Gustavo Helguera, un campeón rosarino nadando contra la corriente
En el marco del Día de la Bandera, el deportista se lanzó al Paraná para unir, simbólicamente, La Florida con el Monumento. Descubrí su apasionante historia de vida en entrevista exclusiva de Conclusión.
- Ciudad
- Jun 18, 2016
Por Fabrizio Turturici
“Tengo 42 años y soy un nadador amateur que además tiene tres títulos académicos: despachante de aduana, economista y con un máster en Negocios”, comienza Gustavo Helguera, consagrado deportista rosarino que deslumbró al mundo con la constancia como bandera. Es que Helguera compite contra atletas olímpicos de 20 años y “cuerpos enormes que, cuando me presento, piensan que soy el padre o el entrenador de alguno”, relata con gracia.
Este sábado, Gustavo se lanzó al río Paraná a la altura del balneario La Florida a las 2 y llegó, cerca de las 3, al Monumento, en el marco del Día de la Bandera. Un grupo de kayaks y lanchas lo acompañaron, blandiendo la insignia patria.
Según el nadador, “lo hice para honrar la bandera y darles un humilde y simbólico homenaje a los veteranos de Malvinas. Es casi una deuda personal que tengo con ellos, aunque creo que toda la sociedad le debe mucho a los héroes que dieron la vida por nuestro país”.
Helguera empezó a nadar de casualidad, luego de una grave lesión que sufrió cuando jugaba a la pelota: “Yo jugaba al fútbol de campo en las inferiores de Newell’s, hasta los 16 años, cuando se me rompieron los ligamentos cruzados. Al recuperarme, empecé futsal también en ese club, y competía en el torneo de AFA. Incluso tuve la posibilidad de compartir espacio con grandísimos jugadores como Martino, Batistuta, Sensini, Theiler, Gamboa y otros. Pero me volví a lesionar de lo mismo y el médico me dijo que tenía que abandonar el fútbol. Así es como entré en la natación”, cuenta.
— ¿Pensás que de alguna manera la vida te hizo un favor al hacerte abandonar el fútbol para ser un campeón de la natación?
— Uno se da cuenta de la importancia de estar sano cuando tiene un problema, antes no lo valora. Cuando me recuperé y empecé natación, lo hice contento, porque necesitaba actividad deportiva, poder moverme. Es que al operarme, me había quedado un coágulo y el riesgo de que con un golpe se me vaya al corazón, era complejo. Las piernas las tenía débiles: en la primera operación me sacaron el tendón de la rótula y en la segunda, el isquiotibial de atrás. Así que, luego del tratamiento, fui al club Universitario, me dieron una tablita y empecé a patear. Nunca lo había hecho y no tenía pensando jamás llegar hasta donde llegué. Un amigo me presentó en un boliche a Luis, quien es mi entrenador hasta el día de hoy. Con él, empecé a entrenar cada vez más fuerte y veía que yo respondía bien, que ganaba casi todo lo que competía. Gané muchas pruebas, tanto en pileta como en aguas abiertas; locales como nacionales e internacionales.
— Evidentemente, triunfaste en todo lo que hiciste: pintabas como futbolista, te consagraste como nadador y además, contás con tres títulos académicos en tu haber. ¿Cuál es la clave de tu éxito?
— No me considero un tipo exitoso. Pero todos mis logros se pueden unir en un punto: la constancia. Hace quince años que me levanto todos los días a las 5 de la mañana. Siempre entrené y estudié mucho; no soy un iluminado sino un esforzado. En segunda instancia, también es fundamental tener delineada una meta y saber a dónde queremos llegar. Por último, hay que ser consecuente con eso, tener una rutina armada y superarse todos los días. No hay que competir contra el otro para querer superarlo, hay que competir contra uno mismo.
— En tu carrera de nadador, casi no sufriste derrotas. Entonces, ¿cómo se aprende solamente de la victoria?
— Cuando pierdo, me doy un solo día de descanso; al otro, me levanto y le meto con toda. Aunque para ser honesto, en mi carrera como nadador no sufrí muchos traspiés. Así que, respondiendo tu pregunta… Lo que aprendí es a no creérmela, porque la victoria es un momento muy chiquito y fugaz. Siempre hay que mirar adelante y superarse, no sólo como deportista sino como persona. Yo no soy un consagrado ni mucho menos, pero no hay que subirse arriba del pedestal, porque esa gente después se derrumba.
— Hasta acá, remarcás mucho el esfuerzo y el trabajo, pero nunca mencionaste el talento… ¿No es necesario ser talentoso para alcanzar el éxito?
— No creo en el talento como herramienta de éxito. En mi humilde opinión, vale más la humildad, la honestidad, el trabajo y la perseverancia. La gente no nace con el talento de Messi, sino que la mayoría tenemos que trabajar nuestras capacidades con constancia para superarnos. Si yo te digo que sos un talentoso, probablemente no sea una buena noticia, ya que muchos se obnubilan con el talento, o se relajan, y dejan pasar la oportunidad.
— Vos sos un campeón pero no llevas una vida como tal. ¿Qué se siente ser un triunfador amateur?
— El deporte amateur no está en la agenda de la sociedad. El fútbol se lleva el 99% y mucho más en esta ciudad, que se divide en dos colores. Hay excelentes deportistas que tienen lugares muy marginales. El amateurismo tiene otros valores que el profesionalismo. A mí me prestan más atención en las embajadas argentinas de otros países que en mi ciudad. El amateurismo te enseña, al igual que en la universidad pública, que tenés que pelear mucho por tus sueños.
— ¿Sentís que te hiciste nadando contra la corriente, sin importarle a nadie?
— Tal cual. El sistema (tanto en la universidad pública como en el deporte individual amateur) te desalienta a que sigas. Pero tu único rival sos vos: vos contra tu predisposición, vos contra tu conocimiento, vos contra tu voluntad. Hay que aprender a conocerse permanentemente, porque abandonar es muy fácil. En un segundo, podés decir “hasta acá llegué” y se terminó; pero continuar cuesta mucho.
— ¿Qué diferencia de valores existe entre el profesionalismo y amateurismo?
— Cuando hay mucho interés económico, los valores se desvirtúan. Eso en el amateurismo no pasa. Al contrario, valen mucho el apoyo, la difusión, la pasión, el amor…
— ¿Cuál es tu logro más importante?
— Fui el primer nadador no profesional en la historia de la Federación Internacional de Natación (FINA) en correr un circuito de aguas abiertas. En el certamen de Viedma, me hacían más notas a mí que al número uno del mundo. No podían creer que un tipo de cuarenta años haya competido en la prueba, siendo que sus rivales tienen veinte años, son profesionales olímpicos y tienen un físico enorme. Tenían un equipo de coaching y yo estaba solo con mi entrenador. Recuerdo que para cada entrenamiento tenían un kit de gorra y antiparras descartables, que después yo iba a revolver los cubos de basura para agarrarlas.
— Para terminar, contame de la experiencia que significó dar la Vuelta a la Isla de Manhattan…
— Es la prueba más importante y difícil del mundo, ya que son 65 kilómetros en ocho horas aproximadamente. Encima, en ese entonces (2013) se había producido un tornado en Miami que trajo mucho frío a Nueva York. El agua estaba muy fría, estar nadando en esas condiciones era inhumano. Nos tiramos 39 nadadores de los cuales 6 fueron hospitalizados por motivos de hipotermia o contaminación. Yo me tiré último y llegué a estar tercero a las dos horas. Tercero y regulando, me sentía muy fuerte y sabía que podía ganar. Pero me estaba por agarrar hipotermia, así que me subí a una embarcación, que me estabilizó, y volví a tirarme después de varios minutos. Me habían pasado todos, pero después logré ponerme segundo. La venía paseando, pero el frío era muy intenso y la prefectura decidió frenar la prueba, ya que se había levantado un viento fuerte que había dado vuelta varias embarcaciones.

Helguera con su entrenador y amigo, Luis

