En deuda
El Canalla jugó mal, mereció perder y solo una jugada individual aislada lo rescató de que parecía una derrota segura. Por momentos padeció el partido en el Sur bonaerense, pero las manos de su arquero lo salvaron varias veces. Jeremías Ledesma e Ignacio Ovando, lo único rescatable en el conjunto auriazul.
- Deportes
- Oct 5, 2026
Rosario Central volvió a quedar en deuda con el funcionamiento en otra función del Torneo Clausura. Tras la consagración en la Supercopa Internacional, el conjunto de Jorge Almirón no estuvo a la altura de las circunstancias en el estadio Florencio Sola y una guapeada de Giovanni Cantizano lo privó de irse con las manos vacías ante un Banfield voluntarioso, humilde, con recursos escasos pero un corazón enorme, que hizo todos los méritos para quedarse con el premio mayor.
Fue un retroceso en todo sentido lo del Canalla en el Sur bonaerense. Por momentos padeció a un Taladro que tiene como único objetivo pelear la permanencia en Primera, quien sin embargo, con pibes de sus inferiores, logró incomodar al equipo auriazul varias veces, y solo las manos salvadoras de Jeremías Ledesma salvaron al club de Arroyito de besar la lona. La diferencia de jerarquía evidente entre planteles quedó reducida a la mínima expresión, todo por el esfuerzo del local.
Central hizo agua en todo el encuentro. No funcionaron ninguna de las sociedades en ofensiva, atrás dio muchas ventajas, sobre todo a la hora del retroceso, y el medio fue una zona de libre circulación para los dirigidos por Pedro Troglio. El único jugador de campo que dijo presente en la noche fue Ignacio Ovando, siempre concentrado, firme en la marca y con buen pie para la salida desde el fondo, impasable. Lamentablemente, sus compañeros estuvieron en otra sintonía, como con la cabeza todavía en los festejos de la semana pasada.
Banfield generó situaciones de gol claras en cantidad y calidad, y de tanto insistir abrió el marcador con un derechazo envenenado desde afuera de Tomás Adoryan que pegó en el palo primero y después se incrustó en la red. Un golazo que recompensó a un Taladro que en la etapa inicial fue muy superior, ante un Canalla que solo miraba pasivamente como su rival tocaba la pelota con tranquilidad. Llamó la atención la cantidad de pases errados, el desorden táctico y la poca solidez que mostró la visita.
En el complemento, obligado por las circunstancias, Central se paró más adelante y tuvo que salir a buscar la igualdad. Sin embargo, dejó espacios atrás que no pudieron ser aprovechados por los de Troglio debido a la falta de eficacia y un Ledesma que mantuvo al equipo auriazul con vida. Almirón permanecía impoluto en el banco de suplentes, sin cambiar nada pese a las falencias expuestas por sus dirigidos. El trámite le pedía al menos dos o tres cambios que modificaran la anemia colectiva.
El Canalla careció de ideas, pero cuando parecía que se encaminaba a una derrota segura, apareció Cantizano, de floja actuación como el resto, con un remate cruzado en la media luna del área para al menos rescatar una igualdad, algo impensado en ese momento como venía desarrollándose la historia. Recién sobre el final el entrenador metió mano, pero como suele ocurrir, sus variantes no cambiaron la ecuación ni mejoraron lo que se falló.
Central apenas pudo sacar un empate en un compromiso que, a priori, se presuponía ganable. Hizo todo para perder pero una individualidad lo sacó del pozo. Más allá de dejar puntos en el camino que lo alejan de su objetivo de volver a ganar la Tabla Anual, lo que preocupa es la imagen futbolística y anímica que dejó ante un rival en los papeles inferior. El funcionamiento sigue sin aparecer, no hay juego, y así es muy difícil alcanzar desafíos grandes. Cuando parecía que había una levantada con los últimos resultados, nuevamente el rendimiento de hoy deja muchas dudas sobre la posibilidad de llegar lejos en el Clausura.

