MIéRCOLES, 21 DE OCT.

Absorbido por los flashes

El Canalla se dejó contagiar por la fiesta previa del regreso de Fideo y se olvidó de lo más importante, el juego. Se tuvo que conformar con una igualdad justa dada la actuación de ambos. Faltó claridad futbolística e ideas para romper defensas cerradas. Mucha tarea para Ariel Holan.

 

Rosario Central tuvo todos los flashes en esta primera fecha del Torneo Clausura, y los mismos lo encandilaron. La vuelta al club de Ángel Di María captó toda la antención de un sábado especial, que quedará en el recuerdo. La alegría por la presencia del crack rosarino fue opacada por una actuación colectiva para nada convincente en este reencuentro ante su gente. No aprovechó la algarabía inicial para esbozar una producción que alimentara las ilusiones de cualquier comienzo.

Con un 4-2-3-1 clásico, esta vez con la inclusión de Tomás O’Connor buscando mayor juego, el Canalla salió con la obligación de aislarse del contexto previo, enfocándose en lo que ocurriera dentro del verde césped. A decir verdad, le costó mucho generar fútbol, a pesar de la variante táctica dispuesta por Ariel Holan. Una apuesta que no salió como se esperaba.

Central dispuso mayormente de la posesión, pero le costó encontrar los espacios ante un rival bien cerrado, con sus líneas juntas y con disciplina táctica. El primer tiempo se jugó más como quizo el Tomba que los de Arroyito, de ahí lo poco fluído que estuvo el circuito ofensivo auriazul. El tridente de ataque compuesto por Ignacio Malcorra, Jaminton Campaz y Ángel Di María casi ni pudo conectarse. O’Connor tampoco ayudó en la elaboración, por lo que la tarea para abastecer a Alejo Véliz estuvo en deuda en la etapa inicial.

«Fideo» jugó mucho de espaldas. Si bien ganó faltas y siempre se mostró como opción de descarga, le faltaron socios para construir fútbol. Nunca dispuso de esos metros justos para poder filtrar pases a Véliz. El campeón del mundo necesitaba un jugador que hablara su mismo idioma, más allá que se notó que debe seguir conociéndose con los compañeros: aún faltan mecanismos y movimientos que aceitar.

Godoy Cruz cortó con falta cada vez que pudo y logró obstaculizar las intenciones locales. Las llegadas canallas fueron forzadas, como el mano a mano de Campaz fruto de una presión que contó con una buena respuesta de Petroli para desviar el balón al córner. Pudo ser también de Quintana de cabeza, pero encontró la resistencia de un defensor tombino. Y el colombiano también tuvo otra sobre cerca del entretiempo, pero su zurdazo también fue contenido por el arquero de los mendocinos.

La visita también dispuso de un par de ocasiones, como un remate desde afuera de Altamira que contuvo Broun y, la más clara, con un cabezazo de Auzmendi que pegó en el travesaño. Central estuvo incómodo: no tan firme atrás como lo caracteriza, sin presencia en el medio y con un poder de fuego arriba apagado. Faltaba un volante que rompiera por dentro, un gambeteador que se animara a romper la parsimonia, desequilibrio interno para romper el bloque cuyano. Mucho para hablar y corregir en el descanso.

En el complemento, la historia siguió trabada. Central siguió con problemas en la gestación, dada la poca claridad de sus hombres de ataque. Faltaban ideas para romper el cerrojo tombino, que estaba muy cómodo con el empate y no tenía ningún apuro. Se imponía le presencia de un jugador con capacidad de manejar los ritmos y mover los hilos futbolísticos. Es la pieza que le está faltando al plantel: un armador de juego.

El Canalla empujaba pero no tenía armas para vulnerar a un ordenado pero limitado adversario, que aún así entendió su libreto en el partido y lo estaba ejecutando a la perfección. Todo empantanado, ni siquiera una pelota parada podía romper la paridad, ya que un cabezazo de Veliz se estrelló en el travesaño y en el rebote se lo perdieron de manera increíble entre Quintana y Mallo, dentro del área chica.

Sin embargo, en un centro el árbitro Dóvalo interpretó que había falta sobre Véliz y decretó penal. La pena máxima le quedó a «Fideo», quien desde los doce pasos venció a Petroli con un zurdazo cruzado suave al palo izquierdo del uno. Un grito de desahogo que hizo retumbar Arroyito, el hijo pródigo volviendo a festejar en su casa, ante su gente, en su retorno al fútbol argentino.

A pesar del gol, Central seguía dando la sensación de estar en una tarde/noche intranquila. No creció en confianza ni se agrandó tras la conquista, se mantuvo bajo de energías y dio una imagen de inseguridad como pocas veces se le conoció en el año. Godoy Cruz captó la señal, entendió que podía llevarse algo y fue en busca de ello, consciente de que el rendimiento canalla estaba lejos de su mejor versión.

Así, insistiendo hasta el final, el Tomba se encontró con un empate merecido, dado el desarrollo. En la última del encuentro, tras un buen centro de Barrea, Poggi le ganó el duelo individual a Mallo, de floja actuación, y sentenció a Broun de zurda, para poner equilibrio en el trámite y el marcador. Una paridad que castigó a los de Holan, pero que fue justa porque nunca hicieron los méritos necesarios para llevarse los tres puntos.

Como se dijo antes, el entrenador auriazul tendrá mucho para trabajar en la semana. Central involucionó en su juego, mostró una imagen deslucida, muy diferente a la del torneo anterior. Deberá encontrar las ideas e intérpretes que le proporcionen un mayor volumen futbolístico, sin depender exclusivamente de la jerarquía de Di María. Opciones como Santiago Segovia, Giovanni Cantinzano o Maxi Lovera deberán empezar a ser considerados dado el papel de algunos generadores como Malcorra o Campaz.

 

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