MARTES, 20 DE OCT.

Se equivocó la paloma

Por Candi 

¿Qué es la vida sino un río sinuoso, tormentoso a veces, que en algún punto se hace delta? En ese hito, en ese punto del hilo de agua, el navegante  queda en ocasiones confundido ¡Si hasta es frecuente que equivoque el rumbo!

Suele suceder que el hombre se equivoque, que se equivoque respecto de un sentimiento, o de una persona ¡Aquello que parecía ser finalmente no era! O bien: aquel que aparentaba ser de una naturaleza, era de otra.

Si hasta en determinado momento de la existencia uno mismo se redescubre y exclama: “¡pero yo no soy este que estoy siendo!”. O bien se reconoce equivocado: “no era como yo creía; él tenía razón”.

Lo más doloroso, sin embargo, es creer firmemente que una cosa o sujeto posee una naturaleza buena, pero sobre la que finalmente se descubre lo contrario. Es  entonces que nace la decepción. La frustración respira, se agiganta y estruja al corazón. “¡Me equivoqué, dice y siente el corazón resquebrajado!”

“¡¿Cómo pude equivocarme? ¿Cómo pudo mantenerme tanto tiempo engañado? A mí, precisamente, que siempre fui agudo observador del alma humana!”, dirá reprochándose  alguien.

Pues si la paloma, bella y talentosa criatura experta en encontrar rumbos certeros, se ha equivocado en el poema de Alberti ¿por qué no vos?

Creo que al escribir esa maravillosa obra, el corazón del siempre recordado genio estaba partido, dolorido, decepcionado, frustrado. Está en la obra no sólo la tristeza, la nostalgia por el destino de la palaoma (inocencia), sino en tela de juicio la misma naturaleza humana, o de algunos humanos, para mejor decir:

Se equivocó la paloma.

Se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur.

Creyó que el trigo era agua.

Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;

que la noche, la mañana.

Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;

que la calor; la nevada.

Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;

que tu corazón, su casa.

Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.

Tú, en la cumbre de una rama.)

Y finalmente el desencuentro, la división, la partición, ese filo clavado por la verdad: Ella se durmió en la orilla. /  Tú, en la cumbre de una rama.

Foto: Yuri Serpinsky.

 

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