MARTES, 20 DE OCT.

Otro domingo con más clientes en los pequeños almacenes

En el transcurso del día, los negocios de barrio volvieron a beneficiarse con más ventas en razón de que las grandes cadenas de supermercados cerraron sus puertas en consonancia con el Descanso Dominical.

Por Carlos Duclos

Este domingo, soleado pero frío, los pequeños negocios, los almacenes de barrios, esos que son sustento de familias que se ganan la vida con el sudor de sus frentes y que no en pocas oportunidades son también generadoras de empleos, volvieron a beneficiarse con más ventas en razón de que las grandes cadenas de supermercados cerraron sus puertas en consonancia con lo que establece la ley de descanso dominical.

Muchos vecinos realizaron sus compras en estos pequeños negocios que, para sorpresa de muchos, suelen tener mejores precios que algunas grandes empresas que promocionan con gran pompa sus ofertas, pero que al fin y al cabo no son más que llamadores para atraer a la clientela. A la hora de llenar los carritos la realidad es otra.

cotoPero aun cuando a veces el volumen de compra de los pequeños comercios no les pemite  competir con las mega cadenas, como dijo un cliente: “prefiero pagarle tres pesos más al negocio de mi vecino que a estas internacionales que no van a quebrar, ni remotamente, por cerrar un domingo”.

Todo pequeño negocio familiar comienza como un sueño, el sueño no de hacer fortuna, sino de obtener una suma de dinero que le permita al grupo familiar y eventualmente a sus empleados vivir con dignidad.

Sin embargo, estos emprendimientos que en una época de la vida nacional fueron parte del paisaje urbano, parte de una cultura solidaria, fueron desplazados por aquellas grandes empresas para quienes el ser humano es un número al servicio de la utilidad. Muchos de estos sueños se murieron.

Desde luego, nadie está en contra de la existencia de los grandes súper, ni de su utilidad, y menos aún de las fuentes de trabajo que generan, pero sí hay que apoyar decididamente la oportunidad para todos, la solidaridad y, sobre todo, salarios y condiciones de trabajo dignas. No es justo, de ninguna manera, que la mejora insuficiente de un sueldo deba hacerse a costa del descanso de un ser humano.

No es justo, tampoco, que los sueños mueran; por eso en el domingo soleado pero frío rosarino, los almacenes, esa especie en extinción, recibieron una oleada de esperanza. Ojalá que así sea siempre porque como fue dicho en un foro internacional hace un tiempo: “Muchas historias de éxito comienzan como un sueño. Necesitamos políticas que alienten a los soñadores”.

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