Se le escapó
El Canalla hizo el gasto en el partido y acumuló todos los méritos para ganarlo, pero dejó vivo a su rival y lo pagó caro en el final. Tenía la mesa servida para otra fiesta pero desaprovechó la oprtunidad. Jorge Almirón y una lectura táctica errónea que lo castigó.
- Deportes
- Por Paulo Viglierchio
- Sep 6, 2026
Rosario Central no pudo darle un festejo a su gente en el duelo que más quiere ganar. El Gigante estuvo a nada de volver a sonreír en el encuentro de la ciudad, pero una única desatención en el fondo lo hizo resignarse con una igualdad que lo aleja de sus objetivos. El fútbol tiene estas cosas, premia la efectividad de cara al arco, no los merecimientos. Ese el principal talón de aquiles en Arroyito este 2026: la eficacia.
El Canalla salió a jugar el partido como se deben disputar estos encuentros. Dientes apretados, convicción, intensidad y carácter. Pese a que el trámite en la primera mitad tuvo pocas llegadas a los arcos, el conjunto auriazul fue superior desde esa determinación de imponer condiciones desde el comienzo con empuje. El desarrollo en general fue parejo, aunque el local siempre dio la sensación de ser más.
Central arrinconó a Newell’s con pura garra y empuje. Ganó las divididas, se mostró firme en cada duelo individual y trató de elaborar juego a partir de lo que pudiera hacer Ángel Di Maria, como tantas otras veces en este ciclo de Jorge Almirón. ‘Fideo’ estuvo bastante solo en la tarea de la gestación, le faltaron socios. Eso se debió a que Jaminton Campaz dio ventajas desde lo físico y no pudo desequilibrar ante un Martín Ortega que le ofreció concesiones, pero el colombiano poco provecho pudo sacar de eso.
Además, Alan Rodríguez tampoco se ofreció como una opción en ofensiva, cerrado para la marca pero sin vuelo arriba. Si se destacó la labor de Enzo Copetti en la primera línea de presión, molestando varias veces a Lautaro Gianetti y forzando imprecisiones de Lucas Carrizo. Sumado a esto, en algo que deja de ser novedad, lo de Franco Ibarra también destacó, incluso jugando condicionado por una amarilla tempranera.
En defensa, el Canalla casi no sufrió, salvo por un intento de Walter Mazzanti desde afuera que contuvo Jeremías Ledesma sin problemas. Hubo concentración y viveza para que Matías Cóccaro estuviera incómodo. Con un dominio absoluto de las circunstancias, al equipo auriazul le faltaba claridad en los metros finales para romper la paridad, algo que merecía por intenciones. Antes del descanso, Gastón Ávila capturó un rebote en el área tras un córner y le rompió el arco a Josue Reinatti de zurda para hacer delirar al Gigante. Un gol muy gritado por todos y necesario para reforzar conceptos en el vestuario.
En el complemento, Central siguió manejando las condiciones del partido. Newell’s no modificaba su plan de juego, y el elenco de Almirón estaba cómodo en el campo. Sin embargo, debía sentenciar la historia para quedarse más tranquilo. Creció la influencia de Di Maria, que empezó a conducir los hilos y meterse en todos los detalles, incluso jugando al ritmo del hincha.
Más allá de esa superioridad evidente del Canalla, el encuentro entró en un terreno raro. El resultado era corto pese a las diferencias en cancha y cualquier mínima desconcentración podía resultar fatal. Más allá de eso, la línea de fondo auriazul mantuvo la solidez, sobre todo a partir del aplomo de Ignacio Ovando, un pibe de 19 años que juega como si tuviera diez años en Primera.
En búsqueda de obtener más profundidad para poder bajarle la persiana al encuentro, ingresaron Giovanni Cantizano y el goleador histórico Marco Ruben. Además, Federico Navarro entró con la misión de darle más seguridad a la mitad. Todo estaba a pedir de Central, pero el peligro de una pelota parada o alguna jugada fortuita para La Lepra que cambiara el desenlace estaba al acecho.
De hecho, cuando nada lo hacía suponer, Newell’s encontró la igualdad en la última jugada a través de Cóccaro, su principal arma ofensiva. El fútbol castigó la lectura errónea de Almirón al poner a Sebastián Zaracho para defender, acumular cinco defensores atrás innecesariamente cuando el rival quemó todas las naves con tres referencias de ataque, en vez de buscar cerrar el partido con la posesión, lejos de Ledesma.
A Central se le escapó el clásico en el final, y el empate tiene sabor a derrota. Hizo todos los méritos para ganarlo, tenía la mesa servida para otra fiesta en casa, pero dejó vivo al Rojinegro y el conjunto del Parque Independencia se lo hizo pagar en el epílogo, en su única situación clara de gol. El Canalla lamentará esta igualdad: sigue perdiendo puntos fundamentales pensando en la Tabla Anual y empieza a transformase en un equipo sin poder de fuego arriba, pagando caro la no contratación de un centro delantero de calidad.

