MARTES, 20 DE OCT.

La donación y la red de la vida

Por Candi

 

Allá lejos en mi juventud,  un mecánico amigo de automóviles me dijo una tarde de sábado,  mientras intentaba reparar mi vehículo que se había averiado de pronto y en vísperas de un viaje, y sin posibilidades de conseguir repuesto: “a  grandes problemas, grandes soluciones”. Puso manos a la obra, elaboró una pieza en su taller y reparó el desperfecto contra todo lo que podía aguardarse. La frase me quedó grabada y la verdad es que la he aplicado bastante en mi vida. Encierran esas palabras muchos significados: uno de ellos no darse por vencido; otro, el hecho de que la vida funciona sobre los pares de opuestos. Parafraseando el pensamiento del mecánico, podría decir que “a grandes malos, grandes buenos”, o también a momentos de angustia, momentos de paz y de sosiego. La persona, con su actitud mental y espiritual, juega un rol determinante en la superación del opuesto negativo.

Cuando ocurrió la tragedia de calle Salta en la ciudad de Rosario, me escribió una amiga profesional que cumple funciones en un banco de sangre. Reproduzco parte de sus palabras de entonces  que me eximen de mayores comentarios: “ese día (el de la explosión) justo me encontraba en el hospital; y la verdad al ver por la tele esperábamos lo peor; y aunque así lo fue,  por otro lado no recibimos tantos heridos graves como imaginamos. Y gracias a Dios no se debió usar para ello toda la sangre donada”. Pero lo que rescato hoy especialmente son las palabras que siguieron: “donar sangre debiera ser una acción habitual para que en estos casos, o en cualquier otro, por ejemplo cualquier simple accidente,  nadie tenga que buscar de urgencia. Por suerte logramos una gran lista de voluntarios que tendremos para llamar, pero ojalá tengamos siempre esa magnitud de donantes voluntarios, cosa tan simple e irreemplazable…”

Y todo esto viene a cuento porque hace pocas horas se produjo una feliz noticia en medio de la adversidad: el rugbier rosarino Lichu Zeno, que padece de leucemia y necesita un trasplantes de médula ósea,  pudo, “causalmente” y gracias a Dios, encontrar a su donante compatible que es de Brasil.

El hecho merece una reflexión  y destacar dos aspectos de esta cuestión: por una parte la importancia de donar sangre, de donar médula ósea. Literalmente se está donando vida. La donación de médula ósea es algo muy simple, contra lo que muchos erróneamente suponen, el proceso demanda la extracción de sangre, su análisis y archivo de los datos. Cuando aparece un enfermo que necesita ser trasplantado, se cotejan sus datos biológicos, se comparan con los del donante y si hay compatibilidad se procede al trasplante. Un trasplante que no requiere  intervención quirúrgica, ni tocar la médula espinal (que es otra cosa); sólo se trata de una extracción de sangre para ser procesada y pasada al paciente. Nada más.  Con algo tan simple se puede salvar una vida ¿Una? No, más; porque se debe pensar que si el paciente es joven puede tener hijos que serán el inicio de familias.

Ahora bien, en el caso de Lichu Zeno se sabía que un señor de Brasil era donante, tenía compatibilidad altísima, pero no se lo podía encontrar. La movida en las redes sociales, en los medios, posibilitó el hallazgo de este hombre. Y aquí vuelvo a lo que decía aquel mecánico de mi juventud: “a grandes problemas, grandes soluciones” ¿Pero cómo se obtiene la solución? Con fe, con perseverancia, con bondad, con amor. El hombre cuando se dispone a actuar como corresponde y se lo propone, puede realizar actos maravillosos, verdaderas hazañas.

Sin embargo no siempre está dispuesto, no siempre tiene buena voluntad. Por eso también en las redes sociales (que bien empleadas son extraordinarias)  y en la vida uno asiste a malas voluntades, a comentarios lamentables, publicaciones absurdas, peleas y discusiones sin sentido, actitudes vanas,  violentas, que sólo sirven para que a grandes problemas sigan problemas aún mayores. Tanta es la necedad que da vueltas en nuestro mundo, que hay  quienes no advierten que esas acciones las pagarán sus propios hijos, sus nietos, la descendencia, la sangre de la propia sangre que seguirá con vida sobre esta Tierra.

Si debiera resumir qué he dicho hoy, diría que todos somos pacientes como Lichu, que todos somos donantes como el señor de Brasil. Todos necesitamos algo, todos podemos dar algo. Y andar donando cosas buenas en la vida es lo que hace un mundo mejor  para todos. Y es cierto que a veces hay desencuentros, pero así como las redes sociales pueden hallar a una persona para un propósito determinante y bello, así también la  comprensión, la tolerancia, la red de la buena voluntad puede lograr un encuentro para una vida mejor.

 

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