Las pérdidas ya superan los US$ 9.000 millones
La sequía 2017/2018 resulta un golpe al corazón de la Pampa Húmeda. La Bolsa de Comercio de Rosario recortó la proyección de producción de soja argentina en 3 millones de toneladas y la ubicó en 37 millones, ante una caída en los rendimientos del cultivo provocados por la sequía.
- Sin categoría
- Abr 13, 2018
Por Pablo Adreani / Urgente 24
China fue la primera civilización agrícola, plantando las semillas en filas en lugar de esparcir las semillas al azar en el campo. Esta técnica ordenada permitió a los agricultores regar con mayor eficacia y generar un mayor rendimiento de los cultivos. Su ingenioso diseño se ha convertido en una atracción turística moderna.
Inventado más de 2.200 años atrás, el sistema de Dujiangyan fue construido para controlar las inundaciones en las llanuras alrededor del río Minjiang. Prueba de la importancia que ha dado China a la agricultura se destaca en la ciudad de Beijing, el Salón de Oración por la Buena Cosecha construido en 1420 y situado al norte del gran recinto del Templo del Cielo. Los emperadores chinos, rodeados de su séquito, acudían a este lugar a ponerse en contacto directo con el Cielo y a pedir por lluvias y una buena cosecha, idea de riqueza, grandiosidad y poder.
Hoy, la Argentina está sufriendo una de las peores sequias en toda su historia, y en estas últimas décadas la tecnología ha dado respuesta y aumentado en forma considerable la productividad, pero poco se ha hecho en la utilización de herramientas que puedan mitigar el efecto devastador que una sequía o una inundación pueden provocar, como es el caso de canales que liberen las cuencas, los seguros multiriesgo o los subsidios directos a productores para evitar su quiebra.
La sequía ha pegado en el corazón de la Pampa Húmeda, que además viene de una inundación que afecto muchas zonas agrícolas, sin por ello desmerecer la situación que están atravesando los productores del NEA y del NOA, así como otras regiones extra pampeanas.
Hasta el momento, la sequía ha producido pérdidas irrecuperables en los principales cultivos de verano: maíz y soja, ésta ultima el motor del ingreso de divisas al país. La pérdida no son solamente las 18 millones de toneladas de soja menos, o los 4 millones de toneladas perdidas de maíz.
Hay todo un entramado socioeconómico detrás de un grano de soja o de una espiga de maíz, en el cual los principales damnificados son los productores y las comunidades urbano-rurales de los pueblos del interior. Una merma de 24 millones de toneladas entre la producción de soja y de maíz equivale reducir la carga de transporte de 800.000 camiones y una pérdida de ingresos para los camioneros de US$ 1.200 millones.
Además, se dejan de consumir 62 millones de litros de gas-oil equivalentes a US$ 80 millones. Si agregamos la pérdida de ingresos directos e indirectos, en las poblaciones urbanas, que se dejan de percibir ante la pérdida de producción indicada, sólo el rubro camiones y la micro economía a su alrededor, tendrá menos ingresos por un total de US$ 1.500 millones.
La menor producción de soja implica una menor oferta para abastecer a la industria aceitera, y el principal producto afectado es, sin lugar a dudas, la harina de soja, con un rendimiento del 79% en la extracción si consideramos 18 millones de toneladas menos de poroto de soja, el volumen de harina de soja resultante es de 14,22 millones de toneladas.
Asumiendo que parte de la menor producción también producirá una caída en las exportaciones de poroto de soja, redireccionando la oferta hacia la industria aceitera, la merma estimada de harina la podemos estimar en 10 millones de toneladas, afectando directamente el saldo exportable de dicho producto. Éste es otro duro golpe al corazón de la industria aceitera, donde la harina de soja argentina ocupa el primer lugar en las exportaciones mundiales. Los Estados Unidos y Brasil, sobrevuelan las pampas a la espera de poder captar la “demanda cesante” que este año no podrá ser abastecida por la Argentina.
Los productores ganaderos y lecheros tendrán que competir para abastecerse de proteína vegetal con los exportadores de harina de soja. Este es el otro golpe a la demanda de los que producen proteínas animales para abastecer el consumo interno, como la producción vacuna, porcina, avícola y lechería. Se estiman que 5 millones de toneladas de harina de soja se consumen en nuestro mercado interno, con la suba de US$ 50 por tonelada en el precio de la harina de soja desde principios de Febrero a la fecha, los consumidores (feedlots, tambos, avícolas, etc ) de dicho producto han visto incrementado el costo de su ración en US$ 250 millones.
En el caso del maíz, el precio ha sufrido un aumento de US$ 50 por tonelada si comparamos el mercado actual y los precios durante la cosecha de 2017. Con un consumo interno de maíz de 13 millones de toneladas, entre consumo en campo e industria, el aumento en el precio del maíz implica un encarecimiento en el costo de las raciones de US$ 650 millones. Si sumamos el aumento de los precios en el resto de los granos forrajeros, como sorgo, avenas, alfafas y cebada forrajera, el mayor costo de las raciones entre todos podría llegar a los US$ 1.300 millones.
No solamente se reduce el ingreso de divisa en US$ 7.700 millones, sino que también se encarece el costo de producción de carnes y lácteos en US$ 1.300 millones. La sequía entonces, tendrá un efecto directo sobre los costos de producción: será más caro producir leche, carnes, lácteos y pollos en nuestro país, y este mayor costo de producción es muy probable que se traslade a los precios en góndola al consumidor, un nuevo factor no contemplado que podrá impactar en los índice de inflación durante el trimestre Marzo-Abril-Mayo, tal como ha sido el aumento registrado en el rubro alimentos durante el mes de Marzo y su impacto sobre el índice de inflación.

