MIéRCOLES, 08 DE JUL.

Murió Pascual Guerrieri, el símbolo de la represión ilegal en Rosario que mantuvo su pacto de silencio hasta el final

El ex teniente coronel del Ejército falleció a los 91 años bajo arresto domiciliario. Fue el principal responsable operativo del Destacamento de Inteligencia 121 y acumuló múltiples condenas a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad cometidos en el sur provincial.

 

El pasado domingo 5 de julio falleció, a los 91 años de edad, Pascual Oscar Guerrieri, quien fuera uno de los máximos responsables del aparato represivo estatal en el sur de Santa Fe durante la última dictadura militar. El ex militar murió mientras cumplía prisión domiciliaria, cargando con múltiples condenas a reclusión perpetua por delitos que incluyen privación ilegal de la libertad, tormentos, asesinatos y desapariciones forzadas.

Guerrieri, que se desempeñó como segundo jefe del Destacamento de Inteligencia 121 y formó parte del Batallón 601, es recordado como el arquitecto del sistema clandestino de exterminio en la región. Bajo su mando, se coordinaron grupos de tareas que operaron en centros clandestinos de detención emblemáticos como la Quinta de Funes, La Calamita, La Intermedia, la Escuela Magnasco y la ex Casa Salesiana Ceferino Namuncurá.

Un legado de impunidad y silencio

A pesar de la contundencia de las pruebas en su contra, Guerrieri mantuvo hasta su último aliento un estricto pacto de silencio. Nunca aportó datos sobre el destino de los desaparecidos ni manifestó arrepentimiento por los crímenes por los que fue condenado. Durante los juicios, lejos de colaborar, reivindicó su accionar afirmando ser un «ejecutor del Ejército» en lo que él denominaba una «guerra», negando sistemáticamente la existencia del terrorismo de Estado.

Su apellido quedó grabado en la historia judicial de la ciudad al dar nombre a la primera megacausa por delitos de lesa humanidad realizada en Rosario (Guerrieri I), iniciada en 2010 tras la anulación de las leyes de impunidad. A este proceso le siguieron Guerrieri III y IV, donde se terminó de reconstruir el engranaje de persecución política contra militantes, trabajadores y estudiantes de la zona.

La reacción de los organismos

Desde los sectores que impulsan las causas de Memoria, Verdad y Justicia, el fallecimiento fue recibido con reflexiones sobre la deuda pendiente de la verdad. Sabrina Gullino Valenzuela Negro, hija de desaparecidos que recuperó su identidad, lo definió como «lo más aberrante que puede producir una sociedad» y lo señaló como un engranaje clave en la «maquinaria de muerte y despojo».

Por su parte, las abogadas querellantes Gabriela Durruty y Jesica Pellegrini destacaron que, aunque muere convicto gracias a la labor de las organizaciones de derechos humanos, la historia lo recordará como un «vulgar delincuente» que decidió cobardemente sobre la vida de cientos de personas.

Con la muerte de Guerrieri desaparece uno de los rostros más visibles del horror en Rosario, pero las sentencias firmes y el registro histórico consolidado en las megacausas permanecen como un testimonio inalterable de su responsabilidad criminal. Su deceso no borra la verdad judicial ni detiene la búsqueda de los nietos que aún faltan encontrar y de los restos de quienes todavía permanecen desaparecidos.

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