JUEVES, 17 DE SEPT.

Último adiós a Griselda Gambaro, una escritora que se abrió paso con voz propia y trascendió generaciones con una obra única

Dramaturga, novelista y cuentista, Gambaro provocó un quiebre en las artes escénicas, con un estilo único y singular. Dejó una huella imborrable con obras como "El desatino", "Decir sí" y "La malasangre", poniendo en el centro de su narrativa las relaciones de poder y la violencia. Tenía 98 años y es considerada una voz fundamental que renovó el teatro argentino.

La dramaturga, novelista y cuentista, Griselda Gambaro falleció este martes a los 98 años. Deja tras de sí una extensa obra que, desde sus inicios, provocó un quiebre en las artes escénicas, con un estilo único y singular. Su trabajo deja un legado imprescindible en la narrativa y la dramaturgia, con obras como «El desatino», «Decir sí» y «La malasangre». Abriéndose paso en universo preeminentemente masculino, puso el foco en las relaciones de poder, la violencia y las relaciones humanas, con una lucidez y capacidad de experimentación pocas veces vista.

Gambaro se convirtió en una de las dramaturgas y narradoras más importantes y esenciales de la literatura nacional, siempre ligada al universo sociopolítico y a su realidad contemporánea. Además, su trabajó rompió con ciertos códigos estéticos  de la época, dando lugar a la experimentación y nuevas formas disruptivas en la expresión teatral.

Toda su narrativa estuvo atravesada por su mirada sobre las relaciones de poder, la violencia y el sometimiento, y tamnbién los vínculos y los conflictos propios de la condición humana.

Nacida en una familia de inmigrantes, en La Boca, se dedicó a la escritura desde muy temprano y decidió no estudiar en la universidad para dedicarse de lleno a su oficio al tiempo que trabajaba en la biblioteca Sociedad Luz. Lectora voraz, fue influenciada desde muy temprano por autores como Jack London, Anatole France, Antón Chjov y Rudiard Kipling, entre otros. Pero también dedicó largas horas a Silvina Ocampo, Luigi Pirandello, Henrik Ibsen, Florencio Sánchez y Discépolo.

Así como en su momento fue duramente criticada por sus pares, con el tiempo se convirtió en un ícono, sobre todo en la dramaturgia. Tras el estreno de su primera obra teatral, El desatino, en el Instituto Di Tella, se produjo un quiebre en la críticia, sobre todo entre los defensores del «realismo social», que la descalificaron duramente y entre quienes la cosnideraron una obra maestra. A partir de allí, ninguno de sus trabajos dejó a nadie indiferente.

La dictadura cívico militar la llevó al exilio, tras la prohibición de su novela Ganarse la muerte, que la puso en la lista negra. Gambaro se instaló en Barcelona junto a su marido, el artista plástico, Juan Carlos Distéfano.

A su regreso, en 1980, tuvo una activa participación en movimientos artísticos de resistencia cultural a la dictadura, como Teatro Abierto. En esos años también escribió sus obras más destacadas, entre ellas, Antígona furiosa y La malasangre. Y luego, su producción no tuvo sosiego, y podrían destacarse La señora Macbeth, Dios no nos quiere contentos, Dar la vuelta, Nada que ver, Es necesario entender un poco, Lo que va dictando el sueño y La casa sin sosiego entre muchos otros. 

Griselda Gambaro no sólo destacó por su increíble y prolífica obra, sino por su capacidad de ir del absurdo al drama, siempre con una mirada crítica y un compromiso permanente con la realidad sociopolítica.

A lo largo de su vida obtuvo grandes reconocimientos, premios y distinciones, como el del Fondo Nacional de las Artes, la Fundación Konex, Argentores y el título de Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de las Artes. También fue la encargada de abrir la Feria Internacional del Libro en el año 2005, en Buenos Aires, y en 2010 fue invitada de honor en la inauguración de la Feria del Libro de Frankfurt.

 

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