirse que Manuel Belgrano no siempre fue considerado un héroe, un prócer. Hubo un largo proceso hasta que su imagen se consolidó como tal.
«Belgrano muere en un momento tremendo de la coyuntura política. Para los porteños, Belgrano ya era un héroe, era un héroe local, de Buenos Aires. La transición hasta que se convierte en héroe nacional, se dio a lo largo de varios años. Podría decirse que comienza a partir de la biografía que publicó Bartolomé Mitre, basado en sus escritos y su autobiografía, en 1857. Ahí comienza un proceso que tiene un momento destacado en 1873, cuando se inaugura el monumento con su figura en Plaza de Mayo».
Y, pensándolo desde Rosario, quien es el mentor de la asociación de Belgrano y Rosario como cuna de la bandera, es Eudoro Carrasco. Él es quien, en la década de 1860, es el encargado de hacer el escudo de armas de Rosario y allí une ambas cuestiones».
Sobre el final de la entrevista, Caula, como historiadora especializada en el tema, valoró las convicciones que tenía sobre el rol de la educación. «La educación en el más amplio sentido, como una herramienta fundamental para enfrentar la construcción de la patria. Y sumaría esos pilares fundamentales, la defensa de la tierra, el trabajo, la producción, la independencia y la soberanía económicas». Y destacó su valentía para enfrentrar lo que se le encomendaba. «Si tuviera que rescatar algo es el valor, la valentía de asumir responsabilidades para las cuales no estaba preparado, siguiendo un ideal».
Libro Los viajes de Belgrano

