JUEVES, 03 DE SEPT.

Monseñor Eduardo Martín presidió la Eucaristía de acción de gracias y el encuentro sacerdotal por el Día del Exalumno

El Seminario San Carlos Borromeo de la Arquidiócesis de Rosario reunió al clero en una jornada de fraternidad, memoria agradecida y renovación de la vocación sacerdotal. La celebración fue presidida por el arzobispo, monseñor Eduardo Martín, y contó con la presencia del obispo auxiliar, monseñor Ernesto Fernández, y del obispo de San Miguel, monseñor Damián Nannini, exalumno de la casa de formación.

 

 

El Seminario San Carlos Borromeo de la Arquidiócesis de Rosario celebró el Día del Exalumno con una jornada de encuentro fraterno, acción de gracias y renovación del don de la vocación sacerdotal. La actividad reunió a sacerdotes del clero junto al arzobispo, monseñor Eduardo Martín; el obispo auxiliar, monseñor Ernesto Fernández; y el obispo de San Miguel, monseñor Damián Nannini, exalumno de esa casa de formación, además de otros invitados.

La jornada comenzó con una recepción preparada por los seminaristas y continuó con la celebración de la Eucaristía de acción de gracias, presidida por monseñor Eduardo Martín. En su homilía, el arzobispo invitó a los sacerdotes a mirar su propia historia con gratitud y a reconocer los grandes dones recibidos de Dios en la existencia, el bautismo y, de manera particular, la vocación al ministerio sacerdotal.

Martín destacó que el sacerdocio surge de una elección y de una predilección amorosa de Dios. En ese sentido, planteó la pregunta que atraviesa la experiencia vocacional: “¿Quién soy yo para que me hayas traído hasta aquí, Señor? ¿Qué viste en mí, si hay tantos mejores que yo?” Y señaló que la respuesta se encuentra en el misterio del amor y de la elección de Dios.

La celebración permitió también hacer memoria del camino recorrido, recordar a quienes acompañaron cada proceso vocacional y agradecer especialmente la tarea de los formadores, sacerdotes, laicos, trabajadores y colaboradores que, a lo largo de los años, contribuyeron a la formación de los futuros pastores.

Otro de los ejes de la homilía fue la importancia de la fraternidad sacerdotal y de vivir el ministerio desde la comunión. Monseñor Martín remarcó que el testimonio de los sacerdotes no depende de la acción individual, sino de la capacidad de construir vínculos de caridad y comunión.

“No la genialidad de uno, sino el amor mutuo, la caridad y la comunión hacen atractivo a los jóvenes el ministerio sacerdotal”, afirmó el arzobispo.

En esa línea, recordó que el ministerio sacerdotal no se desarrolla de manera aislada, sino en comunión con el obispo y con los demás integrantes del presbiterio. El afecto mutuo, la cooperación fraterna y la caridad sacerdotal constituyen, según destacó, signos de vitalidad cristiana y un testimonio especialmente significativo para los seminaristas y para los jóvenes que se encuentran discerniendo su propia vocación.

Durante la celebración también hubo un recuerdo especial para los sacerdotes que celebran sus bodas de plata sacerdotales y para los exalumnos que, por encontrarse lejos, no pudieron participar presencialmente de la jornada.

Finalizada la Eucaristía, los participantes se dirigieron al Patio de la Virgen, donde rezaron y cantaron solemnemente el Ángelus. La jornada concluyó con un almuerzo compartido, que permitió a los sacerdotes reencontrarse, recuperar recuerdos de los años de formación y renovar los vínculos de fraternidad construidos durante su paso por el Seminario San Carlos Borromeo.

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