El Miguel de la gente: el costado humano de Russo, un diferencial de su vida
Al margen de su intachable carrera deportiva, llena de éxitos, el exentrenador e ídolo canalla marcó a fuego a varias personas con gestos que resaltaron su calidad como persona. El paso de los años no le quitó amor, por el contrario, profundizó las muestras de cariño.
- Deportes
- Por Paulo Viglierchio
- Oct 12, 2025
El fallecimiento de Miguel Ángel Russo, a los 69 años, tras una larga pelea contra una enfermedad cruel, conmocionó y seguirá haciéndolo e al mundo del fútbol. Un personaje querido y respetado por todo el ambiente, que entendía a la perfección el juego y todo el entorno que lo rodeaba, conocedor de cómo sobrellevar cada momento, con la palabra justa, sin estridencias ni grandilocuencias, diciendo lo justo y necesario según la ocasión, con la templanza precisa para capear contextos difíciles.
Con esa sabiduría e impronta que siempre lo caracterizó, ‘Miguelo’ construyó un más que envidiable currículum deportivo, con éxitos inolvidables y habiendo dirigido a clubes de renombre nacional e internacional. Al margen de ellos, los flashes nunca lo confundieron, se mantuvo con perfil bajo, aferrado a sus principios, y además de dejar frases para el recuerdo que resumieron cada etapa, también tuvo gestos que resaltaron su valor humano y lo elevaron a la categoría de prócer.
Tipo simple, sencillo, campechano, Russo ha tenido a lo largo de su vida determinadas muestras de cariño genuino para con los suyos pero, más que nada también, con los amigos y la gente, estando allí donde hiciera falta, sin que nadie se lo hubiera pedido ni le correspondiera. El buen corazón podía más, demostrando un amor profundo a través de pequeños grandes actos que marcaron el placer que sentía al ayudar, compartir experiencias, mostrar lo que era verdaderamente como persona más allá del rol de jugador primero, y entrenador después.
Estando o no en Rosario, dirigiendo o no a su amado Rosario Central, Miguel se las arreglaba siempre que podía para ver a sus seres queridos y hermanos del alma. Eran frecuentes los encuentros en el mítico bar El Cairo con el catalán Joan Manuel Serrat para disfrutar de un café, las visitas a Centralito de Pizzas para verse con Carlos Comi y conocidos o una gran comida junto al río en la parrilla Escauriza. Contacto cercano y charlas eternas, de esas que revitalizan el espíritu.
En su último paso por el Canalla, Russo tuvo un par de intervenciones notables. Una de ellas, en el predio de entrenamiento auriazul en Arroyo Seco, dialogando con personas con discapacidad que iban a comenzar un programa de radio. «A mí me toca lucharla en privado. Mi cabeza dispara atrás de una pelota», reforzó, no pudiendo contener la emoción.
Miguel Ángel Russo dialogando con personas con discapacidad que iban a comenzar un programa de radio. «A mí me toca lucharla en privado. Mi cabeza dispara atrás de una pelota» ❤️⚽️. QEPD.pic.twitter.com/MUwYwWRhLn
— VSports Team (@VSportsTM) October 8, 2025
En otra oportunidad, a días de ser campeón con Central en 2023, Miguel se acercó hasta el Hospital de Niños Víctor J. Vilela para regalar juguetes y alegrar la jornada de los chicos internados en el pabellón de oncología. La iniciativa surgió del propio entrenador, en un muestra desinteresada de amor digna de admiración.

Durante su segundo ciclo en San Lorenzo, Russo ejemplificó nuevamente el trato de cercanía extra futbolístico que tenía con sus jugadores y cuerpo técnico, ocupándose de cada detalle, que todos estuvieran bien, viendo en que podía colaborar, formando una auténtica familia. En ese sentido, el hermano de Matías Reali comentó que, cuando el técnico se enteró de que el padre de ellos estaba complicado de salud, no solo se interesó por conocerlo personalmente, sino que se encargó que su médico de cabecera se involucrara.

Ejemplos como estos grafican a la perfección la inmensidad de lo que era Miguel, un verdadero padre, capaz de absorber toda la presión en los equipos que dirigió para que sus dirigidos estuvieran cómodos, pero con gestos fuera de la cancha que lo terminan de definir en cuanto a grandeza, con unos valores y convicciones dignas de imitar.
Una persona que pudo afrontar hasta los últimos días de su vida como quiso, haciendo lo que más le gustaba, disfrutando de la familia y los seres queridos, con una pelota en la cabeza y el corazón, pero con la sensibilidad especial para estar donde sentía que debía estar, acompañando en esos partidos fundamentales, los verdaderamente importantes, los que se juegan fuera del campo.
Impactada por tantas muestras de compasión y humanidad, la gente buscó devolver en su despedida un poco de lo que Miguel ofreció en este viaje personal, atento a lo que ocurriera dentro y fuera del verde césped, con un calor fraternal único para esos momentos de felicidad gratuita que supo brindar a conocidos y extraños, pequeños gestos que hacen todo, llevando a la práctica su frase predilecta que quedará en el recuerdo: «Todo se cura con amor». Un luchador, un guerrero de la vida, al que se lo va a extrañar mucho.

