Por Santiago Fraga
Fotos: Sebastián Granata

Siempre, siempre, se puede estar peor. Con un equipo tirado en la cancha, sin ideas y sin ganas, Newell’s exhibió una imagen lamentable ante sus hinchas y perdió 2 a 0 contra un Instituto que poco esfuerzo tuvo que hacer para aprovechar el descalabro generalizado.

Para este encuentro, Adrián Coria decidió no meter mucha mano en el esquema y repitió la misma formación que en el último partido de Mauricio Larriera.

Sin embargo, y pese a que en las victorias de local la ‘Lepra’ no había mostrado una buena cara, el partido de esta noche demostró firmemente que todavía hay margen para involucionar aun más, y que el cambio para el próximo semestre tiene que ser contundente y profundo.

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Partiendo de la base de una zaga central totalmente pobre, con Ian Glavinovich depreciándose partido a partido y Tomás Jacob sin estar a la altura, los problemas para Newell’s estuvieron presentes en todas las líneas.

La falta de ideas habitual esta vez estuvo gravemente empeorada, ya que a la irresolución con pelota se le sumó un generalizado mal posicionamiento, principalmente visible en la superposición entre jugadores y la continua ausencia de opciones de pases. El resultado: que los laterales se arreglen para tirarla al área y a ver qué pasa.

Esa estrategia de no tener estrategia y recurrir a los constantes pelotazos regala-posesiones son el mejor regalo que le podés hacer a un equipo de jugadores jóvenes y rápidos que apuesta al contraataque. Instituto rápidamente supo aprovecharlo y con poco esfuerzo sometió a la ‘Lepra’ bajo ese juego, logrando abrir el marcador con un golazo de Gastón Lódico y luego incluso dilapidando varias chances para ampliarlo. Cuando apenas iban 25 minutos de partido, los jugadores de Newell’s parecían tan cansados y desganados como si hubiesen jugado uno entero.

 

Sin ninguna respuesta desde el banco de suplentes, para la segunda parte Coria apostó por un golpe de efecto y cambió el 4-3-3 por un 5-3-2, agregando a Leonel Vangioni a una línea de 3 y resignando a los extremos para también poner a Guillermo May de segundo punta y a Franco Díaz (continuamente silbado) por Jerónimo Cacciabue.

Sin embargo, dicha formación ya tenía desde el vamos una fecha de caducidad temprana, ya que con ese dibujo se iba a fundir rápidamente a los laterales, que eran los únicos que medianamente sostenían algo del equipo. Dicho y hecho, Ángelo Martino terminó teniendo que ser reemplazado a falta de media hora para el final y Armando Méndez (el único aplaudido) comenzó a estar mucho más impreciso por llegar exhausto a la finalización de las jugadas.

De esta manera, si bien Newell’s tuvo algunos avances en el inicio del complemento, rápidamente consolidó su autoboicot y volvió a caer en la intrascendencia y la desgracia táctica. El segundo gol de Instituto es el fiel reflejo de lo que fue el rojinegro este partido: un equipo que se caía a pedazos solo.

 

Con Éver Banega de nuevo sin poder sostener una estructura destartalada y con Juan Ignacio Ramírez sin peso ofensivo, Newell’s no estuvo en partido en ningún momento y la imagen final terminó siendo lamentable para todo el público que hizo su esfuerzo para ir a la cancha en un día de semana.

Sin lugar a dudas, además de los tres puntos, varios de los nombres protagonistas del espanto de esta noche perdieron su última oportunidad de sostener su lugar el torneo que viene.

Por un lado, si ganaba esta noche, Coria tenía grandes chances de ser el director técnico hasta fin de año. Por el otro, jugadores como Cacciabue o Jacob quemaron cualquier posibilidad de ser titulares el semestre que viene, mientras que otros como González o Glavinovich también colmaron la paciencia. Incluso el presidente, Ignacio Astore, también fue insultado por gran parte del estadio en distintos tramos del encuentro.

 

Si quiere tener ilusiones de tener un semestre decente (ni siquiera bueno), además de un DT, Newell’s debe obligatoriamente sumar al menos ocho jugadores, de los cuales cinco tienen que ser titulares. Este mercado de pases es extremadamente importante.

Párrafo aparte, la destitución de Larriera solo será beneficiosa si viene acompañada de un cambio integral en el aspecto deportivo de la institución, con una renovación completa de formadores y captadores de inferiores. Sino, por más técnico y jugadores que lleguen, Newell’s seguirá extendiendo el problema de fondo y volviendo a caer en crisis cada uno o dos años, en un loop destructivo como cuando alguien quiere pagar una deuda con otra.

Si las cosas no se corrigen de raíz, no hay proyecto ni futuro posible.