La bestia, el sistema
.
- Sin categoría
- Jun 5, 2015
Pero el mal no se reduce ni se resigna a obrar a través de actos de violencia física como la guerra, los actos terroristas, las acciones delictivas comunes que se producen en cada rincón del planeta, de ningún modo. La perversidad actúa ejerciendo violencia moral, lo que suele ser una acción no debidamente considerada, pero de efectos catastróficos. El maligno y sus agentes (los malvados) actúan con gran eficacia a través de este tipo de violencia no física.
¿Ejemplos? Si usted es un trabajador que percibe un sueldo insuficiente, que está sometido a condiciones laborales y de vida humillantes, debe saber que es el mal el que está actuando, el mismo que está matando sus posibilidades de una existencia digna. La persona de escasos recursos que carece de cobertura médica y debe acudir a un hospital público y encuentra una atención desconsiderada y pésima y es tratada como si fuera un objeto del cual se puede prescindir, es víctima del mal y sus representantes. Y el mal obra cuando los gobernantes en lugar de pergeñar políticas de Estado para el bien del ser humano común, lo hacen sólo para perpetuarse en el poder o para defender sus intereses o los del sector al que representan.
El mal, que es una energía intangible e invisible, pero tan inteligente como perversa, ha logrado construir centros de poder mundiales y ocultos. Estos poderes, cuyas cabezas no son muchas, pero cuyos miembros se desparraman peligrosamente, han logrado estructurar a través del tiempo lo que yo siempre he llamado el «sistema». El sistema es una maquinaria casi siempre al servicio de estos poderes y de la infamia. El sistema genera modas, costumbres y toda una cultura y forma de vida que sirven al maligno, pero no al ser humano inocente de buena voluntad. Es tan poderoso este sistema, que hasta las personas más inteligentes y fuertes de carácter suelen caer en sus garras. Es semejante a las sirenas de la mitología griega, cuyos cantos eran maravillosos, cautivantes, tanto que el bravo Ulises, sabedor de que nadie podría resistirlos, hizo tapar los oídos de la tripulación de su nave y él mismo luego se hizo amarrar a un mástil para no arrojarse al mar cuando pasaran por la zona donde ellas cantaban atrapando así a los navegantes que, embelesados, se arrojaban a las aguas.
El sistema actúa de manera semejante para aprisionar al ser humano. Propone a través de un canto hipnótico, el nuevo concepto de éxito, de gloria y hasta ha inventado incluso un ingenioso plan publicitario, manipulador de la mente humana, para hacer prisionera a la criatura. Y bastará con dar un ejemplo simple y cotidiano muy claro: el sistema (o también mercado) se las arregló muy bien para instalar en la mente de la persona que es un ser de éxito aquel que viste una ropa de determinada marca, o que posee una computadora específica, o que se es mejor o diferente si se consume determinada marca de queso que (dicho sea de paso) algún agente del sistema (hiper mercadista) remarca angurrientamente con el ciento por ciento o más. Pero paradójicamente, es el mismo sistema (herramienta del mal, lo subrayo) el que le niega a la persona un sueldo que le permita alcanzar todo eso que le está ofreciendo. Parece una paradoja, un error, pero no lo es, porque al mismo tiempo la «bestia» le ofrece la posibilidad de adquirir aquello que desea endeudándose a través del crédito «plástico». Entonces el maldito sistema obtiene un doble beneficio: por un lado la frondosa ganancia por la venta que ha logrado con una extraordinaria remarcación, y por otra cobrando intereses que, como bien usted sabe, son usurarios por el crédito que se le concede.
Hoy, en todo el mundo cientos de millones de personas viven cautivas, prisioneras, de un insignificante plástico llamado tarjeta de crédito, que mueve volúmenes inimaginables de dinero para bien de algunos centros de poder y sus agentes, y para desgracia de tantos seres humanos que apenas si sobreviven. No es el único ejemplo, por supuesto, que se podría dar sobre cómo actúa el mal en estos tiempos favorecido por el fenomenal avance tecnológico, entre ellos el informático. Suponer que el mal es sólo el Estado Islámico o los demás grupos terroristas que avanzan peligrosamente en todos los países, es tener una visión parcial del asunto. Una de las formas de aplastar y engrillar a pueblos enteros, es mediante el uso y abuso de la economía y las finanzas.
Por hoy creo que es decir demasiado, pero no debería irme sin recordar las palabras del Apocalipsis que siempre me han intrigado y sobre las que deberíamos hablar alguna vez: sobre el mal y el sistema se dice en ese libro de orden profético: «Además logró que a todos, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiera una marca en la mano derecha o en la frente (metafórico esto), de modo que nadie pudiera comprar ni vender, a menos que llevara la marca, que es el nombre de la bestia o el número de ese nombre…»

