Lo que el planeta no puede digerir
La exposición a diferentes tipos y grados de contaminación, le ha puesto un freno a la calidad de vida de muchas poblaciones. La enorme necesidad de generar conciencia colectiva, es la única salida a una problemática que se afianza.
- Info general
- Ago 5, 2017
Por Alejandro Maidana
El avance de la industrialización, el descontrolado parque automotor y los basurales a cielo abierto, son sólo algunos de los focos de contaminación a los que está expuesto un gran ejido urbano.
¿Cómo controlarlos? ¿Qué podemos hacer como sociedad? ¿El final es apocalíptico? Preguntas reiterativas que suelen ser acompañadas por respuestas del mismo calibre, al ahora del abordaje de este flagelo.
El enemigo que llega desde el aire
La contaminación del aire es un serio problema que azota a muchas ciudades. El intenso e incesante tráfico, unido a fábricas que no controlan sus emisiones, convierte la atmósfera de las ciudades de todo el mundo en auténticas nubes de smog.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) aseveró que la contaminación ambiental causa la muerte de unas 7 millones de personas en todo el mundo, unas 6 mil en Argentina. Cardiopatías isquémicas, accidentes cerebrovasculares, neumopatías obstructivas, crónicas, cánceres de pulmón o infecciones agudas en las vías respiratorias son sólo algunas de las patologías ligadas al deterioro de la calidad del aire.
Muy cerquita de Rosario, en el denominado Cordón Industrial, vecinos de muchas localidades vienen articulando diferentes planes de lucha para recuperar su calidad de vida. La quema de residuos peligrosos, los derrames de efluentes en las aguas de los ríos, los agroquímicos, y la polución en general, mantienen en alerta permanente a quienes moran en esos lugares. Lamentablemente la falta de controles responsables, y la gran presión que generan las empresas, hacen que las voces de los damnificados sean desoídas mientras se degrada su calidad de vida.
La polución de los plásticos y la importancia de reciclar
Se necesita un cambio de paradigma, y este viene de la mano de lo cultural “La transformación está al alcance de todos si tenemos el sentimiento sincero de cambiar algo” dijo a Conclusión Cecilia Bianco, integrante del área de tóxicos del Taller Ecologista.
“Va a costar más esfuerzo que la bolsa de tela, la que reemplaza de manera notable a la de plástico. Decirle NO a los envases de un sólo uso, o los plásticos del grupo 7 que no está claro como reciclarlos” agregaba.
En torno a la importante actividad que realizan los trabajadores informales como por ejemplo los carreros, sostuvo “Se debe respetar e integrar a los trabajadores informales en este trabajo. Ellos juntan muchísimos kilos de plásticos, pero sólo son comprados para ser reciclado.”
El producto que no puede ser reutilizado ¿Con qué fin se pone en el mercado? El residuo de plástico se va haciendo cada día más pequeño, y de esta manera aumenta su impacto ambiental.
“La carga directa es para los municipios y comunas, cuando la responsabilidad debe ser de la empresa que puso ese producto en ese envase” enfatizaba Bianco.
Si bien en Argentina no hay estudios concretos sobre el estado de lagos y ríos en relación a los residuos de envases, si hay de playas, y el impacto es muy grande “La problemática no pasa por recoger la basura, porque estamos hablando de eso, sino de que hay que hacer para que no llegue a ese sitio.”
¿Cómo se encuentran las aves que viven en los alrededores de Ricardone, o de basurales en general? La respuesta tan concreta como demoledora.
Esconder la basura bajo tierra
“Se están enterrando recursos, porque si se elegiría un material adecuado desde su origen no tendríamos porque esconderlo bajo tierra. Los mismos se obtienen de la industria petroquímica, para poder fabricarlos se utiliza mucha energía, ya que hay que derretir pallets de materia prima” afirmaba la especialista en tóxicos sobre el final que tienen estos envases.
La mejor solución para optimizar esta gestión comienza por generar menos residuos y, desde luego, por reutilizarlos o reciclarlos dándoles una segunda vida que los aleje de los basurales (existen más de 3.000 a cielo abierto sin control en el país) y los rellenos sanitarios.
Nuestro país genera más de 15 millones de toneladas anuales de residuos, y la mitad va a parar a basurales a cielo abierto. En la actualidad este es el problema más severo que tiene la sociedad argentina, ya que está relacionado a la conciencia colectiva. Al recibir basura sin selección ni tratada, conlleva riesgos sanitarios muy graves, siendo los sectores vulnerables los más afectados.
Los residuos expuestos al aire libre se descomponen generando peligrosos efluentes, como por ejemplo el metano que es altamente contaminante y uno de los principales factores del calentamiento global. El otro es el lixiviado que es altamente tóxico y penetra las napas contaminando el agua. El plástico es un material que el planeta no pude digerir.
El avance y la proliferación de problemas pertinentes a la contaminación en todas sus ramas, avanza a paso firme y agigantado. El deterioro de la calidad de vida y un futuro cada vez más incierto para las nuevas generaciones es un hecho concreto. Pero hay una forma de torcer este rumbo que nos conduce al aquelarre, y esa respuesta la debemos encontrar en cada uno de nuestros hogares. Porque el rumbo de la historia no lo cambia un estado o una empresa responsable, lo cambia la conciencia colectiva.

