‘Zorrito’ Von Quintiero, a 30 años del Unplugged MTV: “La jornada tuvo tensión, pero sonó fantástico”
En el marco del homenaje de Conclusión a Charly García con motivo del 30º aniversario del Unplugged de MTV, Fabián Von Quintiero, uno de los músicos que acompañó durante más tiempo a García, contó los detalles de esa producción. "Al principio Charly no quería hacer el acústico, pero cuando escuchó las cuerdas se convenció", contó.
- Charly Garcia
- Por Guido Brunet
- Ago 22, 2025
Cuando el Zorrito llegó a la casa de Charly con la idea de hacer un acústico, la respuesta fue tajante: “Eso ya lo hice”. Era lógico, García estaba en otra etapa artística, algo más experimental, mezcla de improvisación con partitura, lo que en algún momento llamó un “caos controlado”. Así nació La hija de la Lágrima (1994), el vivo Estaba en llamas cuando me acosté (1995) y el mítico Say No More (1996), que bautizó aquellos años de búsqueda entre excesos e inconformismo, luego llegarían El Aguante (1998), Demasiado Ego (1999) e Influencia (2002).
García había pasado por todos los estados, el hippismo folk de los 70, el progresismo de finales de esa década y principios de la siguiente, la new wave y el pop de los 80. Ahora era el turno de la distorsión, el ruido y el descontrol. Todo condensado en capas de sonido que sostenían hermosas melodías de voz, teclados, pianos, guitarras y sintetizadores.
En medio de todo eso que se estaba gestando, el Zorrito, gran ladero de García, apareció con esta idea descabellada: un acústico. De esa forma, el bajista le trasladaba la propuesta de Alejandro Pells, director de programación de MTV Latinoamérica. Eran los 90, la música se veía tanto como se escuchaba. Y la emisora imponía las bandas y solistas que lideraban la escena musical a nivel global.
En ese contexto, desde la señal estadounidense pretendían consolidar la marca en toda América. Ya habían pasado Los Fabulosos Cadillacs en pleno auge de su «Matador» y los mexicanos de Los Caifanes. Y ahora era el turno de otros dos grandes del continente: Charly García y El Tri, dos de los artistas-bandas más representativos en los mercados más grandes de habla hispana.
En el recordado ciclo brillaron otras leyendas como Eric Clapton, Bob Dylan y Nirvana. Luego, llegaría el turno de más figuras nacionales como Spinetta, Soda Stereo y Ratones Paranoicos.
– ¿Vos fuiste el que le llevó la idea del unplugged a Charly, no?
– Yo tenía relación con MTV, donde había hecho un programa, sobre todo con Alejandro Pells, el director de programación del canal. Lo llamamos porque teníamos ganas de ir a pasear a Miami un poco y de paso hacíamos una nota o presentábamos videos. Me comentó que iban a hacer un formato nuevo, un desenchufado. Me mandó videos y me dijo que se los muestre a Charly. Pero me miró y me dijo ‘¿esto querés que haga? Ya lo hice con Sui Generis’.
– ¿Cómo lo convenciste?
– Conectamos con un dúo de cuerdas, los hermanos Di Salvo, ahí se cerró el concepto, quedó todo okey. Eran músicos de la filarmónica del Colón, yo los cité a la sala, hicimos un ensayo y cuando Charly escuchó a la violinista, Erica Di Salvo, haciendo el solo de Yendo de la Cama al Living se copó, me miró y me dijo ‘sí, vamos’. Y al principio quedé en medio de la negociación. Él (Charly) quería cambiar la idea de MTV porque nos parecía raro tocar así, no estábamos acostumbrados. La pelea era entre enchufar instrumentos o no. Además, Charly pidió que lo grabe Joe Blaney.
– ¿Qué recordás de la jornada de grabación?
– Fue una jornada tensa. Es como un programa de televisión, no fue un show. Pedían que repitiéramos las tomas. No era un recital con continuidad. El unplugged era algo quieto, estructurado, él en cambio siempre intenta improvisar, crear un estímulo. No es nada estructurado. La jornada tuvo tensión, teníamos tensión de hacerlo bien, de no equivocarnos porque se estaba grabando. Yo estaba con nervios de cumplir. Finalmente sonó divino, fantástico, suave. Querían unplugged, tuvieron unplugged, con ciertos permisos, como los teclados. Pero el concepto está, se logró. Después se transformó en un disco que tuvo una repercusión inesperada.
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- ‘Zorrito’, Fernando Samalea y Charly en la previa del Unplugged
– ¿Te diste cuenta de la importancia de lo que estaban grabando en ese momento?
– Yo creí que iba a ser solamente un show de televisión. Después salió el disco y ahí nos dimos cuenta del peso que tenía. Fue un producto especial, distinto. Es como un disco en vivo, pero no ruidoso, como tocado en un living, porque nosotros ensayábamos en el living de su casa, con su piano de cola, y nos poníamos alrededor con equipos chiquitos. O sea, tuvimos que cambiar porque estábamos acostumbrados a tocar con volumen, potencia, rocanrol.
– ¿Qué significó para vos llegar a tocar con Charly?
– Para mí fue una bendición desde el punto de vista personal. Fue alcanzar un sueño, el de entrar al camarín de él. Ese permiso que pocos tienen. A mí se me dio. Empecé muy joven y fui aprendiendo de él, aprendí a cómo hacer el trabajo en sus shows. Yo estaba en los teclados y él me pedía qué hacer. Sus temas tienen mucho teclado, sintetizadores, pianos, órganos. Siempre fue una experiencia maravillosa, distinta a todo. Toqué con otras formaciones muy importantes y también aprendí mucho. Pero trabajar con Charly fue una bendición porque era mi sueño de chiquito. Y traté de aprovecharlo, de meterle el cuerpo, las ganas. Nunca perdí la emoción. Sé íntimamente la emoción que me provoca ser parte de esa historia. La música de él es elevada, sagrada.
– Y ahora tienen una celebración de su música Fernando Samalea y otros integrantes de su banda.
– Sí, eso a nosotros también nos pega, no es que lo hacemos de taquito. Tenemos oficio, pero también buscamos la emoción y comunión entre nosotros. Yo miró al costado y veo a Fernando Samalea, que es la persona que me ayudó a entrar a tocar con Charly. Sentir que la canción suena, que tiene cuerpo, profundidad, que la hacemos vibrar con gente nueva, humildemente con nuestra manera de tocar, nos emociona. No es un trabajo, es una religión. Es parte de la religión.
– La idea es que siga vigente el legado de Charly…
– En eso tenemos que estar todos, los que tocamos, los que escuchan, los que van a los shows, que cuidemos este tesoro cultural que es el rock argentino. El de Charly y el de otros, que no se pierda. Obviamente los tiempos cambian, cambian los estilos, las costumbres. Pero esto atravesó y sigue atravesando décadas.
– Por último, todos conocemos la parte más excéntrica de Charly, pero, ¿cómo es en la intimidad, la faceta menos conocida?
– Fue y es un gran jefe. Hubo distintas épocas. A fines de los 80 salíamos todas las noches. A las 19 estábamos juntos e íbamos a comer, zapar, bailar. Ahora nos vemos menos, aunque hace tres semanas fuimos a comer. Hay algo que siempre curtimos que era el humor, nos reíamos mucho. Hacíamos humoradas de la música o cosas que pasaban. El motor nuestro siempre fue el humor.
Joyas como canciones
“Los dinosaurios”, “Yendo de la cama al living”, “Rezo por vos” (con la emocionante dedicatoria “a Luis Alberto Spinetta”), “Pasajera en trance”, “Cerca de la revolución” y un conmovedor medley de Eiti Leda y Viernes 3 AM, entre otras joyas, pueblan un disco que muestra a un genio en su estado más puro y concentrado en lo que mejor sabe hacer, música.
En aquel concierto, el astro del rock argentino estuvo acompañado por María Gabriela Epumer, en guitarra; Fabián ‘Zorrito’ Von Quintiero, en teclados y bajo; Fernando Samalea, en batería; Erica Di Salvo, en violín; y Ulises Di Salvo, en cello.
La mezcla del disco fue realizada por Joe Blaney, el estadounidense responsable del innovador “Clics Modernos” y su presentación oficial en Buenos Aires se produjo sobre fines de ese año en el porteño Teatro Gran Rex.







