MARTES, 20 DE OCT.

Los bares de la ciudad palpitaron la final de la Copa América

La selección Argentina jugó otra final en menos de un año y los cafés de la ciudad volvieron a mostrar el colorido característico.

El centro de Rosario estaba desierto, la algarabía estaba dentro de los bares de la zona, con parroquianos conocidos y otros no tanto. Lo único que importaba, era tener un lugar cómodo cerca del televisor o la pantalla gigante, para vivir el partido final de la Copa América.

En la tradicional esquina de Santa Fe y Sarmiento, no había una silla para ocupar, grupos de amigos vestidos con algo celeste y blanco. Hasta el mismo Ricardo Darín, ocasional visitante de la ciudad, no podía disimular su ansiedad, mientras transcurría el juego.

También, en un bar cercano a la plaza Pinasco, los hinchas argentinos sufrían en cada ataque chileno y se extremecían cuando el equipo de Tata Martino se acercaba al área del país trasandino.

La combinación de sensaciones: nerviosismo, ansiedad, angustia y emoción, se hacían notar en los rostros de los parroquianos que no desviaban la mirada de la pantalla.

En el último minuto del partido, el Pipa Higuaín erró un gol imposible debajo del arco y todo el mundo se tomaba la cabeza sin entender como no había sido gol. El alargue se terminaba y por penales se definía la Copa América 2015.

Las ejecuciones malogradas por el elenco argentino, despertaban el lamento generalizado y cada tanto de la Roja, tenía un insulto incluído. La mueca de tristeza de todos los presentes, cuando llegó el desenlace de la serie de penales, se hizo indisimulable.

El clima del final era silencioso, por otra Copa que no pudo conseguirse, rápidamente los bares quedaron vacíos, y la ilusión por quedarse con la gloria, volvió a quedar trunca.

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