La nostalgia, esa dulce tristeza
Por Candi
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- Feb 2, 2016
A veces, una delicada tristeza se desliza sobre el alma. Pero, al mismo tiempo, ese sentimiento lleva consigo cierta dulzura. Desde la poesía, podría decirse que eso es nostalgia.
“Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque”.
Hay nostalgia, dulce y creativa, en estos versos de Juan Ramón Jiménez. Es que la nostalgia genuina siempre es motor de alguna creación.
Tal sentimiento, según las circunstancias y las personas, puede tener diversas intensidades, ser de disímiles magnitudes. Si la nostalgia es aguda, profunda, entonces ya deja de ser un sentimiento vinculado a lo creativo para transformarse en algo destructivo. Deja de ser nostalgia para ser melancolía, angustia.
Sucede en ocasiones que uno suele encontrarse en el camino de la vida con personas en las que se advierten ciertas partículas de nostalgia cautivante. Son personas que paradójicamente brillan por ese dejo de nostalgia que hay en ellas; son bellas no sólo por su propia belleza, sino por ese suave grado de tristeza. El sentimiento cuasi poético de la nostalgia no se sabe exactamente por qué se instala en el corazón, ni cuándo. Un creyente en la reencarnación, por ejemplo, diría que son tristezas de vidas pasadas reflejadas delicadamente en el hoy y que adornan el alma redimida.
También se podría sostener que son huellas de tristezas de esta misma vida, o que son reflejos de tristezas de otros. Sí, aunque cueste creerlo, hay personas que son nostálgicas por la empatía que tienen con las criaturas que sufren. Y eso mismo las hace cautivantes.
Es probable que la nostalgia, como le expresé a un espíritu que resplandece hace unas horas (aunque él mismo no lo crea o no sepa que carga con esa luz), sea esa “sutil tristeza por un deseo no satisfecho, o por la ausencia de aquello que se amó y que se ha perdido”.
El encantador y sabio diccionario de nuestra lengua define a la nostalgia como la “pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos; o la tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”. No sé, esa definición es demasiado acartonada para mí. Supongo que más allá de la lengua, la nostalgia tiene tantas definiciones como corazones sensibles hay sobre la faz de la Tierra (porque para ser nostálgico hay que ser sensible, hay que haber llorado al menos un poco).
Si me apuran en esta noche hecha de silencios y recuerdos, diría que la nostalgia es una mirada hecha de mar y de dulce misterio; un corazón sensible que late impulsado por lo bueno y hacia la bondad. La nostalgia, incluso, podría ser hasta una poesía que se me ocurre con este inicio:
Es la noche desierta y estrellada.
Un peregrino camina junto al Sena
apenas acompañado por la pena,
cargando en su loco corazón con nada.
O tal vez así:
Varias vidas de una colorida mariposa
pasarán sin saber de tu mar y tu destino.
Será entonces mi soledad el único sino,
hasta el retorno de tus aguas glamurosas.
La nostalgia es también, como escribí alguna vez, esa…
Paradoja misteriosa del dolor.
Al principio se le unió el final,
para juntos derrotar al mal
con el arma invisible del amor.

