De los destructores, imbéciles y malos
Por Candi
- Sin categoría
- Feb 21, 2016
Todo en el universo es una creación constante, esa es la naturaleza que rige las cosas y los seres. Creación incluso de maldad, de caos y de destrucción, porque contrariamente a lo que se supone, para destruir hay que crear. En este caso, creación no es sinónimo de construcción. Y para crear destrucción se necesitan agentes que podríamos dar en llamar, en el caso de los humanos, “idiotas y perversos” causantes de daño.
Hay varias especies: están los que pretenden que lo saben todo sobre la vida y los vivientes. Brutos y dañinos como ellos solos, se creen buceadores del alma humana y con derecho a juzgar según ellos suponen que son las cosas, o a opinar sobre lo que dicen conocer y respecto de lo que, en realidad, no saben nada.
Están también aquellos menos que mediocres y por supuesto mucho menos que animales (¡ojalá lo fueran y serían merecedores del amor en virtud del amor, sinceridad y lealtad que prodigan nuestros hermanos animales!) quienes deslizan sus pobres vidas en la mendacidad de la envidia, del resentimiento, del complejo de inferioridad, o bien del egoísmo.
Y a no olvidar a los que practican la soberbia, la avaricia, la mezquindad, la indiferencia, o la falta de escrúpulos. Todos, a su modo, provocan todo el daño posible al prójimo en razón de su miseria humana que los impulsa no a crecer, sino a tratar de que el otro se rebaje al fango donde ellos desarrollan sus pusilánimes y perdidas vidas. Son “creadores” de destrucción por naturaleza.
Víctima de esta calaña humana suele ser la gente buena, inocente, noble, con talento y voluntad para hacer bien las cosas, para aportar algo bueno a la sociedad. Es decir, aquellos que crean para construir.
Sagaces en alguna medida, lo que no los convierte en superadores de cierto nivel de inteligencia, estos destructores transcurren sus vidas en el caldo de las aberraciones, en el que hacen fermentar los gérmenes de la maldad que ejecutan de diversas formas. Uno ve a estos tipejos en todos los ambientes: en la política, en los gobiernos, en las organizaciones sociales, en las instituciones, en los lugares de trabajo, en cualquier parte. A veces se los confunde con la buena gente, porque en la maldad hay cierta astucia para mimetizarse; pero el disfraz les dura poco, porque el ser humano avispado sabe que finalmente por el fruto se conoce el árbol. Tarde o temprano los tipos muestran la hilacha; hacen salir a flote, sin quererlo, aquello que celosamente ocultan.
Eso que algunos confunden con la “suerte” (no existe tal cosa), los hace por un tiempo vivir en cierta “próspera situación” ¿Cómo puede ser?, se preguntan algunos quienes no se explican cómo quien carece de talento superior y bonhomía puede alcanzar cierta altura. Se explica por la astucia maliciosa de la que se hablaba antes. Sin embargo, para ellos la altitud que alcanzan suele ser fatal, porque irremediablemente más tarde o más temprano de ella caen por obra y gracia del Orden Superior que siempre pone las cosas en su lugar (aunque no se crea).
De diversos modos estos energúmenos, si no modifican sus pensamientos y acciones, se estampan contra el piso, no sin antes pasar cierto tiempo de agudas angustias. Como una parte importante y hegemónica del universo es justa y es buena, siempre se le da una oportunidad a toda criatura, entonces estos humanoides reciben “avisos”, “alertas”. Si deciden no escucharlos, el drama para ellos es irreversible, aunque muchas veces procuren disimularlo.
Con frecuencia, en razón de la corruptela humana, estos mequetrefes pueden burlar la justicia de los hombres, pero jamás pueden hacerlo con “aquella otra” de cumplimiento efectivo, que da a cada uno según sus “pensamientos, palabras y acciones” genuinas.
“¡No es cierto!”, dirá alguno y añadirá: “fulano es maligno y ríe y está lleno de riquezas y…”. Bueno, no todo lo que se expresa es lo que se siente, ni todo lo que se ve es lo real. Por lo demás, en el libro de la vida siempre hay que aguardar la última página del capítulo final. Aunque a veces ni siquiera hay que aguardar el último capítulo para saber el desenlace de la historia.

