MARTES, 20 DE OCT.

Carne sintética, una alternativa que busca ganar terreno de cara al futuro

La mala alimentación, la perversidad de la industria cárnica y el impacto ambiental impulsaron a la ciencia a trabajar en sustitutos alimenticios. Una alternativa de la cual poco se conoce.

Por Alejandro Maidana

Una solución a los problemas de salud, medioambientales y de sustentabilidad asociados al consumo excesivo de carne, podría ser reemplazada por alimentos de origen animal, con proteínas vegetales que imiten el sabor y el contenido nutricional de la carne.

La industria cárnica genera día tras día diferentes críticas y oposición en gran parte del mundo, algo que invita a tomar alguna colectora en torno a la cultura del consumo. Otro de los argumentos está ligado a la imposibilidad de cumplir con la enorme demanda que la población genera, algo que suena muy parecido y con tintes falaces a la imposición del transgénico en torno a lo agrícola, si bien acá los pesticidas no dirían presente.

En nuestro país, 10 millones de hectáreas ganaderas pasaron a formar parte del monocultivo de soja, algo que no ha incidido en el consumo, ya que las importaciones de carnes de diferentes partes del planeta llegan a las mesas argentinas. Pero, ¿se puede pensar en una hamburguesa sintética sin grasa que resulte tentadora hasta para el más carnívoro? Claro que sí.

Dos compañías californianas dieron el puntapié inicial

En Estados Unidos dos compañías emergentes han creado carnes de laboratorio, que según informan, tienen las mismas cualidades y aspecto que las naturales. Impossible Foods o IF de Oakland, California, produce al menos 500 kilos de carne elaborada a base de plantas.

“Producimos la única hamburguesa del mundo que luce, huele, sabe y se cocina como de las de carne picada de vacas, pero está hecha enteramente a base de plantas y con un impacto ambiental mucho más pequeño que el que produce la ganadería e industrialización de los animales”, afirmaron desde Impossible Foods.

La reducción de diferentes impactos parecería ser la carta de presentación más importante de un producto que aún no ha pegado un salto cuantitativo. Menos agua y gases de efectos invernadero, sin hormonas, antibióticos, colesterol ni sabores artificiales, son los beneficios que trae aparejado “la hamburguesa de laboratorio”.

Gracias a cinco años de investigación con equipos científicos, de cocineros y expertos en sabores, se pudo reproducir la experiencia sensorial que produce la hamburguesa cárnica.  Utilizando una serie de proteínas, aminoácidos, grasas y vitaminas vegetales cuidadosamente seleccionadas.

Carne de ave a partir de células cultivadas

Memphis Meats es otra de las empresas californianas que incursionó en el terreno de las carnes sintéticas. Las células obtenidas de las aves de corral, pollos y patos más precisamente, estarían evitando la crianza y posterior sacrificio del animal.

Al igual que la hamburguesa, la empresa a través de su plataforma tecnológica, asegura una reproducción notable de la textura, sabor y valor nutricional de lo “natural”. Colaborando de igual manera a reducir los impactos antes mencionados, tanto de la salud del consumidor, como del medioambiente.

La carne de pollo sintética se puede disfrutar rebosada y frita, mientras que la receta de pato a la naranja, aseguran es un verdadero manjar.

La experiencia holandesa

Científicos holandeses decidieron trabajar sobre la creación de esta alternativa, con motivo de que llegará un punto en que la cría de ganado no cubrirá la demanda de carne. Además, solidificaron su punto de vista en torno al daño ambiental que generan los gases de efecto invernadero, sumado al derroche y contaminación, algo inevitable en la crianza.

La extracción de células musculares de vaca, las cuales son multiplicadas en el laboratorio durante unos meses. La mezcla posterior con pan molido, especias y jugo de betabel como colorante, le darán el toque final.

Aquellos que han probado la hamburguesa experimental aseguran que si bien es similar a la de carne, no es jugosa. Esta característica es proporcionada por la grasa que se encuentra en el tejido muscular. La hamburguesa sintética no contiene grasa, ya que solo se multiplicaron las células musculares y no adiposas.

La finalidad es consolidar un alimento nutritivo y funcional. Según investigaciones realizadas por las universidades de Oxford y Ámsterdam, cambiar a producir carne sintética significaría reducir hasta un 98% en emisiones de gases de efecto invernadero, un 99% en la explotación de la tierra y hasta un 96% en el uso del agua. Mientras tanto, se prevé que la demanda de carne se duplique para 2050.

Un cambio de paradigma que se avecina, un nuevo debate que se consolida.

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