MIéRCOLES, 21 DE OCT.

ONU: hay preocupación por el cambio climático

En vísperas de una nueva cumbre anual de Naciones Unidas sobre cambio climático, funcionarios climáticos  consignan la multiplicación de sequías en regiones tropicales, la acidificación de los océanos y la reducción de los bosques como “sumideros” de gas carbónico.

En vísperas de una nueva cumbre anual de Naciones Unidas sobre cambio climático (COP 22), la Organización Meteorológica Mundial (OMM) realizó un pesimista vaticinio sobre el futuro planetario.
Petteri Taalas, secretario general de la OMM, declaró que “si no frenamos las emisiones de dióxido de carbono no podremos enfrentar el cambio climático para mantener el incremento de temperatura inferior a no más de 2 grados centígrados por encima de la era pre-industrial”.

Según la OMM, la concentración mundial promedio mundial de dióxido de carbono en la atmósfera registró un nuevo récord durante 2016 y se teme que no descenderá por debajo de los niveles anteriores a 2015.
La COP 22 es la vigésimo segunda reunión mundial centrada en el Convenio Marco sobre Cambio Climático adoptado en Río de Janeiro en 1992, que osciló sin resultados pese al Protocolo de Kioto de 1997 y que ahora gira en torno del Acuerdo de París del año pasado.

La 22ª conferencia de la ONU tendrá lugar tendrá lugar en Marrakech (Marruecos) del 7 al 18 de noviembre del año en curso, y se espera que las naciones logren reducir la emisión de gases de efecto invernadero (recalentamiento) de aquí al año 2030.
Dipti Bhatnagar, coordinadora de justicia climática de la entidad Amigos de la Terra Internacional declaró en Londres que “tras 24 años de negociaciones estamos precipitándonos hacia un mundo 3,5 grados más caliente, lo cual será catastrófico para millones de personas”.
Tales macro-trastornos incluyen un prominente ascenso del nivel de los mares, ráfagas alternadas de inundaciones y sequías, ciclos endémicos de grandes tormentas, desertificación y pérdida de especies ictícolas, vegetales y animales.
Erik Solheim, director ejecutivo del PNUMA (Programa Ambiental de Naciones Unidas) ha aportado un ingrediente social al problema, al declarar que “nada de ello será consecuencia del mal clima sino un resultado de malas decisiones de gobiernos, sectores privados y ciudadanos”.

Y añadió que “un creciente número de refugiados climáticos imantados por el hambre, la pobreza, los conflictos y las enfermedades será un constante recordatorio de nuestra falta de respuesta”.

Si bien numerosos gobiernos han hecho anuncios promisorios para reducir a nivel nacional la emisión de gases perjudiciales según los postulados del Acuerdo de París, sus premisas se circunscriben apenas al gas dióxido de carbono y no enfocan otro gas más destructivo como el metano.

El gas metano está emanando desde los inmensos deshielos que se multiplican en el Ártico, y surge también de los procesos digestivos de millones de cabezas de ganado dispersas por el globo y también de los gigantescos arrozales asiáticos.
Entretanto, en el umbral de la conferencia de Marrakech han comenzado a reverberar las objeciones emitidas por Sir Robert Watson, ex presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (PICC) de Naciones Unidas, que emitirá un nuevo informe en 2018.
Watson y otros integrantes pasados y actuales del PICC señalan que “las promesas para reducir emisiones están muy lejos de ser suficientes y ponen al mundo cada vez más cerca de traspasar el peligroso tope de los 2 grados centígrados.
Según afirman varios documentos distribuidos por la coordinación del cónclave de Marrakech, “el equilibrio del ecosistema planetario está amenazado pues los mecanismos naturales que sustenta la Tierra y, por lo tanto, a todas las especies, están fuera de ajuste”.

Los amplios estudios realizados desde 1988 por el PICC sostienen que el planeta ha vivido un calentamiento global sin precedentes.
Los expertos advierten que “las oleadas de calor tienden a ocurrir con mayor frecuencia y a durar más tiempo, mientras vemos zonas húmedas recibiendo mayor cantidad de lluvia, y menos en las zonas secas”.

Desde su primer informe, los científicos del PICC, que publican un estudio cada cinco años, han demostrado que las emisiones de gases proceden de la actividad humana.

En su más reciente informe, publicado en 2013, se especificó el impacto del cambio climático en las superficies terrestres y oceánicas, además de sus consecuencias directas sobre la pérdida de masa de las capas de hielo.

Según el PICC, durante los últimos diez años, la capa de hielo de Groenlandia perdió 215 millones de toneladas por año, en tanto desde 1979 la superficie de hielo del mar Ártico se ha visto reducida de 3,5 a 4 por ciento por década.

Cada vez son mayores las advertencias de ex y actuales funcionarios climáticos de la ONU, quienes consignan la multiplicación de sequías en regiones tropicales, la acidificación de los océanos y la reducción de los bosques como “sumideros” de gas carbónico.

La FAO (Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura) ha documentado por su parte los impactos del cambio climático en la agricultura y afirmó que “las consecuencias para la seguridad alimentaria ya son alarmantes”.

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